En octubre, el año empieza a sentirse cuesta arriba. Quedan semanas de trabajo, actividades y compromisos, pero la energía disminuye: cuesta levantarse, concentrarse y llegar al final del día sin recurrir al café o algo dulce.
Sin embargo, antes de buscar una solución rápida, conviene revisar si comemos lo suficiente, pasamos demasiadas horas sin alimentarnos o elegimos alimentos que no cubren nuestras necesidades.
La alimentación no es la única responsable del cansancio: también influyen el sueño, el estrés, la sobrecarga de actividades y algunas condiciones de salud. Antes de recurrir a suplementos, vale la pena revisar los hábitos cotidianos.
El café.
Para muchos, el café es indispensable para despertarse, concentrarse y sobrellevar horas de trabajo. El problema aparece cuando se utiliza para compensar sistemáticamente la falta de descanso o una rutina que deja poco espacio para comer.
La cafeína estimula el sistema nervioso central y puede aumentar temporalmente el estado de alerta. Sin embargo, no reemplaza el sueño ni aporta la energía nutricional que el organismo necesita.
Además, tomar café durante la tarde o cerca de la noche puede dificultar el descanso y generar un círculo difícil de romper. La idea no es eliminar el café, sino revisar qué lugar ocupa en la rutina.
El antojo de dulce.
Si desayunamos poco, almorzamos apurados o pasamos muchas horas sin comer, es esperable que lleguemos a la tarde con hambre. También influyen el cansancio, el estrés y el sueño. Los alimentos dulces pueden resultar atractivos porque son prácticos, agradables y fáciles de consumir cuando necesitamos una respuesta rápida.
No es necesario prohibirlos, la cuestión es distinguir si se trata de un deseo ocasional o si dependemos de alimentos que consumimos al paso porque no tenemos opciones disponibles.
Una merienda planificada puede ayudar a llegar a la cena con menos hambre y a cubrir las necesidades de energía del día. Algunas opciones sencillas son yogur con fruta y avena, una tostada con huevo, un sándwich o una fruta acompañada de frutos secos.
Saltearse comidas.
Pasar muchas horas sin comer no provoca cansancio en todas las personas, pero una ingesta insuficiente de energía, especialmente cuando se mantiene en el tiempo, puede contribuir a la fatiga y afectar la concentración. Tampoco alcanza con comer cualquier cosa para cumplir con el horario. Un almuerzo muy escaso puede dejar hambre al poco tiempo, mientras que una comida variada y suficiente permite cubrir mejor las necesidades del organismo.
Una forma sencilla de organizar el plato es combinar una fuente de proteínas —como carne, pollo, pescado, huevos o legumbres— con alimentos ricos en carbohidratos, como arroz, pasta, papa, boniato o pan, y sumar verduras. Las proporciones pueden variar según la persona, su actividad física y sus necesidades.
Los carbohidratos todavía suelen eliminarse o reducirse en exceso cuando se busca comer saludable. Pero son una fuente importante de energía, especialmente para el cerebro y los músculos. Elegir opciones integrales con frecuencia puede aportar más fibra, pero también hay lugar para el arroz, las pastas, las papas y otros alimentos habituales. Lo importante es que la alimentación sea suficiente y se adapte a las necesidades individuales, no que se base en restricciones innecesarias.
Sin energía.
Hay quienes pasan todo el día resolviendo comidas sobre la marcha y recién se sientan a comer cuando terminan sus obligaciones. A esa hora, el hambre puede ser intensa y el cansancio hace que cocinar parezca una tarea imposible. Entonces se recurre a lo primero que aparece, se come muy rápido o se llega a la cama con una sensación de pesadez.
Organizar la alimentación no significa preparar un menú perfecto para toda la semana ni pasar horas en la cocina. Puede ser suficiente con anticipar algunas decisiones: dejar una porción extra de la cena para el almuerzo del día siguiente, tener huevos, legumbres o verduras disponibles ó preparar un sándwich para llevar.
La distribución de las comidas debe responder a la rutina y no a una regla rígida. Algunas personas necesitan comer con mayor frecuencia; otras se sienten bien con menos comidas, siempre que cubran sus requerimientos. La hidratación también forma parte de esta revisión. Una ingesta insuficiente puede contribuir al malestar y afectar el rendimiento, especialmente si hace calor o realizamos actividad física.
Nutrientes.
Cuando hablamos de cansancio y alimentación, es habitual pensar inmediatamente en vitaminas y suplementos. Sin embargo, antes de buscar un producto que prometa recuperar la energía, conviene recordar que el organismo necesita una variedad de nutrientes para cumplir sus funciones.
El hierro participa en la formación de la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que transporta oxígeno. Su deficiencia puede provocar anemia y manifestarse con cansancio, debilidad, palidez, mareos o falta de aire durante los esfuerzos. Las personas que menstrúan y quienes presentan pérdidas de sangre o dificultades de absorción pueden tener mayor riesgo, aunque las causas deben evaluarse de manera individual.
La vitamina B12 y el folato también son importantes para la formación de células sanguíneas. Cuando existe una deficiencia, pueden aparecer anemia y fatiga, además de otros síntomas. La vitamina B12 merece especial atención en quienes siguen una alimentación vegana sin suplementación adecuada, así como en personas con problemas de absorción.
Estos nutrientes se encuentran en distintos alimentos. Las carnes aportan hierro y vitamina B12; las legumbres son una fuente de hierro y folato; las verduras de hoja verde contribuyen al aporte de folato. Los huevos y los lácteos también aportan vitamina B12. Una alimentación variada ayuda a cubrir las necesidades, aunque puede no ser suficiente si existe una deficiencia o un problema de absorción.
Lo fundamental es no asumir que todo cansancio se debe a la falta de hierro o vitaminas. Tomar suplementos sin indicación no garantiza una mejoría y puede ser innecesario o perjudicial.
¿Y si el problema no está en el plato?
Aunque mejorar la alimentación puede ser buen punto de partida, el cansancio persistente merece una mirada más amplia. Dormir pocas horas, tener un descanso de mala calidad, atravesar períodos de estrés intenso o sostener una carga excesiva de responsabilidades puede afectar tanto el bienestar físico como el mental.
También hay causas médicas que pueden manifestarse con fatiga, como la anemia, las alteraciones de la función tiroidea, la diabetes y algunos trastornos del sueño. Por eso, si el agotamiento dura varias semanas, interfiere con las actividades cotidianas o aparece acompañado de otros síntomas, es importante consultar. La falta de aire, las palpitaciones, los mareos frecuentes o una pérdida de peso involuntaria, por ejemplo, no deberían atribuirse solo al ritmo de fin de año.
Comer mejor también es bajar un cambio A medida que se acerca diciembre, es fácil caer en la idea de que hay que aguantar hasta las vacaciones y después recuperar el descanso. Pero no siempre podemos esperar a que termine el año para ocuparnos de nuestras necesidades básicas.
Comer suficiente, mantener una hidratación adecuada, planificar algunas comidas y evitar que el café reemplace sistemáticamente el descanso son cambios simples que pueden ayudar a sostener la energía. También importa dormir lo suficiente, hacer pausas y revisar si la agenda deja algún espacio para recuperarnos.
La pregunta no es qué podemos comer para seguir rindiendo al mismo ritmo, sino qué necesitamos cambiar para no llegar siempre al límite. A veces, recuperar energía empieza con una comida más completa. Otras veces, con una pausa, una noche de buen descanso o una consulta médica. Y muchas veces, con aprender que cuidarnos también implica no exigirnos funcionar permanentemente al máximo.