Siestas frecuentes en adultos mayores: qué relación tienen con la salud cerebral, según la ciencia

¿Pausa necesaria o señal de alerta? Lo que revela el hábito de dormir de día sobre la salud cognitiva: qué descubrieron los científicos sobre el descanso en la vejez.

Mujer durmiendo. Foto: Freepik
Mujer durmiendo.
Foto: Magnific.

Dormir unos minutos después del almuerzo puede ser una forma de recuperar energía y aliviar el cansancio. Sin embargo, cuando la necesidad de dormir durante el día se vuelve frecuente o una persona comienza a quedarse dormida sin proponérselo, conviene prestar atención a ese cambio, especialmente en la vejez.

Una investigación de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, encontró una asociación entre la frecuencia de las siestas, la somnolencia involuntaria y un mayor riesgo de demencia en adultos mayores. Los resultados no significan que dormir durante el día provoque esta enfermedad, pero plantean interrogantes sobre qué pueden revelar los cambios en los hábitos de descanso acerca de la salud cerebral.

El trabajo, publicado en The Journals of Gerontology, siguió durante hasta diez años a personas mayores de 65 años y analizó la frecuencia, la duración y las características de sus siestas. Los investigadores observaron que no todas las formas de descanso diurno se relacionaban de la misma manera con los casos de demencia identificados durante el seguimiento.

El estudio incluyó a 995 beneficiarios del programa Medicare que no presentaban demencia posible o probable al comienzo de la investigación, en 2013. El seguimiento se extendió hasta 2023 y, al finalizar, 417 participantes —alrededor del 42 % de la muestra— habían sido clasificados como casos de demencia posible o probable.

Al comparar los hábitos de descanso, los investigadores encontraron diferencias entre quienes dormían siesta con frecuencia y quienes lo hacían rara vez o nunca. Entre las personas que dormían durante el día la mayoría de las jornadas o todos los días, el riesgo estimado de demencia fue un 48 % mayor que entre quienes rara vez o nunca tomaban siestas, incluso después de ajustar los resultados por distintas características demográficas, condiciones de salud y hábitos de sueño.

Dormir
Hombre durmiendo.
Foto: Pexels.

En el grupo que descansaba ocasionalmente, en cambio, no se encontró una asociación estadísticamente clara con el desarrollo de la enfermedad. Los datos muestran una relación que merece ser investigada, pero no permiten concluir que la siesta sea perjudicial para el cerebro. La frecuencia del descanso podría estar reflejando otros cambios en el organismo que también influyen en la salud cognitiva.

Uno de los hallazgos que más interesó a los investigadores fue la diferencia entre quienes eligen hacer una pausa para dormir y quienes se quedan dormidos involuntariamente durante el día. En este último grupo, el riesgo estimado de demencia fue un 39 % mayor que entre quienes nunca o rara vez dormían siesta. Por el contrario, las siestas planificadas no mostraron una asociación clara con el riesgo después de considerar otros factores.

Además, las personas que se dormían sin proponérselo presentaban con mayor frecuencia enfermedades crónicas, síntomas depresivos, somnolencia diurna y riesgo de apnea del sueño. Estos resultados sugieren que la somnolencia excesiva podría ser una señal de que algo más está ocurriendo con la salud o el descanso nocturno. En algunos casos, los cambios en el sueño podrían incluso aparecer antes de que se manifiesten otros signos de deterioro cognitivo.

Por eso, más que alarmarse por una siesta habitual, lo importante es observar si se producen modificaciones respecto de los patrones de descanso de siempre. Una necesidad creciente de dormir durante el día o quedarse dormido en situaciones inesperadas son motivos para consultar con un profesional de la salud.

Adulto mayor
Primer plano de una mujer mayor.
Foto: Freepik.

Sin embargo, el estudio tiene limitaciones. Los hábitos de descanso se registraron a partir de las respuestas de los participantes en un único momento, mientras que los posibles casos de demencia se identificaron mediante un algoritmo validado, sin una confirmación clínica individual para cada persona dentro de la investigación. Además, al tratarse de un estudio observacional, sus resultados no permiten establecer una relación de causa y efecto. Tampoco demuestran que cambiar la frecuencia o la duración de las siestas pueda prevenir la demencia.

La principal recomendación no es abandonar las siestas, sino prestar atención a los cambios persistentes en los hábitos de descanso. Para las personas mayores, dormir un rato durante el día puede formar parte de una rutina saludable, siempre que no interfiera con el sueño nocturno ni se acompañe de una somnolencia inusual.

Si la necesidad de dormir aumenta, resulta difícil mantenerse despierto durante actividades cotidianas o aparecen despertares frecuentes durante la noche, es conveniente consultar. Un profesional podrá evaluar si existen problemas del sueño, efectos de medicamentos u otras condiciones que expliquen esos síntomas. Observar el propio cuerpo y atender las señales que se apartan de lo habitual puede ser tan importante como mantener una rutina de descanso adecuada.

Con base en El Tiempo/GDA

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