Olvidar tareas, distraerse con facilidad o sentir que cuesta mantener la concentración son situaciones cada vez más frecuentes. En un contexto marcado por la sobreexposición a las pantallas y las redes sociales, muchas personas atribuyen estos síntomas al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, los especialistas advierten que las dificultades para prestar atención no siempre responden a este diagnóstico.
Según Jorge Moreno, docente del programa de Psicología de la Fundación Universitaria del Área Andina, el auge de los contenidos sobre salud mental en internet ha contribuido a visibilizar el TDAH, pero también ha favorecido el autodiagnóstico y la confusión entre síntomas y trastornos.
Moreno explica que los problemas de atención son un síntoma, no un diagnóstico en sí mismo. Las causas pueden variar según la edad y el contexto. En la infancia, por ejemplo, la falta de concentración puede estar relacionada con el desarrollo normal, dificultades de aprendizaje, problemas auditivos o situaciones familiares estresantes.
En los adolescentes también pueden influir factores como los cambios hormonales, la ansiedad o la depresión. En los adultos, en cambio, las dificultades para concentrarse suelen estar vinculadas al estrés crónico, el agotamiento laboral, la sobrecarga de responsabilidades o la falta de descanso.
El especialista recuerda que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, por lo que sus manifestaciones deben estar presentes desde la infancia y mantenerse a lo largo del tiempo, afectando distintos ámbitos de la vida.
Por eso, comenzar a tener problemas de concentración únicamente durante una etapa de mucho estrés o tras un cambio importante en la rutina no implica necesariamente padecer este trastorno.
Moreno también señala que las plataformas digitales están diseñadas para captar la atención mediante estímulos breves y constantes. Las notificaciones, los videos cortos y el desplazamiento infinito acostumbran al cerebro a recibir recompensas inmediatas, lo que puede disminuir la tolerancia a actividades que requieren un esfuerzo mental sostenido, como estudiar, leer o trabajar durante largos períodos.
El impacto de esta sobreestimulación digital varía según la etapa de la vida. En los niños, una exposición excesiva a pantallas puede dificultar la atención durante las actividades escolares. En los adolescentes, las redes sociales compiten constantemente con el estudio debido a la búsqueda de validación y la necesidad de permanecer conectados. En los adultos, el celular muchas veces se convierte en una vía de escape frente a tareas exigentes, favoreciendo la procrastinación y aumentando la sensación de agotamiento.
Aunque la difusión de información sobre salud mental ha permitido hablar con mayor naturalidad de estos temas, también ha llevado a que muchas personas interpreten síntomas comunes como si fueran un diagnóstico definitivo. Moreno advierte que olvidar las llaves un día de mucho estrés, distraerse durante una reunión o postergar una tarea importante son experiencias habituales que, por sí solas, no indican la presencia de TDAH.
El problema surge cuando el autodiagnóstico reemplaza la evaluación profesional, ya que detrás de esas dificultades también pueden encontrarse trastornos de ansiedad, depresión, problemas del sueño o dificultades de adaptación. Además, esta práctica puede favorecer la automedicación y retrasar el tratamiento adecuado.
El especialista recomienda buscar una evaluación cuando los problemas de atención son persistentes, aparecen en distintos ámbitos de la vida y generan consecuencias importantes. Mientras se realiza una valoración profesional, existen estrategias que pueden favorecer el funcionamiento cognitivo:
- Utilizar agendas o planificadores para reducir la carga mental.
- Disminuir las distracciones durante el estudio o el trabajo.
- Dividir las tareas grandes en objetivos más pequeños.
- Mantener actividad física de forma regular.
- Dormir entre siete y ocho horas por noche.
- Practicar ejercicios de atención plena o mindfulness.
Moreno concluye que no toda distracción corresponde a un trastorno. Comprender que las dificultades de atención pueden tener múltiples causas permite evitar diagnósticos apresurados y buscar la ayuda adecuada cuando realmente es necesaria.
Con base en El Tiempo/GDA
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