La sobreprotección de los padres podría tener consecuencias negativas en la salud emocional de adolescentes y adultos jóvenes. Así lo indica una investigación publicada en la revista científica Development and Psychopathology, que encontró una relación entre el control excesivo ejercido por los adultos y una mayor presencia de síntomas de ansiedad y depresión.
El trabajo, del que dio cuenta originalmente La Nación, fue dirigido por Qi Zhang, de la Universidad de Wisconsin-Madison, y Wongeun Ji, de la Universidad Global de Handong. Los investigadores analizaron 52 artículos científicos que incluyeron a decenas de miles de participantes.
Los resultados mostraron asociaciones estadísticamente significativas entre las prácticas de crianza sobreprotectoras y problemas de salud mental en adolescentes y adultos jóvenes, cuya edad promedio rondaba los 20 años.
Cuando el cuidado se convierte en exceso
Los especialistas aclaran que la sobreprotección no equivale a una crianza atenta o comprometida. Se trata, más bien, de una intervención constante en la vida de los hijos, que limita su capacidad para enfrentar situaciones cotidianas por sus propios medios.
Según los expertos, este tipo de conductas puede transmitir al niño o adolescente el mensaje de que las dificultades exceden sus capacidades. El metaanálisis concluyó que la sobreprotección constituye un factor de riesgo modificable que influye en el bienestar emocional de los hijos.
La relación se observó en distintos contextos culturales y socioeconómicos, desde Estados Unidos hasta países de Sudamérica, lo que sugiere que el fenómeno trasciende fronteras y formas de organización familiar.
La importancia de aprender a enfrentar la frustración
La psicología actual destaca el papel de la autorregulación emocional. Marc Brackett, director del Centro de Inteligencia Emocional de Yale, la define como un conjunto de habilidades que se aprenden de manera intencional para gestionar las emociones de forma adecuada.
Estas capacidades se desarrollan, en gran medida, a partir de la experiencia y de la posibilidad de atravesar situaciones frustrantes o desafiantes. Cuando los adultos intervienen de forma permanente para evitar que los hijos experimenten incomodidad o fracaso, también reducen oportunidades valiosas de aprendizaje.
En esa línea, una revisión sistemática publicada en 2022 en Frontiers in Psychology, que examinó 38 estudios sobre el tema, llegó a conclusiones similares. Si bien sus autores señalaron que gran parte de la evidencia disponible corresponde a investigaciones realizadas en momentos puntuales, otros trabajos de seguimiento reforzaron la misma tendencia.
Uno de ellos, encabezado por Rogers en 2020 y realizado con 500 adolescentes, mostró que quienes habían estado expuestos a mayores niveles de crianza controladora presentaban años más tarde índices más elevados de ansiedad y depresión.
Los investigadores subrayan la necesidad de distinguir entre la negligencia y la independencia necesaria para el desarrollo. Afrontar una mala calificación, resolver un conflicto o administrar el tiempo libre sin una planificación constante son experiencias que contribuyen a construir autonomía y resiliencia.
Aunque la sobreprotección no explica por sí sola los problemas de salud mental, los especialistas consideran que reducir estas conductas podría favorecer un mejor bienestar emocional en las futuras generaciones.
En base a La Nación/GDA
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