Ser madre o padre soltero y el bienestar emocional: qué factores influyen en la felicidad, según la psicología

Ni la falta de pareja ni el estigma: las verdaderas causas detrás del agotamiento al criar en solitario y la conclusión de un estudio masivo sobre monoparentalidad.

Madre, bebé
Madre con bebé.
Foto: Freepik.

Criar a un hijo implica tiempo, dinero, energía y una enorme carga de responsabilidades. Cuando todas esas tareas recaen principalmente sobre una sola persona, la presión puede multiplicarse. Un reciente análisis de investigaciones sobre monoparentalidad encontró que, en promedio, los padres y madres que crían sin convivir con una pareja reportan menores niveles de felicidad que quienes viven con otro adulto y comparten la crianza.

Sin embargo, los resultados también plantean una cuestión fundamental: la menor satisfacción no parece ser una consecuencia inevitable de criar en solitario, sino de las dificultades económicas, laborales y emocionales que suelen acompañar esta situación.

La investigación fue liderada por Susanne Elsas, de la Universidad de Bamberg, en Alemania, y reunió información procedente de 54 publicaciones científicas con datos sobre el bienestar de personas que crían a sus hijos sin convivir con una pareja. En conjunto, los trabajos analizados incluyeron información de alrededor de dos millones y medio de participantes.

El análisis, publicado en Journal of Happiness Studies, encontró que en la mayoría de los países estudiados los progenitores que crían solos presentan, en promedio, menores niveles de felicidad que aquellos que viven en pareja. Los investigadores se refieren a este fenómeno como una “penalización de la felicidad”.

Sin embargo, hablar de promedios resulta importante. Esto no significa que todas las personas que crían solas sean infelices ni que la convivencia en pareja garantice una vida más satisfactoria. De hecho, el análisis también encontró que, en determinados contextos, las personas que son madres o padres solteros pueden reportar mayores niveles de bienestar que quienes no tienen hijos. Las diferencias dependen de múltiples factores, entre ellos el país y las condiciones sociales en las que viven las familias.

Padre rezongando a su hija
Padre rezongando a su hija.
Foto: Freepik.

¿Por qué criar en solitario puede convertirse en una experiencia particularmente exigente? Uno de los principales factores identificados por los investigadores es la presión económica. En un hogar monoparental, una sola persona puede tener que asumir simultáneamente la generación de ingresos, el mantenimiento de la vivienda y buena parte de las tareas relacionadas con el cuidado de los hijos.

A esto se suma un desafío habitual para muchas familias: compatibilizar el trabajo con la crianza. Cuando no existe otro adulto en el hogar con quien distribuir las responsabilidades, una enfermedad del hijo, una reunión escolar o un cambio inesperado de horario pueden convertirse en un complejo problema de organización. La falta de flexibilidad laboral y las dificultades para acceder a servicios de cuidado infantil pueden intensificar todavía más esa sobrecarga.

Muchas familias monoparentales se forman después de una separación o un divorcio. Por eso, en algunos casos, la menor satisfacción con la vida puede estar relacionada no solamente con las exigencias de la crianza, sino también con el proceso de ruptura y sus consecuencias. Una separación puede implicar cambios económicos, modificaciones en la rutina familiar, conflictos con la expareja y la necesidad de adaptarse a una nueva forma de organizar la vida cotidiana.

Cuando existen hijos en común, además, la relación con la otra persona no siempre desaparece. Las decisiones relacionadas con la crianza pueden requerir contacto y negociaciones que, en determinadas circunstancias, resultan emocionalmente difíciles. La acumulación de estas experiencias puede afectar el bienestar psicológico y aumentar los sentimientos de estrés, soledad o agotamiento.

Pero una menor felicidad no es una característica de la monoparentalidad. Este es, probablemente, uno de los hallazgos más importantes del análisis. Los investigadores concluyeron que la menor satisfacción observada en numerosos estudios no debería interpretarse como una característica inherente a las familias monoparentales. En cambio, sería el resultado de la acumulación de determinadas circunstancias: sobrecarga de responsabilidades, dificultades económicas, problemas de salud, falta de tiempo y desgaste emocional asociado a algunas transiciones familiares.

Esta diferencia resulta fundamental. No es necesariamente la ausencia de una pareja lo que determina el bienestar de una madre o un padre, sino las condiciones en las que esa persona debe desarrollar la crianza. Por eso, el contexto social puede marcar una enorme diferencia.

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Foto: Commons.

Contar con familiares, amigos o personas de confianza puede ayudar a reducir la sensación de que todas las responsabilidades recaen sobre una sola persona. Una red de apoyo puede ofrecer ayuda práctica —como cuidar ocasionalmente a los niños—, pero también contención emocional durante momentos de estrés o dificultad. La atención psicológica puede ser otra herramienta importante para quienes atraviesan sentimientos persistentes de tristeza, agotamiento o pérdida de control.

Pero el estudio también pone el foco en una cuestión que va más allá de las decisiones individuales. El acceso a empleos con horarios compatibles con la vida familiar, los servicios de cuidado infantil y las políticas públicas destinadas a proteger económicamente a las familias pueden contribuir de manera significativa al bienestar de quienes crían solos.

La investigación permite cuestionar una mirada simplista sobre la monoparentalidad. No todas las familias tienen la misma estructura, y vivir con una pareja no es la única condición que determina el bienestar de un padre, una madre o un hijo. Los resultados sugieren, en cambio, que la felicidad de quienes crían en solitario está estrechamente vinculada con los recursos disponibles y el apoyo que reciben. Por eso, más que preguntarse si una persona puede ser feliz criando sola, la pregunta puede ser otra: ¿cuánto apoyo recibe para no tener que hacerlo todo sola?

Con base en La Nación/GDA

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