La filosofía Montessori: "Nunca ayudes a un niño en una tarea en la que siente que puede tener éxito"

Crianza y autonomía infantil: la regla de oro de Maria Montessori para no sobreproteger y el secreto poderoso para generar niños seguros de sí mismos.

Adolescente, padres
Padres con su hijo adolescente.
Foto: Freepik.

Mucho antes de que se hablara de “crianza helicóptero” o de sobreprotección parental, Maria Montessori ya cuestionaba una costumbre muy extendida entre los adultos: intervenir demasiado rápido cuando un niño intenta hacer algo por sí mismo.

La pedagoga italiana resumió esa idea en una frase que todavía circula en escuelas y espacios de crianza de todo el mundo: “Nunca ayudes a un niño en una tarea en la que siente que puede tener éxito”.

Detrás de esa afirmación había una idea central de su método educativo: la autonomía no era simplemente aprender a hacer cosas solo, sino una herramienta fundamental para construir confianza, autoestima y capacidad de decisión.

Montessori sostenía que muchas veces los adultos ayudan por apuro, miedo al error o necesidad de control. Pero advertía que resolver constantemente las dificultades de un niño podía transmitirle, incluso sin intención, el mensaje de que no era capaz.

Padre e hijo reciclando plásticos
Padre e hijo reciclando plásticos.
Foto: Freepik.

Por eso daba valor a situaciones cotidianas que muchas veces parecen menores: ponerse una campera, ordenar juguetes, servirse agua o intentar resolver un problema sin intervención inmediata. Para ella, esos pequeños logros tenían un impacto profundo en el desarrollo emocional.

Su mirada surgió a comienzos del siglo XX, en una época donde predominaban modelos educativos rígidos y centrados en la memorización. Formada originalmente como médica —fue una de las primeras mujeres en graduarse de Medicina en Italia— Montessori propuso una educación basada en la observación del niño y en la adaptación del entorno a sus necesidades reales.

A partir de su trabajo con niños en situación de vulnerabilidad y con discapacidades cognitivas en Roma, llegó a una conclusión que marcaría toda su obra: los chicos aprenden mejor cuando pueden explorar, equivocarse y avanzar a su propio ritmo.

Niño fuerte
Niño fuerte.
Foto: Freepik.

Esa filosofía quedó plasmada en libros como The Montessori Method y The Absorbent Mind, donde planteaba que el rol de padres y docentes no debía ser el de resolver cada dificultad, sino el de acompañar sin invadir.

Dentro de su método, los adultos funcionaban como “guías” u “observadores dinámicos”: personas capaces de intervenir solo cuando el niño realmente lo necesitara o pidiera ayuda. Incluso en esos casos, el apoyo debía ser mínimo, suficiente apenas para que pudiera retomar la tarea por sus propios medios.

Más de un siglo después, muchas de sus ideas volvieron a ganar fuerza en medio de los debates actuales sobre autonomía infantil, tolerancia a la frustración y crianza. Porque para Montessori, aprender no consistía únicamente en adquirir conocimientos, sino también en descubrir —desde temprano— de qué cosas uno es capaz.

Con base en El Tiempo/GDA

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