Al pensar en la felicidad en la vida cotidiana, suele instalarse una confusión frecuente: creer que no estar mal equivale a estar bien. Sobre este punto, el psicólogo y escritor Gabriel Rolón plantea una distinción clave: no es lo mismo transitar sin malestar que experimentar una verdadera sensación de felicidad.
En su participación en el programa Perros de la calle, el especialista invitó a revisar las propias emociones y a registrar con mayor atención lo que el cuerpo y la experiencia subjetiva van marcando en el día a día.
La angustia como señal inequívoca
Según explicó, hay una emoción que no deja margen para la duda: la angustia. A diferencia de otros estados que pueden confundirse o reinterpretarse con el tiempo, esta se manifiesta de manera directa y contundente.
Rolón señaló que es habitual equivocarse respecto a lo que se siente. Creer que uno está enamorado, enojado o incluso feliz puede ser, en algunos casos, una percepción que luego cambia. Sin embargo, la angustia se impone de otra manera: atraviesa el cuerpo y se hace evidente a través de sensaciones físicas concretas.
Palpitaciones, sudoración, dificultad para hablar o una sensación de desborde son algunas de las formas en que aparece. Para el psicólogo, es precisamente esa intensidad la que la vuelve imposible de ignorar y la transforma en una señal de que algo importante está ocurriendo.
Entre la distracción y la felicidad
En ese marco, el autor remarcó que muchas veces lo que se interpreta como felicidad es, en realidad, la ausencia momentánea de malestar. Estados más bien neutros, donde la persona no está atravesada por conflictos visibles, pero tampoco conectada con una sensación plena de bienestar.
Esa diferencia, sostiene, se vuelve evidente cuando aparece la angustia: allí el cuerpo irrumpe con fuerza y deja en claro que no todo está en equilibrio. Por eso, reconocerla resulta fundamental para poder trabajar lo que sucede y no quedarse en una ilusión de bienestar superficial.
La reflexión de Rolón apunta, en definitiva, a afinar la escucha interna. Entender qué se siente, cómo se siente y qué señales da el cuerpo permite distinguir entre simplemente “estar más o menos bien” y transitar una experiencia más profunda de felicidad.
En base a La Nación/GDA
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