Qué ocurre en el cerebro cuando se reza o se medita: la ciencia analiza los efectos de la oración

Diversos estudios en neurociencia investigan cómo la oración y la meditación influyen en la actividad cerebral y en la salud mental. Expertos señalan beneficios, aunque también advierten límites en las conclusiones.

Meditación, silencio
Mujer medita en silencio.
Foto: Freepik.

Durante décadas, distintos estudios han intentado comprender qué sucede en el cerebro cuando se reza o se medita. La neurociencia empezó a observar que estas prácticas espirituales no solo tienen un valor religioso o cultural, sino que también podrían generar cambios medibles en la actividad cerebral y en el bienestar emocional.

En ese marco surgió una disciplina relativamente reciente conocida como neuroteología o neuroespiritualidad, dedicada a estudiar la relación entre la experiencia religiosa y el funcionamiento del cerebro. Gracias a tecnologías de neuroimagen cada vez más precisas, investigadores de distintos países buscan identificar qué circuitos neuronales se activan durante prácticas como la oración o la meditación.

Lo que muestran las investigaciones sobre oración y meditación

El científico argentino Diego Golombek abordó este fenómeno en su ensayo Una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel. Allí analiza cómo la actividad cerebral puede verse influida por distintas prácticas espirituales, desde la oración hasta la meditación o los rituales religiosos.

En su libro Las neuronas de Dios, Golombek también repasa estudios realizados durante las últimas décadas en comunidades religiosas y meditadores. Según explica el investigador, la neurociencia de la religión ha comenzado a detectar patrones de actividad eléctrica en determinadas áreas del cerebro vinculadas con experiencias que las personas describen como místicas o espirituales.

Estas investigaciones sugieren que ciertas prácticas, como repetir mantras, rezar o participar en rituales, podrían dejar una “marca” particular en el funcionamiento del cerebro. Aunque los mecanismos exactos todavía se investigan, muchos especialistas coinciden en que estas actividades pueden tener efectos positivos sobre el bienestar emocional.

Miles de fieles se concentraron en la Aduana de Oribe para rezar ante la imagen de la Virgen María. Foto: M. Bonjour

Beneficios posibles para la salud mental

Otra línea de investigación fue desarrollada por el neurocientífico estadounidense Andrew B. Newberg, director de investigación del Instituto Marcus de Salud Integral del Hospital Universitario Thomas Jefferson, en Filadelfia. En un estudio publicado en 2025 sobre neuroteología y psiquiatría integrativa, analizó el impacto de la religiosidad y espiritualidad en la salud mental.

Según ese trabajo, numerosos estudios realizados en las últimas tres décadas encontraron una asociación entre la práctica religiosa y menores niveles de ansiedad, depresión y consumo problemático de sustancias. Además, las personas que participan regularmente en actividades espirituales suelen reportar mayor satisfacción con la vida y niveles más altos de bienestar.

Los investigadores plantean que estos efectos podrían actuar como un factor protector a lo largo del ciclo vital, incluyendo etapas sensibles como la infancia y la adolescencia. Sin embargo, aclaran que la relación es compleja y que no necesariamente implica una causalidad directa.

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Meditar es un hábito "rejuvenecedor".
Foto: Freepik.

El debate científico sobre la neuroespiritualidad

A pesar de los resultados alentadores, el campo de la neuroespiritualidad también genera debate dentro de la comunidad científica. Algunos especialistas advierten que interpretar la actividad cerebral durante la oración puede ser más complejo de lo que parece.

El científico español Javier Bernácer, director del Centro Internacional de Neurociencia y Ética, ha señalado que las técnicas de neuroimagen permiten observar cambios en el cerebro mientras una persona reza o medita, pero que eso no significa necesariamente que dichos cambios se deban exclusivamente a la práctica espiritual.

Desde otra perspectiva, el médico, neurocientífico y sacerdote José Manuel Giménez Amaya sostiene que la experiencia religiosa implica la activación simultánea de múltiples redes neuronales. Según explicó en una conferencia sobre el tema, este tipo de vivencias involucra procesos emocionales, cognitivos y perceptivos que actúan de manera integrada.

En definitiva, la ciencia todavía está lejos de ofrecer respuestas definitivas. Lo que sí parece claro es que prácticas como la oración y la meditación no solo tienen un significado espiritual para millones de personas, sino que también despiertan un creciente interés en el mundo de la neurociencia por entender cómo influyen en el cerebro y en el bienestar humano.

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