Las dos preguntas clave que guían nuestra necesidad de ser queridos, según el psicólogo Gabriel Rolón

Las huellas de la infancia que nos hacen buscar la aceptación de los demás en la adultez y por qué el reconocimiento en el trabajo y la pareja son una confirmación de afecto.

Pareja, amor, enamorados
Pareja abrazándose.
Foto: Freepik.

La necesidad de sentirse querido, valorado o reconocido atraviesa gran parte de las decisiones humanas, incluso en ámbitos donde aparentemente predominan cuestiones racionales como el trabajo o el éxito profesional. Sobre esta idea reflexionó el psicólogo y escritor Gabriel Rolón durante una de sus intervenciones en el programa radial Perros de la Calle.

En su análisis, el terapeuta sostuvo que detrás de muchas conductas cotidianas existe una preocupación emocional constante vinculada a la aceptación por parte de los demás. Durante su exposición, Rolón resumió esta búsqueda en dos interrogantes que, según explicó, acompañan a las personas desde distintos planos de la vida: “¿Cómo tengo que ser para que el otro me quiera?” y “Aun así, ¿me quiere?”.

Para el especialista, estas preguntas funcionan como una especie de motor emocional que influye tanto en las relaciones afectivas como en los vínculos sociales y laborales. El psicólogo explicó que esta necesidad de validación no se limita únicamente a la pareja, la familia o las amistades. También puede manifestarse en espacios profesionales.

Como ejemplo, mencionó situaciones habituales como pedir un aumento de sueldo o buscar reconocimiento dentro de una empresa. Según planteó, muchas veces detrás de ese deseo económico aparece una necesidad más profunda de sentirse valorado por otros.

Fuerte, autoestima
Mujer sintiéndose fuerte.
Foto: Freepik.

Desde esta mirada, el reconocimiento laboral no se interpreta solo como una cuestión material, sino también como una confirmación simbólica de aceptación y estima.

Rolón vinculó esta necesidad de aprobación con las primeras experiencias de la vida. Según explicó, desde el nacimiento el ser humano depende completamente de otros para sobrevivir y aprender a vincularse. El llanto del bebé, la atención de los adultos y las respuestas afectivas iniciales dejan una huella emocional que, de alguna manera, continúa presente en la adultez.

Para el terapeuta, esa experiencia temprana enseña que el otro puede brindar cuidado, contención y afecto, pero también que ese reconocimiento nunca está garantizado de forma absoluta.

A lo largo de la reflexión, Rolón sostuvo que gran parte de las conductas humanas pueden entenderse como intentos de obtener aprobación, cariño o validación externa. La necesidad de ser querido, comprendido o reconocido aparece entonces no como un rasgo excepcional, sino como una característica profundamente ligada a la experiencia humana y a la construcción de los vínculos sociales.

Con base en La Nación/GDA

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