Una de las preguntas más frecuentes dentro de la psicología y la genética es si la personalidad está determinada desde el nacimiento o si se construye progresivamente a lo largo de la vida.
Desde la década de 1990, distintos estudios científicos han investigado la relación entre el comportamiento violento y una variante genética conocida como monoamino oxidasa A (MAOA), popularmente llamada el “gen guerrero”.
A partir de estas investigaciones, los científicos comenzaron a analizar cómo los genes pueden influir en ciertos rasgos de personalidad y comportamientos presentes desde edades tempranas.
Aysu Okbay, profesora asistente de Psiquiatría y Genética de rasgos complejos en Amsterdam UMC, explicó que en un principio se pensaba que los comportamientos humanos dependían de unos pocos genes con efectos muy grandes, aunque esa teoría fue descartada con el avance de la investigación científica.
Con el paso de los años, los expertos comprobaron que rasgos considerados altamente heredables, como la estatura o ciertos comportamientos, son mucho más complejos de lo que se creía inicialmente.
Cómo influyen los genes en la personalidad
Gracias a los avances en los estudios genéticos, los investigadores pudieron desarrollar análisis a gran escala que permitieron entender mejor de qué manera los genes participan en la construcción de la naturaleza humana y la personalidad.
Durante décadas, el debate entre naturaleza y crianza ocupó un lugar central dentro de la ciencia del comportamiento. Esta discusión fue impulsada por Francis Galton, quien en 1875 ayudó a desarrollar métodos para estudiar rasgos hereditarios a través de gemelos.
Aunque las primeras técnicas eran limitadas, a partir de la década de 1920 los científicos comenzaron a comparar las similitudes entre gemelos idénticos, dando origen a investigaciones más precisas sobre la herencia genética y la personalidad.
Actualmente, numerosos estudios coinciden en que la personalidad humana se organiza en cinco grandes dimensiones: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo.
El impacto de la crianza y los traumas
Otra de las grandes preguntas dentro de este campo es cuánto influye la crianza, el entorno y las experiencias traumáticas en el desarrollo de la personalidad.
Muchas personas consideran que el ambiente familiar, las relaciones sociales y los traumas vividos durante la infancia pueden moldear profundamente el comportamiento humano.
Según Brent Roberts, profesor de Psicología de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, la exposición a determinados trastornos y situaciones adversas durante la niñez puede relacionarse con la aparición de psicopatologías y un peor funcionamiento cognitivo en etapas posteriores de la vida.
Sin embargo, el especialista sostiene que las experiencias traumáticas sufridas en la adultez suelen tener consecuencias menos profundas sobre la personalidad.
“El trauma no te convierte en quien eres”, afirmó Roberts al explicar que las experiencias negativas no definen completamente la identidad de una persona.
El debate sobre el “gen guerrero” y la violencia
A pesar de los avances científicos, todavía existen incógnitas en torno a la genética del comportamiento, especialmente en relación con la violencia y el llamado gen guerrero.
Un estudio publicado por la revista Molecular Psychiatry indicó que más del 20% de la población mundial posee mutaciones de bajo riesgo vinculadas a estos genes.
Según Jari Tiihonen, investigador principal del estudio y profesor del departamento de Neurociencia de una institución sueca, aunque ciertas combinaciones genéticas pueden aumentar considerablemente el riesgo de desarrollar comportamientos violentos, la mayoría de las personas portadoras nunca llegan a manifestarlos.
Los especialistas remarcan que la conducta humana surge de una compleja interacción entre genes, ambiente, crianza, experiencias personales y factores sociales, por lo que la personalidad no puede explicarse únicamente a través de la genética.
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