Estudio de científicos uruguayos identifica oportunidades para fortalecer la gestión de la Isla de Lobos

Expertos en economía ambiental proponen un modelo participativo junto a ministerios y la comunidad civil para evitar fallos en la gestión del Parque Nacional marítimo.

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Isla de Lobos de Punta del Este.
Foto: National Geographic Pristine Seas/Manu San Felix.

Los pescadores artesanales y recreativos pueden convertirse en actores clave para la conservación de la Isla de Lobos, la primera área protegida completamente oceánica de Uruguay, según concluye una investigación desarrollada por especialistas del Centro Interdisciplinario en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (Cicada) de la Universidad de la República (Udelar) y la Universidad de Wageningen, en Países Bajos. El estudio, publicado en la revista científica Marine Policy, analizó las interacciones entre los ecosistemas marinos, los usuarios del área y las instituciones responsables de su gestión, con el objetivo de aportar insumos para la elaboración del futuro plan de manejo del Parque Nacional Isla de Lobos, incorporado al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) en 2024.

La investigación fue liderada por Federico Fraga y los investigadores Omar Defeo, Ana Inés Borthagaray y Andries Richter, el marco de su doctorado en Economía Ambiental y de los Recursos Naturales, financiado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). El investigador explicó a El País que la Isla de Lobos constituye "un caso particularmente relevante debido a que se encuentra en una etapa temprana de implementación como área protegida y reúne una gran diversidad de valores ecológicos y actividades humanas".

En sus aguas conviven lobos y leones marinos, tortugas marinas, una amplia variedad de peces y bancos de mejillones, mientras que también se desarrollan actividades como la pesca artesanal y recreativa, la extracción de mejillones, los paseos turísticos para avistamiento de fauna marina, el buceo y el snorkel.

Para comprender cómo se relacionan estos actores y componentes, los investigadores recurrieron a una metodología de análisis de redes, que permitió mapear las conexiones entre especies, usuarios e instituciones. El trabajo fue realizado a partir de entrevistas con autoridades, pescadores artesanales y recreativos, mejilloneros y operadores turísticos, además de la revisión de literatura especializada.

Uno de los principales hallazgos es que, pese a que la Isla de Lobos ya integra formalmente el SNAP, aún no cuenta con un plan de manejo. Fraga aclaró que "esto es habitual en las primeras etapas de implementación de un área protegida, ya que luego de su creación se debe avanzar en la definición de objetivos de conservación, regulaciones, mecanismos de coordinación institucional y espacios de participación". Sin embargo, advirtió que "el desafío es significativo, dado que a nivel mundial cerca del 60% de las áreas marinas protegidas no logran cumplir plenamente sus objetivos debido a problemas de gobernanza, falta de participación de las comunidades locales, conflictos por los distintos usos del territorio, dificultades de fiscalización y escasez de recursos".

Lobos marinos en la Isla de Lobos en Maldonado.
Lobos marinos en la Isla de Lobos en Maldonado.
Foto: Archivo El País.

El investigador sostuvo que estos factores han dado lugar en numerosos países a los llamados "parques de papel", áreas protegidas que existen formalmente pero que carecen de una implementación efectiva. En ese sentido, señaló que la situación actual de la Isla de Lobos representa una oportunidad para incorporar desde el inicio herramientas de gestión participativa. "Dado que el área protegida todavía está en una etapa incipiente de implementación, en la práctica no mucho ha cambiado. Eso da la oportunidad de aplicar los conocimientos que encontramos a la hora de hacer el plan de manejo", afirmó.

El análisis también reveló que las instituciones gubernamentales mantienen actualmente un rol relativamente periférico dentro de la red de actores vinculados al área, con conexiones aún limitadas con pescadores y operadores turísticos. Para los investigadores, esto refuerza la necesidad de fortalecer los mecanismos de coordinación entre organismos como el Ministerio de Ambiente, la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), la Prefectura Nacional Naval y el Ministerio de Turismo.

Importancia del ecosistema

En contraste, el estudio identificó a los pescadores artesanales y recreativos como actores con una posición estratégica dentro del sistema, debido a sus vínculos con una amplia diversidad de especies, actividades y usuarios presentes en la isla. Fraga destacó que estos trabajadores poseen conocimientos acumulados a partir de su interacción cotidiana con el ecosistema marino y que pueden transformarse en aliados fundamentales para la conservación. "Los ecosistemas conviven con nuestros usos", sostuvo el investigador, quien remarcó que actividades como la pesca o la extracción de mejillones no representan necesariamente una amenaza siempre que se desarrollen de manera sostenible.

Según explicó, los pescadores "pueden aportar información sobre cambios observados en especies y hábitats, colaborar en tareas de monitoreo, alertar sobre problemas emergentes e incluso reportar actividades no autorizadas". Durante las entrevistas realizadas para la investigación, uno de los pescadores artesanales definió este papel señalando que pueden convertirse en los "ojos de las instituciones en el mar". El trabajo identificó además experiencias de colaboración ya existentes, como pescadores submarinos que comparten con la Dinara registros de especies poco frecuentes o que no habían sido observadas previamente.

Lobos marinos nadando cerca de la Isla de Lobos.
Lobos marinos nadando cerca de la Isla de Lobos.
Foto: Archivo El País.

La investigación también analizó la actividad turística en la isla y concluyó que existe una estrecha relación entre los operadores y las especies que constituyen sus principales atractivos, especialmente lobos y leones marinos. No obstante, detectó oportunidades para fortalecer la articulación con el Ministerio de Turismo y mejorar la integración de este sector dentro de las estrategias de conservación.

Fraga valoró la receptividad que tuvo el estudio entre las autoridades públicas involucradas en la gestión del área protegida. Según indicó, "las instituciones mostraron disposición para participar en las entrevistas y posteriormente manifestaron interés en los resultados obtenidos y en los aportes que la academia puede realizar para el diseño de políticas públicas". A mediano plazo, el investigador considera que "la Isla de Lobos tiene condiciones para transformarse en un ejemplo de conservación marina participativa en Uruguay, siempre que el futuro plan de manejo logre integrar la protección de la biodiversidad con los usos sostenibles de los recursos y el conocimiento de las comunidades vinculadas al área".

Aquí puede accederse al artículo científico.

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