El negocio de los lobos marinos: gobierno autorizó en 2025 exportaciones de animales vivos a acuarios en Asia

Uruguay concretó nuevas exportaciones de lobos marinos vivos el año pasado, según informó la Dinara, aunque se había evaluado suspender las ventas ante los reparos de activistas. La práctica reaviva el debate sobre el estatus de estos animales, mientras un juicio busca frenar las capturas.

Lobos marinos en la Isla de Lobos en Maldonado.
Lobos marinos en la Isla de Lobos en Maldonado.
Foto: Archivo El País.

Es una de las postales naturales más características de Rocha: las rocas de Cabo Polonio llenas de cuerpos oscuros que brillan al sol; son los lobos marinos. Lo mismo ocurre con los curiosos ejemplares que llegan desde la Isla de Lobos hasta el puerto de Punta del Este, donde algunos turistas hacen algo que está prohibido: alimentar a una especie silvestre que puede transmitir enfermedades como la tuberculosis. Detrás de esas imágenes existe una discusión menos conocida. Para la legislación uruguaya, los lobos marinos son al mismo tiempo una especie protegida y un recurso administrado por el Estado, que realiza su captura y autoriza la exportación a acuarios y parques marinos de Asia.

En marzo del año pasado se publicó en esta sección un informe sobre el negocio de la venta de lobos. Tras esa investigación, fue presentada una demanda judicial contra el Estado en busca de frenar ventas y capturas. A pesar de los reclamos de activistas, Uruguay volvió a exportar ejemplares vivos en 2025. La información fue confirmada por la directora de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), Yamilia Olivera, quien sostiene que el procedimiento se desarrolla bajo estrictos controles.

En 2026 privados volvieron a realizar solicitudes de exportación que están en trámite, aunque todavía no se definió una cuota. Olivera dice que se esta definición está “afectada por la situación de influenza aviar”.

La postulación para interesados en este negocio se puede realizar en la web del Ministerio de Ganadería, donde se explica en detalle todo lo que los privados están obligados a hacer.

Lobos marinos nadando en la zona de Punta del Este.
Lobos marinos nadando en la zona de Punta del Este.
Foto: Ricardo Figueredo.

El País no pudo confirmar cuál o cuáles de las tres empresas que están en el rubro realizó esta última exportación que informa Dinara. Pero hay una pista.

Registros aduaneros consultados a través de la plataforma ImportGenius muestran a Juan Marchelli, uno de los exportadores de lobos marinos de Uruguay y con más de 25 años de experiencia en la actividad, como exportador de tres lobos marinos en enero de este año. La información disponible no permite determinar con precisión cuándo se concretó esta venta, por lo que podrían corresponder a animales exportados a fines de 2025.

En una entrevista concedida el año pasado al programa Las Cosas en su Sitio de Radio Sarandí, Marchelli contó que los controles están en manos del Estado. “A mí me hacen ponerles chip, presentar cartas de los parques a donde van y, cuando llegan, tengo que confirmar cuántos llegaron vivos y si llegaron bien”, afirmó.

En sus redes sociales Marchelli exhibe su vínculo con los lobos marinos: en una de sus fotos de perfil aparece abrazado a uno de los animales y también publica imágenes de ejemplares acondicionados en cajas de transporte para vuelos con destino a parques marinos de Asia. El empresario no respondió las consultas de El País para este informe.

Lobos en su isla.
Lobos en su isla.
Foto: Valentina Franco-Trecu.

En 2016, que fue el pico de exportaciones en Uruguay, su empresa hizo grandes ventas. “Fue un año estrella, entre las tres empresas del rubro vendimos más de 150 animales”, dijo el empresario en Sarandí. Ese año China concentró la mayor parte de los envíos, con 132 animales. Le siguieron Tailandia (11), Filipinas (7), Vietnam (6), Japón (4), Ucrania (4) y Emiratos Árabes Unidos (2).

Marchelli reside en Suárez, en Canelones. Allí, muchos vecinos recuerdan la actividad poco común, sobre todo en aquellos años de esplendor. “Parecía que todo estaba muy organizado. Tenía una veterinaria y además se notaba que les tenía aprecio a los animales. Era el negocio raro del pueblo”, relata una vecina. “También se sabía que estaba siempre viajando a Asia, que entendíamos era adonde iban los lobos”.

En setiembre de 2025 el semanario Búsqueda informó que la Dinara evaluaba suspender, a partir de 2026, la captura de lobos marinos destinados a la exportación. Sin embargo, esa posibilidad al final no se concretó. Olivera, la directora de Dinara, adelanta a El País que “se mantendrá la normativa vigente”; es decir no hay suspensión de la actividad.

Además, la Dinara realiza evaluaciones periódicas sobre las poblaciones de lobos marinos para conocer su estado y evolución. A partir de esos estudios se define cuántos animales pueden ser extraídos sin comprometer la conservación de la especie.

Eligen la zona

Por qué hay tantos lobos marinos en Uruguay

Valentina Franco-Trecu lleva más de 20 años estudiando lobos y leones marinos. Después de décadas observándolos, asegura que la presencia de grandes colonias en Uruguay no es casualidad.

Valentina Franco-Trecu
Valentina Franco-Trecu, doctora en Ecología y magíster en Zoología por el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas.
Foto difusión.

“Las grandes poblaciones de lobos, leones marinos o focas se ubican en lugares donde existe una alta productividad de peces”, explica. Son animales con elevadas demandas energéticas y dependen de ecosistemas capaces de proporcionar abundante alimento.

Uruguay reúne justamente esas condiciones. Frente a sus costas se produce el encuentro entre la corriente cálida de Brasil y la corriente fría de Malvinas. A eso se suma el aporte del Río de la Plata, que descarga nutrientes y materia orgánica provenientes del continente.

“El choque de esas dos corrientes, sumado a la descarga del Río de la Plata, genera un ambiente extremadamente rico”, señala la investigadora.

Lobo marino de pocos meses.
Lobo marino de pocos meses.
Foto: Valentina Franco-Trecu.

Esa combinación convierte a las aguas uruguayas en un área especialmente favorable para numerosas especies marinas. Los lobos y leones marinos, que dependen de los mismos recursos pesqueros, encuentran allí condiciones ideales para alimentarse y prosperar.

Más difícil de responder es por qué las colonias reproductivas se establecieron en lugares específicos, como la Isla de Lobos o el Cabo Polonio. Franco-Trecu explica que las hembras son filopátricas, es decir, regresan a parir al mismo sitio donde nacieron, una conducta que ayuda a mantener las colonias en los mismos lugares generación tras generación. Y una vez ya son muy grandes comienzan a buscar nuevos espacios.

Los lobos viven en un "limbo"

Los lobos marinos uruguayos habitan principalmente en dos grandes colonias: la de la Isla de Lobos, frente a Punta del Este, y la del Cabo Polonio, en Rocha. Su situación genera debate porque son animales silvestres que viven en áreas protegidas, pero al mismo tiempo pueden ser capturados y exportados bajo autorización estatal.

Lobos y leones marinos en Cabo Polonio.
Lobos y leones marinos en Cabo Polonio.
Foto: AFP.

Para Lourdes Casas, de la ONG Socobioma, existe una contradicción en esa condición, ya que se trata de fauna nativa que además habita espacios protegidos. “Es una situación ambigua, porque no podemos olvidar que para nuestra normativa son un recurso”, dice Casas.

La Dinara, sin embargo, rechaza esa visión. Su directora sostiene que la conservación y el aprovechamiento de la especie son compatibles.

Esa discusión volvió a instalarse con fuerza el año pasado, cuando El País publicó en esta misma sección una investigación sobre el negocio atrás de la captura y exportación de lobos marinos vivos a distintos países, entre ellos China, Ucrania y Rusia. Las capturas son realizadas por el propio Ministerio de Ganadería durante un período que se extiende entre abril y octubre, fuera de la temporada reproductiva.

Este tema llegó a la Justicia y ahora entra en una nueva etapa. Tras casi un año de actuaciones, el expediente avanza con la incorporación de pruebas y el testimonio de decenas de personas que declararán sobre distintos aspectos vinculados al manejo de estos animales.

Lobos en su isla.
Lobos en su isla.
Foto: Valentina Franco-Trecu

Detrás de la acción judicial está Ignacio Barlocci, un abogado que presentó una demanda civil contra el Ministerio de Ganadería, el Ministerio de Defensa y la Intendencia de Montevideo (esta última solo por un tecnicismo legal, ya que su residencia es en este departamento). Según explica, el objetivo es cuestionar distintas prácticas relacionadas con la protección y el manejo de los lobos marinos en Uruguay. “Como muchos interesados en los animales, me enteré que se exportaban lobos vivos por leer el informe”, cuenta Barlocci.

La principal discusión jurídica gira en torno al estatus de los lobos marinos. Según Barlocci, que hace la denuncia a título personal, se trata de una especie protegida en forma absoluta, mientras que el Ministerio de Ganadería sostiene una interpretación diferente. “Lo que entiende el Ministerio de Ganadería es que son una especie protegida, pero que se las puede sacar de Uruguay y que ahí pierden esa protección”, afirma.

Sin conflictos

Los lobos y los pescadores: compartir el mismo recurso

Daniel Machado, pescador de Cabo Polonio, asegura que el principal problema para la pesca no lo generan los lobos finos sino los leones marinos. Explica que suelen acercarse a las redes para alimentarse de los peces atrapados. “Van donde está la comida fácil”, resume. En ese proceso rompen las redes y generan pérdidas para los pescadores. Sin embargo, Machado sostiene que el impacto es limitado y se concentra en algunos ejemplares acostumbrados a buscar alimento cerca de las embarcaciones.

El abogado señala que una de las respuestas recibidas por parte del Ministerio de Defensa durante el proceso judicial plantea la imposibilidad de establecer custodias permanentes para cada lobo marino que aparezca en la costa, debido a limitaciones de personal. Es que su demanda, además, incorpora un nuevo planteo: que el Estado adopte medidas para proteger a los animales de las agresiones que, según denuncia, reciben de pescadores y de propietarios o cuidadores de embarcaciones.

En ese punto coincide Casas, fundadora de la ONG Socobioma. Si bien reconoce que los lobos marinos pueden generar pérdidas al romper redes o interferir con las capturas, advierte que también son víctimas de ataques. Cuenta que algunos pescadores les disparan con armas de fuego en alta mar, se clavan metales en los ojos y que en ciertas embarcaciones del puerto de Punta del Este se colocan tablas con clavos para impedir que suban a descansar. “Están tratando de infringir dolor para que el lobo no se acerque”, sostiene.

El caso se tramita en el Juzgado Civil de 19º Turno. El pasado 22 de mayo se realizó una audiencia clave en la que se definió qué pruebas serán admitidas durante el proceso.

La captura, la venta y los destinos finales en acuarios

La exportación de lobos marinos (Arctocephalus australis) ha mostrado fuertes variaciones durante la última década y un marcado descenso en los últimos años. Las autoridades atribuyen esta caída a varios factores: un cambio cultural que ha reducido el atractivo de mantener animales marinos en cautiverio, las dificultades derivadas de la pandemia y, más recientemente, las restricciones asociadas a la gripe aviar.

Lobos marinos nadando cerca de la Isla de Lobos.
Lobos marinos nadando cerca de la Isla de Lobos.
Foto: Archivo El País.

Entre 2012 y 2019, Uruguay exportó cientos de ejemplares. Los datos del Departamento de Mamíferos Marinos, a los que accedió El País, están organizados según la fecha en que los animales fueron entregados a las empresas exportadoras y no por la fecha efectiva de salida del país.

Los registros oficiales muestran que en 2012 se comercializaron 67 lobos marinos, cifra que descendió a 55 en 2013. Luego las ventas crecieron de forma sostenida hasta alcanzar 131 ejemplares en 2015 y un máximo de 166 en 2016. En 2017 se exportaron 164 animales, de los cuales 128 tuvieron como destino China.

Precisamente China se convirtió en el principal comprador de lobos marinos uruguayos, con 677 ejemplares recibidos desde 2012. Le siguieron Tailandia y Vietnam, con 28 animales cada uno; Ucrania, con 25; Japón, con 24; Indonesia, con 22; Filipinas, con 14; Myanmar, con 10; y Rusia, con ocho.

Pero hace unos 25 años el mapa de destinos era muy diferente. Uruguay exportaba lobos marinos a varios países de Europa y América Latina. Alemania, Holanda y Reino Unido figuraban entre los compradores en el año 2000, al igual que México. En aquellos primeros años también adquirían ejemplares Francia, Dinamarca, Italia y República Dominicana, entre otros destinos que con el tiempo dejaron de participar en este mercado.

Lobos marinos descansan junto a turistas en Cabo Polonio.
Lobos marinos descansan junto a turistas en Cabo Polonio.
Fuente: Archivo El País.

Por cada macho capturado, la empresa abona al Estado unos 87.000 pesos, mientras que por cada hembra paga alrededor de 118.000. Una vez adquiridos, los animales pueden ser revendidos a acuarios o parques marinos donde son entrenados para espectáculos o para interactuar con el público. Según fuentes vinculadas a la actividad, un ejemplar adiestrado puede alcanzar valores cercanos a los 25.000 dólares. Las hembras suelen cotizar más debido a la posibilidad -aunque baja- de que se reproduzcan en cautiverio.

La venta de lobos marinos vivos es la continuación de una larga historia. Desde la llegada de los europeos a estas costas en 1515, los lobos y leones marinos fueron vistos como una fuente de carne, piel y grasa. Ahí la forma de matarlos era brutal.

En 1991 Uruguay prohibió la matanza de lobos marinos. El negocio mutó y la venta de ejemplares vivos se consolidó como una nueva forma de aprovechar “el recurso”. Hoy también está prohibida la captura de leones marinos, entre otras razones porque su población no ha crecido y se pretende cuidar a la especie nativa. Pero el Estado puede capturar los de menor tamaño, los protagonistas de esta historia: los lobos marinos. Son mamíferos marinos sociales que viven en grandes colonias, que en tierra pueden parecer torpes, pero son excelentes nadadores. Los machos son los más imponentes: pueden superar los 200 kilos y se distinguen por la defensa de territorios durante la época reproductiva. Pero cuando son capturados siendo crías, terminan domesticados en acuarios, donde son exhibidos como “focas” y pasan el resto de su vida dependiendo del cuidado humano, sin posibilidad de regresar a la naturaleza.

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