Qué dice la psicología sobre las personas demasiado buenas y el riesgo de vivir complaciendo

El psicólogo Xavier Guix advierte que detrás de la necesidad constante de agradar y cumplir con todos puede haber dificultad para poner límites y conectar con los propios deseos.

Mujer abrigada
Mujer abrigada muestra la piel de su rostro.
Foto: Magnific.

Tener trabajo, estabilidad económica o una relación de pareja suele asociarse con la idea de una vida “resuelta”. Sin embargo, para el psicólogo español Xavier Guix, esa sensación puede ser frágil y cambiar de un momento a otro. Durante una charla del ciclo Aprendemos Juntos 2030, el especialista reflexionó sobre cómo muchas personas viven convencidas de que su camino ya está definido, hasta que una crisis o un cambio inesperado las obliga a replantearse todo.

Guix contó que en su juventud imaginaba una carrera ligada a la comunicación y al espectáculo, pero la recesión económica de 1993 cambió sus planes y lo llevó a revisar qué era aquello que realmente le apasionaba desde chico. Ese proceso terminó acercándolo a la psicología, disciplina en la que luego se convirtió en una de las voces más reconocidas sobre comportamiento humano y desarrollo personal.

Cuando ser “bueno” significa obedecer demasiado

A partir de su experiencia clínica, Guix identificó ciertos patrones comunes en personas que suelen ser definidas por su entorno como “demasiado buenas” o excesivamente complacientes.

Según explicó, muchas de ellas crecieron bajo una fuerte idea del deber y aprendieron desde la infancia que cumplir expectativas era una forma de ser aceptadas. En ese contexto, obedecer se transforma en un valor central y decir que no empieza a generar culpa o angustia.

El psicólogo relató el caso de una paciente que reconoció que solo hacía cosas por obligación y que nunca se detenía a pensar qué quería realmente para sí misma. Para Guix, ese tipo de conductas muestran cómo algunas personas terminan organizando toda su vida alrededor de las necesidades ajenas.

“Los buenos, en realidad, son obedientes”, sostuvo el especialista, al advertir que quienes viven intentando agradar suelen tener grandes dificultades para poner límites.

Felicidad
Hombre feliz al aire libre.
Foto: Freepik.

El origen de la necesidad de complacer

Guix señaló que este comportamiento no siempre surge de familias exigentes o autoritarias. En algunos casos, explicó, aparece como respuesta a contextos caóticos durante la infancia.

Hay personas que crecieron en ambientes desordenados o conflictivos y que desarrollaron una necesidad extrema de control y organización para evitar volver a atravesar situaciones dolorosas. Esa búsqueda constante de orden también puede derivar en personalidades rígidas y muy orientadas al cumplimiento.

Para el especialista, todos esos mensajes que se incorporan desde chicos funcionan luego como “guiones de vida” difíciles de cuestionar en la adultez.

La consecuencia más frecuente, advirtió, es que quien pasa años complaciendo a los demás termina desconectándose de sus propios deseos, necesidades y límites.

Felicidad, libertad, naturaleza
Mujer abre los brazos en señal de libertad.
Foto: Freepik.

Aprender a decir que no

El psicólogo afirmó que este fenómeno es cada vez más habitual y que muchas personas sienten angustia solo de imaginar la posibilidad de negarse a pedidos laborales o familiares.

En consulta, explicó, es común encontrarse con personas incapaces de rechazar tareas extra o poner freno a ciertas demandas por miedo a decepcionar a otros.

Para Guix, el primer paso para salir de esa lógica no es volverse distante ni egoísta, sino aprender a reconocer lo que uno necesita. Poner límites, concluye, no significa levantar barreras contra los demás, sino empezar a conectar con los propios deseos.

En base a La Nación/GDA

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

GDA

Te puede interesar