¿Es un chiste o un ataque? Las claves para identificar la manipulación pasivo-agresiva

Especialistas explican por qué el cerebro reacciona al sarcasmo como a un ataque directo y cómo poner límites reduce el conflicto en un 40%.

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Foto: Public Domain Pictures.

Redacción El País
Identificar a una persona con agresividad encubierta suele ser más complejo que reconocer una hostilidad abierta. A diferencia de la agresión explícita, este tipo de comportamiento se manifiesta de forma sutil, aunque puede detectarse en los primeros minutos de interacción, según coinciden expertos en psicología y conducta social.

Desde el enfoque psicológico, estas personas evitan el grito o el enfrentamiento directo, pero transmiten una tensión emocional constante a través de sus palabras y gestos. Su objetivo no es confrontar, sino generar incomodidad, culpa o confusión emocional en el otro, sin asumir responsabilidad por el impacto de sus acciones.

Los especialistas en comunicación no verbal señalan que uno de los primeros indicios de conducta pasivo-agresiva es la falta de coherencia entre lo que se dice y lo que expresa el lenguaje corporal. “Mantienen un tono aparentemente calmo, pero su mirada, su postura o sus gestos revelan malestar y resistencia”, explicaron expertos citados por La Vanguardia.

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Foto: Commons.

En el plano verbal, sus frases pueden sonar amables, pero suelen esconder dobles sentidos, sarcasmo o ironías destinadas a desestabilizar emocionalmente. A nivel no verbal, la evasión del contacto visual, el cruce de brazos o una sonrisa forzada son señales frecuentes de agresividad pasiva. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology (2022) indicó que las personas con estas tendencias recurren a la comunicación indirecta para expresar hostilidad mientras preservan una imagen social aceptable, lo que genera estrés psicológico en quienes interactúan con ellas.

Entre las formas más habituales de manipulación emocional aparecen los comentarios ambiguos y los halagos que funcionan como críticas encubiertas. En los primeros minutos de conversación, pueden introducir observaciones con doble intención o utilizar el sarcasmo como herramienta para atacar sin exponerse, escudándose luego en frases como “solo era una broma”.

La psicóloga clínica Judith P. Andersen, de la Universidad de Toronto, explicó que este tipo de humor “aparentemente inofensivo” activa en el cerebro respuestas similares a las de una amenaza directa, generando una sensación persistente de alerta, inseguridad y malestar emocional.

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Imagen: Stock Ad.

Para contrarrestar este tipo de dinámicas, los especialistas recomiendan no entrar en el juego emocional. Mantener la calma, responder con serenidad y establecer límites claros desde el inicio son estrategias fundamentales para evitar que la interacción derive en conflicto o manipulación. También es clave no tomar estos comentarios como algo personal, ya que suelen reflejar frustraciones internas e inseguridades del agresor.

Los psicólogos aconsejan priorizar la comunicación asertiva, con respuestas firmes, claras y sin hostilidad, al tiempo que se protegen los límites personales. Un estudio publicado en el Journal of Social and Personal Relationships (2023) reveló que quienes aplican estrategias de comunicación asertiva reducen hasta en un 40% la repetición de conductas pasivo-agresivas, tanto en el ámbito laboral como familiar.

En síntesis, detectar la agresividad encubierta requiere escucha activa y una observación atenta de las señales emocionales y conductuales. Indicadores sutiles como una sonrisa tensa, un sarcasmo fuera de lugar o un comentario ambiguo suelen ser más reveladores que cualquier palabra amable.

Como concluyen los expertos en psicología social, la verdadera agresividad “rara vez grita: se disfraza de educación”, y reconocerla a tiempo resulta clave para proteger la salud emocional y preservar la calidad de las relaciones personales y profesionales.

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