Suspender un tratamiento con antibióticos porque los síntomas desaparecieron puede parecer una decisión inofensiva.
Sin embargo, cuando estos medicamentos son indicados por un profesional de salud, es importante seguir el esquema establecido y no modificarlo por cuenta propia.
Sentirse mejor no significa necesariamente que la infección haya desaparecido por completo. De acuerdo con la Dra. Yessica Pérez González, infectóloga experta en antibióticos e infecciones oportunistas, interrumpir el tratamiento puede dejar bacterias remanentes y favorecer una recaída.
La dosis, la frecuencia y la duración del tratamiento dependen del medicamento y de la infección que se busca tratar. Por eso, tanto suspender las dosis como modificar los horarios puede afectar el tratamiento.
¿Qué ocurre cuando se suspende el antibiótico?
Cuando una persona deja de tomar el medicamento antes de lo indicado, algunas bacterias pueden permanecer en el organismo. Esto puede hacer que la infección reaparezca y requiera una nueva valoración médica.
Los horarios tampoco son un detalle menor. Algunos antibióticos permanecen activos durante determinado tiempo en el organismo, por lo que las dosis se establecen en intervalos específicos para mantener el efecto del medicamento.
Por ejemplo, si un antibiótico fue indicado cada ocho o 12 horas, tomar las dosis juntas o retrasarlas puede generar períodos en los que el medicamento no ejerza el efecto esperado. Por eso, respetar los horarios también forma parte del tratamiento.
La recomendación es seguir exactamente las indicaciones entregadas por el profesional de salud y consultar antes de suspender el medicamento si aparecen molestias como náuseas, diarrea o dolor abdominal.
Los antibióticos pueden producir efectos secundarios y, cuando estos aparecen, lo adecuado es recibir orientación profesional en lugar de modificar el tratamiento por cuenta propia.
No todas las infecciones necesitan antibióticos
Los antibióticos están diseñados para combatir infecciones causadas por bacterias. Por eso, no son útiles contra enfermedades provocadas por virus, como el resfriado común o la gripe.
Según la información proporcionada por la especialista, incluso algunas infecciones frecuentes de garganta o estómago no requieren estos medicamentos. Determinar si existe una infección bacteriana corresponde al profesional de salud, quien puede valorar los síntomas, la evolución del cuadro y, cuando sea necesario, solicitar estudios.
Tomar un antibiótico cuando no hace falta tampoco es una práctica adecuada. Puede ocasionar efectos secundarios y contribuir al problema de la resistencia a los antimicrobianos, que ocurre cuando los microorganismos dejan de responder a los medicamentos diseñados para combatirlos.
La Organización Mundial de la Salud considera este fenómeno una amenaza importante para la salud pública mundial.
¿Qué hacer con los antibióticos que sobran?
Guardar algunas tabletas para utilizarlas durante una enfermedad posterior tampoco es recomendable. Aunque los síntomas parezcan similares, una nueva infección puede tener una causa diferente y no necesariamente requerir el mismo medicamento.
También existe el riesgo de que el antibiótico guardado no sea adecuado para la bacteria que está causando la nueva infección. Si se toma por cuenta propia, además, el esquema puede quedar incompleto.
Por eso, los organismos de salud recomiendan no guardar, compartir ni utilizar antibióticos sobrantes para futuras enfermedades. Si quedan medicamentos después de completar el tratamiento indicado, se debe consultar cómo desecharlos de manera segura.
El uso responsable comienza antes de tomar la primera dosis: el antibiótico debe ser indicado cuando realmente sea necesario y, una vez formulado, debe utilizarse de acuerdo con las instrucciones del profesional de salud. Así se reducen los riesgos para el paciente y se contribuye a preservar la efectividad de estos medicamentos.
En base a El Tiempo/GDA