Una investigación internacional del King’s College London y del QIMR Berghofer analizó datos genéticos de 693.869 personas y encontró 74 zonas del genoma asociadas a la severidad de los síntomas de ansiedad. El trabajo, publicado en Nature Human Behaviour, concluye que el ADN influye en la predisposición a la ansiedad, pero es en verdad el entorno, las experiencias de vida y el estrés que determinan el desarrollo del trastorno.
El estudio se basó en la asociación del genoma completo para rastrear variantes comunes que aparecen con más frecuencia en quienes reportan síntomas de ansiedad severos. El resultado fue el mayor mapa de asociaciones genéticas de este tipo informado hasta ahora para la ansiedad, encontrando 74 ubicaciones en el genoma (loci) vinculados a la gravedad de los síntomas.
¿Por qué la genética de la ansiedad no determina el trastorno?
Las variantes comunes estudiadas explican alrededor de 6% de las diferencias entre personas en la severidad de la ansiedad. Ese margen acota el alcance predictivo de la genética y deja el peso principal en factores ambientales, en interacciones entre genes y entorno.
En esa línea, el trabajo discute la ansiedad como un espectro más que un estado fijo. Propone un panorama que abarca desde respuestas esperables ante el estrés cotidiano hasta cuadros crónicos y debilitantes. La conclusión central es que una predisposición genética alta no equivale a un destino sellado. Una persona con riesgo elevado puede no desarrollar un trastorno si vive en un entorno favorable y, por su contraparte, alguien con riesgo genético bajo puede presentar síntomas ante estrés severo o traumas.
El aumento acelerado de la ansiedad en nuevas generaciones aparece, en ese marco, como una señal de que el entorno social y las presiones externas tienen un papel que no se explica solo por herencia genética. A pesar que identificar una sensibilidad biológica puede ayudar a afinar prevención y tratamientos, el foco debería estar en el contexto en el que viven las personas que pueden agravar e incluso determinar la evolución y las características del trastorno.
El vínculo inexorable entre la ansiedad y la salud física: una relación genética que abre preguntas
Uno de los puntos fuertes del estudio es la correlación genética entre la ansiedad y otras condiciones, tanto de salud mental como física. En la lista del estudio de King’s College London y del QIMR Berghofer figuran: depresión, síndrome del intestino irritable, dolor crónico, enfermedad de las arterias coronarias, endometriosis y migraña.
Brittany Mitchell, del equipo de QIMR Berghofer, expresó: “Estas correlaciones resaltan la interconexión entre la salud mental y la física”. Y agregó: “Nuestros hallazgos no revelan una causalidad ni la dirección del efecto”, aunque sí abren preguntas para próximas investigaciones, incluyendo el impacto de vivir con enfermedades crónicas sobre los síntomas de ansiedad. No se trata de encontrar soluciones únicas sino seguir ampliando el conocimiento sobre este trastorno que cada vez afecta a más personas en el mundo.
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