Aunque el café suele ocupar el lugar principal en el desayuno, muchas personas eligen el té verde por su sabor más ligero y sus propiedades. Sin embargo, su consumo no es adecuado para todos, ya que puede implicar riesgos en determinados casos.
El té verde proviene de la planta Camellia sinensis, de la que también se obtienen otras variedades como el té negro y el oolong. La diferencia principal radica en su proceso de elaboración: en el caso del té verde, las hojas se procesan de forma mínima para evitar la oxidación, lo que permite conservar su color y su alto contenido de antioxidantes.
Según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, esta infusión tiene origen en la antigua China, donde se utiliza desde hace más de 4.000 años con fines medicinales.
Con el tiempo, su consumo se extendió a Japón a través de monjes budistas, quienes lo incorporaron a sus prácticas espirituales. Recién en el siglo XVII llegó a Occidente, introducido en Europa por comerciantes portugueses y holandeses, y desde entonces fue ganando popularidad.
Existen distintas variedades de té verde, cuyo sabor y características dependen de factores como el clima, la región y el método de cultivo.
En cuanto a sus beneficios, un artículo de la revista médica Tua Saúde señala que contiene compuestos bioactivos como cafeína, catequinas y polifenoles. Estas sustancias podrían contribuir a la pérdida de peso y a la reducción de la grasa abdominal, al favorecer el metabolismo y el gasto energético.
También se le atribuyen efectos positivos sobre la digestión, ya que ayuda a regular el tránsito intestinal y puede actuar como auxiliar frente a la retención de líquidos. Además, sus antioxidantes contribuyen a disminuir el colesterol LDL, lo que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares como trombosis, infartos y accidentes cerebrovasculares.
Por otro lado, las catequinas y la L-teanina pueden ayudar a regular los niveles de azúcar en sangre y mejorar la función de la insulina. El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera también destaca su efecto sobre la presión arterial, al favorecer la relajación de los vasos sanguíneos.
En la piel, los antioxidantes actúan contra los radicales libres, asociados al envejecimiento prematuro. A esto se suman propiedades antimicrobianas que pueden contribuir a fortalecer la flora intestinal, eliminar bacterias dañinas y prevenir infecciones gastrointestinales.
A pesar de estos beneficios, no todas las personas deberían consumir té verde. La Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) de Perú advierte que, si bien en cantidades moderadas puede ser positivo, su ingesta excesiva puede provocar efectos adversos.
La especialista Lida Hildebrandt, en colaboración con este organismo, señala que se han reportado casos de toxicidad e incluso insuficiencia hepática asociados a un consumo prolongado y desmedido. Además, por su efecto estimulante, puede acelerar el ritmo cardíaco, alterar el sistema nervioso y generar reacciones negativas, así como interferir con algunos medicamentos.
Por esta razón, se recomienda que las personas sensibles a la cafeína o con condiciones particulares lo consuman bajo supervisión médica. El Centro Médico Rusiñol también advierte que su contenido de teína —un estimulante similar a la cafeína— puede provocar migrañas o alteraciones en el ritmo cardíaco si se consume en exceso.
Las embarazadas o en período de lactancia deben consultar con un profesional de la salud antes de incorporarlo a su dieta, ya que podría afectar la absorción de ácido fólico, generar una estimulación excesiva o dificultar la asimilación del hierro de origen vegetal.
Asimismo, quienes presenten alergias a los compuestos del té verde deben evitar su consumo para prevenir reacciones adversas.
En base a El Universal/GDA
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