Hablar mientras se duerme suele despertar curiosidad e incluso preocupación, pero los especialistas coinciden en que, en la mayoría de los casos, se trata de un fenómeno normal y sin consecuencias para la salud. Conocida como somniloquia, esta conducta puede ir desde murmullos y palabras sueltas hasta frases completas o conversaciones aparentemente coherentes, aunque quien las pronuncia rara vez recuerda algo al despertar.
Los expertos en medicina del sueño explican que el cerebro no se desconecta por completo durante la noche. En determinadas circunstancias, algunas áreas vinculadas al lenguaje pueden activarse mientras la persona sigue dormida, dando lugar a estos episodios.
Diversos factores pueden favorecer que aparezca la somniloquia. Entre los más frecuentes se encuentran el estrés, la ansiedad, la falta de descanso, el consumo de alcohol, la fiebre, los cambios en los horarios de sueño y ciertos trastornos que alteran la calidad del descanso. En general, cualquier situación que interfiera con los patrones normales del sueño puede aumentar la probabilidad de hablar dormido.
Uno de los mitos más extendidos es que las personas revelan secretos o pensamientos ocultos mientras duermen. Sin embargo, la evidencia científica no respalda esta creencia. Investigaciones sobre el contenido de las expresiones pronunciadas durante el sueño muestran que suelen ser fragmentarias, poco coherentes y, en muchos casos, relacionadas con la actividad onírica del momento.
Contrario a lo que suele pensarse, hablar dormido no ocurre únicamente durante los sueños. La mayoría de los episodios se registra en fases de sueño no REM, mientras que una proporción menor aparece durante la fase REM, cuando los sueños suelen ser más vívidos. Por eso, algunas expresiones pueden parecer conectadas con lo que la persona está soñando, mientras que otras consisten simplemente en sonidos o frases sin sentido aparente.
Aunque la somniloquia suele ser inofensiva, los especialistas recomiendan consultar con un profesional si los episodios son muy frecuentes, alteran el descanso, se acompañan de conductas agresivas durante el sueño o aparecen junto a otros trastornos como el sonambulismo o la apnea.
Para reducir su frecuencia, las recomendaciones apuntan a mejorar la higiene del sueño: mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, dormir entre siete y nueve horas por noche, limitar el consumo de alcohol y cafeína, controlar el estrés y procurar que el dormitorio sea un espacio tranquilo, oscuro y con una temperatura confortable.
Con base en El Tiempo/GDA