El impacto oculto del TDAH en adultos que explica el abandono de carreras y las crisis de pareja

Hasta un 85% de los mayores con este trastorno no están diagnosticados. Cómo la falta de tratamiento afecta la estabilidad laboral, los vínculos afectivos y la calidad de vida.

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Aunque es una condición asociada a los primeros años de vida, el TDAH puede "acompañar" a una persona en sus años adultos.
Foto: Commons.

El Trastorno de atención e hiperactividad (TDAH) nos acompaña desde hace varios siglos, más allá de que todavía persiste un preconcepto de que se trata de una “moda”. Algunas fuentes señalan que una de las primeras descripciones de los síntomas asociados al TDAH data de 1775, pero fue recién a principios del siglo pasado que el término adquirió su actual expresión, tanto en lo que hace a su nombre como las características médicas.

Se trata de una condición del desarrollo cerebral, que dificulta mantener la atención, la regulación de los impulsos y la hiperactividad. Como es un trastorno que comienza en la infancia o adolescencia, es una afección que tiene un “rostro joven”, por así decirlo. Sin embargo, puede pasar —y pasa— que este trastorno siga acompañando a quien lo padece más allá de esos primeros años del ciclo vital. Y el costo de esos casos que se le escapan al filtro de los profesionales de la salud es alto.

Así lo dijo la especialista argentina Andrea Abadi —psiquiatra infantil y juvenil—, en un simposio organizado por la empresa farmacéutica latinoamericana Adium en la ciudad argentina de Mendoza. De ahí, agregó la profesional, que sea necesario una detección temprana y un diagnóstico preciso. Eso le ahorraría tanto a paciente como al conjunto de la sociedad ingentes recursos y esfuerzos.

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Andrea Abadi.
Foto: Adium.

“Durante muchos años, los profesionales de la salud trabajamos para hacer mejores diagnósticos en niños. Sin embargo, muchas veces se perdió de vista que este trastorno no solo empezaba en la infancia, sino que persistía a lo largo de toda la vida. Hoy sabemos que hay algunos individuos que van a ser diagnosticados con TDAH en la tercera edad”, dijo al comienzo de su disertación.

Aun cuando se trate de una condición médica tan documentada, persisten varios prejuicios y conceptos erróneos en torno a este trastorno, como por ejemplo la noción de una “mala educación” sería una de las causas para el comportamiento de un niño o joven con TDAH, cuando en realidad se trata de un problema neurológico para el cual en muchos casos hay una predisposición genética.

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Mayores probabilidades de consumo de drogas

Este trastorno, además de constituir desafíos importantes para aspectos mencionados en la nota principal (trayectoria académica y laboral problemática, dificultades para sostener vínculos afectivos) también puede aumentar la probabilidad del desarrollo de adicciones.

Además de los problemas que un consumo de drogas excesivo tiene para la vida intrafamiliar, también está que hay mayores probabilidades de que esa persona se enfrente a problemas con la Policía y el Poder Judicial por cuestiones derivadas de su consumo, que pueden implicar aspectos criminales para sostener dicho consumo. “Uno de los grandes fantasmas que tenemos en la adolescencia”, dijo la psiquiatra Andrea Abadi, “es el consumo de sustancias. Tenemos un individuo que viene funcionando mal, que viene acumulando frustraciones, que fue cambiando de un colegio a uno con menos exigencia, que en la secundaria tal vez quedó fuera del sistema... Ese es un buen territorio para que la adicción funcione”.

Esto no solo se da por el contexto en el cual se halla el o la adolescente con este trastorno, sino que también aquí hay factor neurológico, de acuerdo a la exposición de Abadi: “La necesidad de consumir no tiene que ver con solamente la situación de fracaso constituida en mucho tiempo, sino porque el circuito biológico del TDAH tiene mayor facilidad de entrar en círculos de adicción”.

Y se trata de años críticos, en los cuales una diferencia de apenas 24 meses puede hacer una gran diferencia. Uno de los datos proporcionados por la experta argentina: si alguien con TDAH empieza a consumir algún tipo de droga a los 14 años, eso multiplica por factores entre 4 y 11 el riesgo de una adicción crónica, en comparación con si el consumo empezara a los 16.

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Foto: Unsplash.

A nivel internacional, no es una afección con una comparativamente alta prevalencia:de acuerdo a los datos proporcionados por Abadi, 6 en 100 niños tienen TDAH. Y hay un sesgo de género: los varones en edad escolar aparecen mucho más que las niñas en los registros. De acuerdo a Abadi, el TDAH está más “camuflado” entre las niñas, en parte porque los síntomas en ellas no son tan marcados o disruptivos como en el caso de los varones.

En el caso de los adultos en tanto, la prevalencia es aproximadamente 3% a nivel global, pero se calcula también que de ese grupo, hasta 85% permanecen sin diagnosticar.
Para Abadi, es a ese grupo que hay que apuntar para otorgar soluciones terapéuticas. Como ya había mencionado, el costo de no hacerlo es alto: “Desde el inicial, que es el costo académico, que se traduce después en abandono de múltiples carreras. Individuos que prueban una carrera, luego otra y las van dejando porque se van frustrando. Hasta individuos que con muy buen potencial cognitivo, con posibilidades que le podrían haber permitido crecer, terminan dependiendo de otros familiares para poder autoabastecerse”.

Aunque consiga, contra todo pronóstico, concluir una trayectoria académica, seguirá acarreando el peso de esa afección en una eventual vida laboral: “Es el individuo que llega tarde, que se va a agarrar a los golpes en cualquier momento, que se va a pelear con el jefe, es el que se desregula en algunas situaciones sociales”.

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Foto: Unsplash.

No solo se trata de costos académicos o profesionales. También a un nivel más personal e íntimo hay consecuencias. Según lo expuesto por la psiquiatra, las posibilidades de tener una pareja estable y formar una familia es menor para alguien con TDAH. “La prevalencia de divorcios y de fracasos en las parejas es mucho mayor en aquellos que tienen TDAH, que en aquellos que no lo tienen”, sostuvo.

Para la experta, esos padecimientos podrían evitarse, ya que existen terapias eficaces: “Es casi mala praxis tener pacientes para el cual tenemos estrategias terapéuticas efectivas y que no se las hayamos otorgado por una cuestión de desconocimiento. En medicina también hay desconocimiento en los grupos de colegas y de especialistas”, concluyó Abadi.

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