Neurociencia de la lectura: cómo leer libros mejora la salud mental y previene el daño cognitivo

¿Te cuesta concentrarte? Por qué sentarte a leer es el mejor entrenamiento para proteger tu cerebro hoy y cuáles son los beneficios de releer un libro, según especialistas.

Leer, café
Mujer lee mientras toma una taza de café.
Foto: Freepik.

Entre tantas pantallas, notificaciones y consumo rápido de información, sentarse a leer un libro es una de las actividades más exigentes —y beneficiosas— para el cerebro. Lejos de ser un pasatiempo pasivo, la lectura implica un trabajo mental complejo que pone en marcha múltiples funciones cognitivas y emocionales al mismo tiempo.

Cuando una persona lee, el cerebro no se limita a decodificar palabras. Intervienen áreas vinculadas a la visión, la memoria, el lenguaje, la imaginación y la emoción, que se activan de manera coordinada. Ese esfuerzo sostenido favorece la atención, entrena la capacidad de comprensión profunda y fortalece habilidades como la empatía, al permitirle al lector ponerse en el lugar de otros personajes y contextos.

Desde el punto de vista neurobiológico, la lectura también tiene un impacto químico. Durante esta actividad se liberan neurotransmisores asociados al placer y al bienestar, como la dopamina y la serotonina, y otros vinculados a la conexión emocional, como la oxitocina. Esta combinación explica por qué leer puede resultar tan gratificante como calmante, además de estimular la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse con el paso del tiempo.

El neurólogo Gurutz Linazasoro señala que la lectura activa circuitos cerebrales de recompensa, pero también genera respuestas emocionales variadas según el contenido. Relatos que despiertan placer o identificación tienden a activar neurotransmisores asociados al bienestar, mientras que textos que abordan temas como la violencia, la injusticia o el miedo pueden estimular la liberación de adrenalina y corticoides. En todos los casos, explica, el cerebro responde de forma intensa y global.

Cerebro
Representación del cerebro humano.
Foto: Freepik.

Qué ocurre cuando se vuelve a leer un libro

Releer una obra no es una experiencia redundante. Por el contrario, implica una nueva activación de los circuitos de memoria, especialmente aquellos ligados a recuerdos emocionales. Al conocer la historia, el cerebro anticipa los acontecimientos y detecta matices que antes habían pasado inadvertidos: escenas que cobran otro sentido, frases que se resignifican o detalles que enriquecen la comprensión del relato.

Este proceso de anticipación y revisión refuerza la memoria y profundiza la conexión con el texto. Según Linazasoro, el cerebro funciona como un sistema de predicción constante, y la relectura potencia esa capacidad, al tiempo que consolida aprendizajes previos.

Leer libro
Hombre lee un libro con atención.
Foto: Freepik.

Lectura, atención e imaginación

Entre sus múltiples efectos, la lectura habitual mejora la concentración y estimula la imaginación, dos funciones clave que suelen verse afectadas por la sobreexposición a estímulos rápidos. Además de entretener, leer es una vía central para adquirir conocimiento y mantener activo el cerebro a lo largo de la vida.

El especialista advierte que la ausencia de estímulos intelectuales, como ocurre en casos de analfabetismo, se asocia a un mayor riesgo de deterioro cognitivo. Sin embargo, aclara que la lectura no actúa de forma aislada: sus beneficios se potencian cuando forma parte de un estilo de vida saludable que incluya actividad física, vínculos sociales, buen descanso, alimentación equilibrada y control de factores de riesgo como la presión arterial o la glucosa.

En ese entramado de hábitos, la lectura ocupa un lugar privilegiado: no solo como fuente de placer, sino como una herramienta concreta para cuidar la salud del cerebro a lo largo del tiempo.

Con base en El Tiempo/GDA

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