Psicóloga especializada en vínculos: “Esta es la pregunta que te salvará de querer volver con un ex”

Especialista en bienestar emocional y relaciones de pareja plantea que no es el amor lo que impide terminar una relación, sino la dificultad para tolerar lo que viene después.

Mujer llorando frente a un espejo
Mujer llorando frente a un espejo.
Foto: Freepik.

Hay rupturas que terminan en el momento en que una pareja se separa y otras que continúan durante meses, incluso cuando ya no existe contacto. La persona recuerda, imagina qué estará haciendo el otro, repasa conversaciones, idealiza los buenos momentos y, cuando el dolor o la ansiedad se vuelven difíciles de soportar, aparece una tentación conocida: escribirle, llamarlo o buscar cualquier excusa para volver a acercarse.

Para Jennifer Florez, psicóloga especializada en bienestar emocional y relaciones de pareja, en esos momentos conviene hacerse una pregunta diferente. No se trata solamente de preguntarse cuánto se extraña a esa persona, sino de revisar qué era realmente aquello que se extrañaba de la relación y qué se desea para la propia vida afectiva.

Según la especialista, a veces se interpreta la dificultad para terminar una relación como una prueba de que todavía existe demasiado amor. Pero la explicación puede ser otra. “No es que no puedas terminar porque lo amas o la amas mucho. No podés terminar porque no podés contigo cuando termines esa relación”, señaló.

La ruptura puede activar ansiedad, tristeza, insomnio, nostalgia y una tendencia a recordar de manera selectiva los momentos agradables. Cuando esas emociones se vuelven muy intensas, recuperar el contacto con el ex puede funcionar como una forma inmediata de aliviar el malestar.

El problema es que ese alivio puede terminar prolongando el proceso de separación. “Aunque no lo llames, no le escribas, estás todo el tiempo rumiando”, explicó Florez, en referencia a ese pensamiento repetitivo que mantiene a la persona vinculada emocionalmente con quien ya no está en su vida.

Corazón
Persona sostiene un corazón de papel en su mano.
Foto: Freepik.

Por eso, para la psicóloga, sostener una decisión de ruptura no significa dejar de sentir de un día para otro. Significa aprender a atravesar esas emociones sin utilizarlas como una razón automática para regresar.

Uno de los obstáculos después de una ruptura es la tendencia a recordar especialmente aquello que funcionaba bien. La nostalgia puede convertir los mejores momentos de una relación en una versión parcial de la historia y dejar fuera las situaciones que llevaron a tomar la decisión de terminar.

Frente a ese mecanismo, Florez propone algo concreto: escribir. La recomendación es hacer una lista completa de aquello que no se quería, no se merecía o había generado sufrimiento dentro de la relación. No solamente los grandes conflictos, sino también aquellas situaciones repetidas que fueron desgastando el vínculo.

La lista puede convertirse en una herramienta para consultar cuando aparezca el impulso de romper el contacto cero. En lugar de actuar inmediatamente desde la ansiedad, la persona puede detenerse, respirar y volver a leer aquello que escribió cuando tenía una mirada más amplia sobre la relación.

Florez también propone ponerle un nombre diferente a lo que ocurre en esos momentos de ansiedad. Ante las ganas repentinas de volver a contactar a la expareja, sugiere recordarse: “Esto no es amor, esto es natural a mi decisión de romper la relación. Es normal”.

Mujer corazón triste
Mujer observa un corazón de papel con cara triste.
Foto: Freepik.

La idea apunta a separar dos experiencias que pueden confundirse: extrañar a alguien y necesitar volver con esa persona no son necesariamente lo mismo. Una ruptura puede doler profundamente y, al mismo tiempo, ser una decisión correcta. Sentir ansiedad o nostalgia no significa automáticamente que haya que modificarla.

Después de elaborar la lista, Florez propone terminarla con tres preguntas: “¿Esto es lo que extraño? ¿Esto es lo que quiero en el amor? ¿Es lo que merezco?”. El valor de estas preguntas está en que desplazan la atención. En lugar de concentrarse únicamente en cuánto se extraña al otro, obligan a mirar la relación desde las propias necesidades y expectativas.

Preguntarse qué se quiere y qué se considera merecer en una relación permite introducir una dimensión diferente: no solamente “¿lo extraño?”, sino “¿quiero volver a vivir esto?”.

Una ruptura supone una pérdida y, como cualquier proceso de duelo, puede estar acompañada por emociones intensas. Pretender no sentirlas puede hacer todavía más difícil atravesar el proceso. La propuesta de Florez apunta, en cambio, a tolerar ese malestar sin convertirlo inmediatamente en una orden de regreso. Respirar, escribir, esperar antes de contactar y recordar por qué se tomó la decisión son formas de crear un espacio entre la emoción y la acción.

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