En la antigua Roma, donde los roles de género parecían inamovibles, el filósofo Lucio Anneo Séneca dejó una reflexión que todavía interpela. En una de sus consolaciones, el pensador estoico afirmó que la virtud no depende del sexo, una idea audaz para el siglo I y poco habitual en la filosofía romana.
La postura aparece con claridad en Consolación a Marcia, escrita hacia el año 50 d.C. Allí, Séneca cuestiona la creencia de que la naturaleza hubiera sido menos generosa con las mujeres y su fortaleza moral. Para el autor, las diferencias no eran innatas, sino producto de la educación y la costumbre, dos factores que podían —y debían— cambiarse.
La virtud no tiene género
Desde el estoicismo, la virtud es el bien supremo y está al alcance de todos los seres humanos mediante la razón. En esa línea, Séneca sostuvo que, con ejercicio y disciplina, las mujeres podían desarrollar la misma resistencia al dolor y a la fatiga que los hombres, y alcanzar idénticos niveles de excelencia moral.
Este enfoque no se quedó en lo teórico. El filósofo trató a mujeres como interlocutoras filosóficas, reconociendo su capacidad intelectual en una sociedad que les restringía el acceso a la educación formal. En términos actuales, su mirada corría el eje del debate: el problema no era la naturaleza femenina, sino las barreras culturales.
Ejemplos femeninos y coherencia filosófica
Para sostener su argumento, Séneca apeló a figuras de la historia romana como Lucrecia y Clelia, presentadas como modelos de valentía y rectitud. Estos ejemplos reforzaban su idea central: la voluntad individual y el carácter explican la virtud, no el género.
La coherencia del planteo se refleja también en el destinatario de sus textos. De las tres Consolaciones que se conservan —dirigidas a Polibio, a su madre Helvia y a Marcia—, dos fueron escritas para mujeres, un gesto poco frecuente en la filosofía de la época y revelador de su posición ética.
Quién fue Séneca
Nacido en Córdoba alrededor del año 4 a.C., Séneca desarrolló una intensa carrera como filósofo, escritor y político en Roma. Fue tutor del emperador Nerón y participó activamente en la vida pública antes de dedicarse de lleno a la escritura.
Su pensamiento dejó una huella profunda en el estoicismo imperial. Leídas hoy, sus reflexiones sobre la virtud femenina no solo iluminan el pasado, sino que dialogan con debates contemporáneos sobre igualdad, educación y derechos.
En base a El Tiempo/GDA
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