Por qué los problemas de concentración y los olvidos cotidianos no siempre significan tener TDAH

Dificultades para prestar atención por estrés o pantallas, qué causa la falta de concentración en adultos y por qué los psicólogos advierten del autodiagnóstico.

Mujer concentrada, pensando.
Mujer concentrada, pensando.
Foto: Freepik.

Olvidar tareas, distraerse con facilidad o sentir que cuesta mantener la concentración son situaciones cada vez más frecuentes. En un contexto marcado por la sobreexposición a las pantallas y las redes sociales, muchas personas atribuyen estos síntomas al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, los especialistas advierten que las dificultades para prestar atención no siempre responden a este diagnóstico.

Según Jorge Moreno, docente del programa de Psicología de la Fundación Universitaria del Área Andina, el auge de los contenidos sobre salud mental en internet ha contribuido a visibilizar el TDAH, pero también ha favorecido el autodiagnóstico y la confusión entre síntomas y trastornos.

Moreno explica que los problemas de atención son un síntoma, no un diagnóstico en sí mismo. Las causas pueden variar según la edad y el contexto. En la infancia, por ejemplo, la falta de concentración puede estar relacionada con el desarrollo normal, dificultades de aprendizaje, problemas auditivos o situaciones familiares estresantes.

En los adolescentes también pueden influir factores como los cambios hormonales, la ansiedad o la depresión. En los adultos, en cambio, las dificultades para concentrarse suelen estar vinculadas al estrés crónico, el agotamiento laboral, la sobrecarga de responsabilidades o la falta de descanso.

El especialista recuerda que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, por lo que sus manifestaciones deben estar presentes desde la infancia y mantenerse a lo largo del tiempo, afectando distintos ámbitos de la vida.

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Hombre pensando.
Foto: Freepik.

Por eso, comenzar a tener problemas de concentración únicamente durante una etapa de mucho estrés o tras un cambio importante en la rutina no implica necesariamente padecer este trastorno.

Moreno también señala que las plataformas digitales están diseñadas para captar la atención mediante estímulos breves y constantes. Las notificaciones, los videos cortos y el desplazamiento infinito acostumbran al cerebro a recibir recompensas inmediatas, lo que puede disminuir la tolerancia a actividades que requieren un esfuerzo mental sostenido, como estudiar, leer o trabajar durante largos períodos.

El impacto de esta sobreestimulación digital varía según la etapa de la vida. En los niños, una exposición excesiva a pantallas puede dificultar la atención durante las actividades escolares. En los adolescentes, las redes sociales compiten constantemente con el estudio debido a la búsqueda de validación y la necesidad de permanecer conectados. En los adultos, el celular muchas veces se convierte en una vía de escape frente a tareas exigentes, favoreciendo la procrastinación y aumentando la sensación de agotamiento.

Aunque la difusión de información sobre salud mental ha permitido hablar con mayor naturalidad de estos temas, también ha llevado a que muchas personas interpreten síntomas comunes como si fueran un diagnóstico definitivo. Moreno advierte que olvidar las llaves un día de mucho estrés, distraerse durante una reunión o postergar una tarea importante son experiencias habituales que, por sí solas, no indican la presencia de TDAH.

Persona pensando
Mujer pensando.
Foto: Freepik.

El problema surge cuando el autodiagnóstico reemplaza la evaluación profesional, ya que detrás de esas dificultades también pueden encontrarse trastornos de ansiedad, depresión, problemas del sueño o dificultades de adaptación. Además, esta práctica puede favorecer la automedicación y retrasar el tratamiento adecuado.

El especialista recomienda buscar una evaluación cuando los problemas de atención son persistentes, aparecen en distintos ámbitos de la vida y generan consecuencias importantes. Mientras se realiza una valoración profesional, existen estrategias que pueden favorecer el funcionamiento cognitivo:

  • Utilizar agendas o planificadores para reducir la carga mental.
  • Disminuir las distracciones durante el estudio o el trabajo.
  • Dividir las tareas grandes en objetivos más pequeños.
  • Mantener actividad física de forma regular.
  • Dormir entre siete y ocho horas por noche.
  • Practicar ejercicios de atención plena o mindfulness.

Moreno concluye que no toda distracción corresponde a un trastorno. Comprender que las dificultades de atención pueden tener múltiples causas permite evitar diagnósticos apresurados y buscar la ayuda adecuada cuando realmente es necesaria.

Con base en El Tiempo/GDA

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