La grasa abdominal podría afectar la memoria y acelerar el envejecimiento cerebral, según un estudio

Una investigación publicada en la revista científica Nature Communications vinculó la grasa visceral con la atrofia cerebral y un mayor deterioro cognitivo. El trabajo siguió a más de 500 adultos durante hasta 16 años.

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Foto: Pexels.

La grasa abdominal no solo se asocia a problemas cardiovasculares o metabólicos. Una investigación internacional publicada recientemente en la revista científica Nature Communications concluyó que la acumulación de grasa visceral, aquella que rodea los órganos internos, también está vinculada al deterioro cerebral y a una peor función cognitiva a largo plazo.

El estudio realizó un seguimiento de 533 personas durante períodos de hasta 16 años y encontró que reducir de forma sostenida la grasa abdominal ayuda a preservar tanto la estructura cerebral como la memoria en la adultez. Según los resultados, incluso una pérdida de peso moderada puede tener efectos positivos si logra disminuir específicamente la grasa visceral.

La investigación fue liderada por la profesora Iris Shai junto a especialistas de universidades de Harvard, Leipzig y Tulane. El equipo utilizó resonancias magnéticas de abdomen y cerebro para analizar cómo evolucionaban los cambios físicos con el paso del tiempo.

Los participantes que lograron reducir su grasa visceral durante una intervención alimentaria inicial de 18 meses mostraron una mejor conservación del volumen cerebral total y de la sustancia gris cinco y diez años después. En cambio, quienes mantuvieron niveles elevados de grasa abdominal presentaron una expansión más acelerada de los ventrículos cerebrales, un indicador asociado al envejecimiento y a la atrofia cerebral.

Grasa abdominal.
Demasiado estrés lleva a aumento de peso.
Foto: Commons.

Los investigadores señalaron además que la grasa visceral actúa como un factor de riesgo independiente, diferente al índice de masa corporal (IMC) o a la grasa subcutánea. Según la autora principal del trabajo, Dafna Pachter, el peso corporal por sí solo no refleja con precisión los cambios metabólicos internos.

El estudio identificó que los niveles de glucosa en ayunas y de hemoglobina glicosilada (HbA1c) son los biomarcadores más precisos para predecir la salud estructural del cerebro a largo plazo. En contraste, otros indicadores como los lípidos o los marcadores inflamatorios no mostraron una relación comparable.

Uno de los hallazgos más relevantes fue el impacto sobre el hipocampo, una región cerebral clave para la memoria. Las personas con menor acumulación de grasa visceral obtuvieron mejores resultados en el test MoCA (Montreal Cognitive Assessment), utilizado para evaluar funciones cognitivas.

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Sobrepeso.
Foto: Sofia von Humboldt/Commons.

A partir de estos resultados, los autores plantearon que las estrategias de prevención deberían enfocarse no solo en la obesidad general, sino también en el control del metabolismo de la glucosa y en la reducción de la grasa visceral durante la mediana edad, con el objetivo de ralentizar el deterioro cerebral y disminuir el riesgo de demencia en la vejez.

En base a Ekl Tiempo GDA/Katherine Bravo

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