En un contexto atravesado por las distracciones constantes, la sobrecarga de información y el uso permanente de la tecnología, muchas personas encuentran dificultades para iniciar o completar tareas. En algunos casos, esto se relaciona con el miedo al fracaso, la ansiedad o la sensación de sentirse abrumado. Esa tendencia a postergar actividades o evitar determinadas situaciones es conocida como procrastinación.
Según especialistas, este comportamiento no necesariamente responde a falta de disciplina o motivación. Desde la neurociencia y la psicología, distintos estudios plantean que puede tratarse de una respuesta del cerebro frente a amenazas percibidas.
Charlie Heriot-Maitland, psicólogo clínico y autor del libro Controlled Explosions in Mental Health, sostiene que el autosabotaje suele funcionar como un patrón inconsciente que termina interfiriendo en los planes, objetivos y actividades cotidianas de las personas.
De acuerdo con la Asociación de Psicología para la Ciencia, la procrastinación podría explicarse como una tensión entre el sistema límbico —la parte del cerebro relacionada con el placer y las emociones— y la corteza prefrontal, vinculada a la planificación y la toma de decisiones. Esta lucha interna aparece especialmente cuando la persona debe enfrentarse a una tarea que percibe como desagradable o amenazante.
Heriot-Maitland señala además que este mecanismo puede estar relacionado con respuestas evolutivas de supervivencia reforzadas por el miedo, los traumas o patrones aprendidos a lo largo de la vida.
Frente a este fenómeno, especialistas recomiendan identificar las causas que llevan a procrastinar. Entre las más frecuentes aparecen el miedo al fracaso, el perfeccionismo, la falta de interés o la sensación de estar desbordado.
También aconsejan evitar la culpa excesiva, ya que sentirse mal por procrastinar puede aumentar el estrés y empeorar el problema. Otra recomendación habitual consiste en dividir las tareas grandes en pasos más pequeños y manejables para que resulten menos intimidantes.
La priorización de actividades también aparece como una estrategia útil. Algunos especialistas sugieren clasificarlas entre urgentes e importantes, importantes pero no urgentes, urgentes pero poco importantes y aquellas que no son prioritarias.
A esto se suma la necesidad de construir horarios realistas, reducir distracciones como notificaciones o redes sociales y mantener organizado el espacio de trabajo para evitar desviar la atención.
Otra técnica conocida consiste en comenzar por la tarea más difícil del día, una estrategia popularmente llamada “comerse el sapo”. Según los especialistas, completar primero la actividad más compleja puede hacer que el resto de la jornada resulte más liviano.
Además, recomiendan establecer metas específicas y alcanzables, incorporar pequeñas recompensas para reforzar hábitos positivos e identificar cuáles son los momentos del día de mayor productividad para realizar las tareas más exigentes.
En base a El Tiempo/GDA
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