La presencia de vegetación en los espacios interiores tiene una dimensión simbólica dentro del Feng Shui, una disciplina oriental que vincula las plantas saludables con la vitalidad, el crecimiento y la circulación de energía.
Desde esta perspectiva, mientras las plantas en buen estado favorecen un entorno dinámico, aquellas que están secas o deterioradas pueden representar estancamiento energético y bloqueos.
Sin embargo, antes de atribuir el deterioro de una planta a cuestiones energéticas, es necesario observar sus condiciones físicas. El estado de las hojas, los tallos y el sustrato puede ofrecer pistas sobre las causas del decaimiento.
Qué puede estar afectando a una planta
La falta de riego puede manifestarse mediante hojas caídas y tierra completamente seca. En cambio, un exceso de agua o un drenaje inadecuado pueden provocar que el sustrato permanezca húmedo, además de generar tallos blandos y raíces oscurecidas.
Las hojas amarillas pueden relacionarse con un exceso de humedad, una iluminación inadecuada o el proceso natural de envejecimiento. Los bordes y las puntas quemadas, por su parte, pueden asociarse con la exposición directa al sol o con ambientes de baja humedad relativa.
Para prevenir el deterioro, se recomienda revisar las plantas periódicamente, mantener limpia su superficie, asegurar una ventilación y una iluminación adecuadas y retirar a tiempo las partes secas.
Qué hacer con una planta deteriorada
Cuando el daño de una planta es irreversible, el Feng Shui recomienda retirarla del interior de la vivienda. Después, propone limpiar el espacio donde estaba ubicada la maceta, como una forma simbólica de cerrar un ciclo y favorecer la renovación del ambiente.
Una vez despejado el lugar, la práctica recomienda incorporar un nuevo ejemplar saludable, elegido de acuerdo con las condiciones de luz y humedad disponibles.
De esta manera, el cuidado de las plantas se combina con la dimensión simbólica que el Feng Shui les atribuye dentro del hogar.
Otros elementos que pueden alterar el ambiente
El Feng Shui también considera que determinados ruidos, objetos dañados y hábitos cotidianos pueden alterar el equilibrio energético de una vivienda y repercutir en el bienestar emocional de quienes la habitan.
Entre los factores que señala se encuentran los ruidos constantes de televisores o dispositivos electrónicos, las puertas que rechinan, los golpes fuertes, la acumulación de objetos sin uso, las discusiones frecuentes, la falta de ventilación y las alarmas o timbres estridentes.
Para favorecer un ambiente más armónico, esta filosofía propone incorporar sonidos suaves, como campanas o agua; eliminar estímulos considerados negativos; mantener despejados los accesos; renovar el aire y la iluminación; sumar plantas y realizar tareas frecuentes de limpieza y orden.
En base a El Tiempo/GDA