Gabriel Rolón, sobre el grito y el llanto: "La única manera que encuentra la palabra cuando no hay más palabras”

El psicólogo profundizó sobre los recursos que permiten soltar la tensión y la angustia cuando expresarlas hablando no es posible, un análisis relevante para una vida contemporánea repleta de estrés.

Gabriel Rolón.
Gabriel Rolón.
Foto: Difusión.

El escritor y psicoanalista Gabriel Rolón suele abordar con gran pericia desde la psicología diversos temas que impactan la salud mental de las personas en la actualidad. Una reflexión reciente del psicólogo argentino se centra en el grito y el llanto como como recursos de desahogo ante la imposibilidad de expresar las emociones hablando: “El grito y el llanto son la única manera que encuentra la palabra cuando no hay más palabras, cuando no se puede decir porque te desborda y porque ya lo que pasa en el cuerpo y en la emoción es tan potente que no hay palabras que lo describan”.

Rolón compartió este análisis a través de la columna que realiza en su programa Perros de la Calle, en la radio Urbana Play. Allí, afirmó que estas manifestaciones funcionan como herramientas de “sanidad emocional”, indispensables para expulsar un dolor que, de otra manera, sería imposible de tolerar.

De ese modo, Rolón afirmó que muchas veces aquellas dos reacciones son las “únicas maneras de poder comunicarlo, de poder sacarlo del cuerpo, es un llanto, es un grito”.

“Entonces, yo valoro mucho esos momentos, esos instantes donde alguien lo que hace por sanidad es sacar un poco eso del cuerpo que le pasa porque si no ya no puede pensar, no puede volver a... Entonces, cuando uno hace así, después de unos minutos... Ya está, ya me calmé”, destacó el profesional.

En tanto, explicó: “¿Qué te pasó? Bueno, sacaste un poco del cuerpo algo que no te iba a dejar en paz, que te iba a torturar". Asimismo, advirtió: “Pero sí es cierto que cuando alguien se anima a esas cosas, te miran mal. La gente no aguanta mucho tanta sinceridad del llanto y la sinceridad del grito”.

Según Rolón, esto sucede porque “es muy difícil estar enfrente de algo que es tan real, tan real que no tiene matices, que no tiene máscaras, que no tiene nada, que tenés que bancarte en pleno la emoción de un otro. Y a veces no hay con qué responder”. De esta manera, reivindicó el valor de estas reacciones humanas como una respuesta posible ante aquello que abruma.

Gabriel Rolón
Gabriel Rolón, psicoanalista y escritor argentino.
Foto: Darwin Borelli.

La visión de Gabriel Rolón sobre la angustia

Según Rolón, hay una emoción que no deja margen para la duda: la angustia. A diferencia de otros estados que pueden confundirse o reinterpretarse con el tiempo, esta se manifiesta de manera directa y contundente.

Rolón señaló que es habitual equivocarse respecto a lo que se siente. Creer que uno está enamorado, enojado o incluso feliz puede ser, en algunos casos, una percepción que luego cambia. Sin embargo, la angustia se impone de otra manera: atraviesa el cuerpo y se hace evidente a través de sensaciones físicas concretas.

Palpitaciones, sudoración, dificultad para hablar o una sensación de desborde son algunas de las formas en que aparece. Para el psicólogo, es precisamente esa intensidad la que la vuelve imposible de ignorar y la transforma en una señal de que algo importante está ocurriendo.

Los dos temas más importantes en la vida, según Rolón

La vida puede parecer un entramado infinito de preocupaciones, deseos, conflictos y búsquedas. Sin embargo, para Rolón, detrás de esa complejidad se esconden apenas dos grandes temas que atraviesan la existencia de todos: la sexualidad y la muerte.

Gabriel Rolón. Foto: Ariel Colmegna
Gabriel Rolón.

Durante una entrevista en el programa La otra cara, conducido por Lourdes Ferro, Rolón reflexionó sobre cómo, a pesar de los cambios sociales, tecnológicos y culturales, las inquietudes humanas siguen siendo las mismas. Los tiempos modernos, explicó, no modifican la esencia de lo que nos duele o nos moviliza, sino la forma en que lo experimentamos.

Para Rolón, la historia de la humanidad se sostiene sobre esas dos columnas inevitables: el erotismo y la finitud. La sexualidad representa la fuerza vital, el impulso de conexión, placer y creación; la muerte, en cambio, nos enfrenta a la pérdida, la ausencia y el límite. Entre ambas, se desarrolla todo lo demás: el amor, el miedo, la soledad, la búsqueda de sentido.

Con información de La Nación/GDA

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