Enamorarse rápido: qué puede haber detrás de la intensidad inicial, según los psicólogos

La idealización, la inseguridad, el miedo a la soledad y el apego ansioso pueden influir en la rapidez con la que algunas personas buscan asegurar un vínculo afectivo.

Pareja, mirada, atracción
Personas se miran.
Foto: Freepik.

Decir “te quiero” en una tercera cita no necesariamente significa que los sentimientos sean falsos.

Sin embargo, los especialistas señalan que, cuando una relación avanza con una intensidad emocional desmedida, puede ser útil observar qué hay detrás de esa urgencia por asegurar el vínculo.

La psicología analiza este fenómeno como una posible respuesta a necesidades personales y proyecciones inconscientes. Helena Trujillo, psicoanalista, explica que las personas pueden enamorarse de un ideal más que de quien tienen delante: “Nos enamoramos de una proyección que nosotros mismos hacemos sobre la otra persona”.

Pareja abrazándose
Pareja abrazándose.
Foto: Magnific.

Según la especialista, el individuo puede depositar sus propias necesidades en alguien que todavía conoce poco, creando así una imagen idealizada. En algunos casos, ese idilio puede darse solamente de un lado, mientras la realidad se distancia de la fantasía construida.

Inseguridad, heridas y miedo a la soledad

José Antonio Juárez, experto en vínculos afectivos, señala que enamorarse rápido puede estar relacionado con “inseguridad, heridas, miedo, soledad o no conocerse”.

El psicólogo sostiene que el amor romántico puede partir de una creencia equivocada: buscar una pareja para solucionar vacíos personales. Este mecanismo puede funcionar como una forma de buscar afiliación ante el miedo al abandono.

En la misma línea, Laura Ibarburu, psicóloga clínica, plantea que no se trata de poner en duda la autenticidad de lo que una persona siente, sino de comprender cuáles son sus motivaciones.

La especialista explica que expresar afecto demasiado pronto puede ser una manera de reducir la angustia que provoca la incertidumbre. En personas con apego ansioso, esta necesidad puede llevar a intentar asegurar el compromiso antes de que exista una relación sólida, generando presión en la otra persona.

Sin embargo, Ibarburu también advierte que retrasar demasiado la expresión de afecto puede generar dificultades, ya que podría interpretarse como falta de interés o miedo al compromiso.

Cuando la atracción se vuelve obsesiva

Otro concepto mencionado en el análisis es la limerencia, definida como un estado mental involuntario de atracción romántica obsesiva hacia otra persona.

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Foto: Pxhere.

Un estudio publicado en la revista Acta Psychologica describe la limerencia como un anhelo relacional involuntario e intrusivo. Según la investigación, las personas que atraviesan este estado pueden dedicar cerca del 50% de su tiempo de vigilia a pensar en la otra persona.

La investigación vincula la limerencia con experiencias adversas durante la infancia, apegos inseguros y niveles elevados de ansiedad o depresión. También señala que estos episodios pueden durar años y que algunas personas repiten patrones en los que idealizan a amigos o colegas hasta convertirlos en objetos de obsesión.

El estudio también aborda la ensoñación desadaptativa. Según sus resultados, el 63% de quienes experimentan episodios incapacitantes de limerencia presentan niveles elevados de este tipo de ensoñación, que puede funcionar como una vía de escape frente a estados de ánimo negativos.

Los pensamientos recurrentes sobre una pareja idealizada pueden aliviar temporalmente la sensación de soledad, aunque ese alivio también puede reforzar el ciclo obsesivo.

La importancia de no idealizar

Para los especialistas, la rapidez con la que avanza un vínculo no determina por sí sola su calidad, pero puede revelar aspectos de la base emocional de quienes lo integran.

La idealización constante puede dificultar el desarrollo de un vínculo basado en el conocimiento real de la otra persona y en el trabajo cotidiano de una relación. Reconocer estos patrones puede ayudar a comprender mejor las propias motivaciones y, cuando el enamoramiento se convierte en una fuente de sufrimiento, buscar ayuda profesional.

La Nación/GDA

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