Estoicismo hoy: la lección de Séneca sobre el poder interior y el dominio de uno mismo

La mirada del estoicismo sobre el poder interior plantea que la verdadera autoridad no está en imponerse a otros, sino en gobernarse a uno mismo. Una idea romana con vigencia plena.

Estatua de Nerón y Séneca
Estatua de Nerón y Séneca
Foto: Flickr

Hablar de Séneca y del poder interior es volver sobre una idea que atraviesa dos mil años y no pierde filo. En tiempos donde el poder suele medirse en seguidores, dinero o cargos, el filósofo romano planteó algo bastante más incómodo: el hombre más fuerte es el que logra dominarse a sí mismo. En otras palabras, la verdadera autoridad no se ejerce hacia afuera, sino puertas adentro.

Lejos de asociar el poder con el control de otros, la tradición del estoicismo —corriente fundada hacia el 300 a.C. por Zenón de Citio— puso el foco en el autocontrol. Para los estoicos, entre ellos el propio Séneca, así como Epicteto y Marco Aurelio, la clave estaba en distinguir qué depende de uno y qué no. Opiniones, deseos y reacciones sí; el azar, la riqueza o la fama, no.

El poder como gobierno de uno mismo

En ese marco, el concepto latino de imperium adquiría un sentido diferente. No se trataba de mandar ejércitos ni de acumular privilegios, sino de ejercer dominio personal sobre pensamientos y emociones. La idea que suele resumirse en la expresión latina “Imperare sibi maximum imperium est” —formulación presente en las Epistulae Morales ad Lucilium— apunta justamente a eso: gobernarse a uno mismo constituye la forma más alta de poder.

La propuesta no era abstracta. Séneca vivió en carne propia los vaivenes del poder político en la Roma imperial. Conoció la riqueza, el prestigio y también el destierro. Finalmente, fue condenado a muerte. En un escenario atravesado por intrigas y violencia, el poder interior aparecía como el único territorio que no podía ser confiscado.

Séneca

Una vida atravesada por el poder y la caída

Nacido en Córdoba en el 4 a.C., Séneca se formó en Roma en retórica y filosofía. Ejerció la abogacía, tuvo roces con el emperador Calígula y en el año 41 fue enviado al exilio en Córcega por orden de Claudio. Años después regresó y fue designado tutor del joven Nerón, de quien se convirtió en consejero cuando este asumió el trono.

Esa trayectoria, marcada por ascensos y caídas, le dio sustento a su defensa del autocontrol como forma de libertad. En un mundo inestable, la estabilidad interior era —y sigue siendo— una herramienta concreta. Hoy, en pleno siglo XXI, cuando la exposición permanente y la reacción inmediata parecen regla, la invitación estoica a frenar, pensar y responder en lugar de reaccionar mantiene una actualidad que sorprende.

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Séneca.
Foto: Jean-Pol Grandmont, Commons.

La enseñanza de Séneca no promete éxito ni inmunidad frente a la adversidad. Propone algo más exigente: asumir que el único poder real es el que se ejerce sobre uno mismo. Y en tiempos de ruido constante, esa puede ser, paradójicamente, la forma más revolucionaria de fortaleza.

En base a El Tiempo/GDA

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