¿Disfrutás de la tranquilidad o se trata de aislamiento? Claves para identificar si tu soledad es sana

Soledad y salud mental: por qué la cantidad de vínculos importa menos que la calidad y qué hay detrás de llegar a la adultez sin un círculo íntimo de amistades.

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Mujer triste.
Foto: Freepik.

Tener muchos conocidos no es lo mismo que contar con alguien de confianza. Hay personas que se desenvuelven con naturalidad en distintos ámbitos sociales, pero no tienen un amigo íntimo con quien compartir sus preocupaciones, pedir ayuda o mostrarse vulnerables. Otras, en cambio, disfrutan de una red pequeña y no sienten que les falte algo.

La diferencia importa porque pasar tiempo a solas, tener pocos amigos o preferir encuentros ocasionales no implica necesariamente un problema psicológico. Para comprender qué sucede, es necesario observar cómo vive la persona esa situación, qué necesita de sus vínculos y si la distancia responde a una elección o a una dificultad para acercarse a los demás.

En un artículo publicado en el medio especializado Silicon Canals, el periodista Daniel Moran aborda algunas de las razones por las que una persona puede llegar a la adultez sin amistades íntimas y plantea la importancia de distinguir la soledad elegida del aislamiento que genera sufrimiento.

En el uso cotidiano, la palabra antisocial suele emplearse para describir a alguien que evita las reuniones o prefiere estar solo. Sin embargo, en el ámbito clínico tiene otro significado: se relaciona con un patrón persistente de desprecio o vulneración de los derechos de los demás.

Por eso, una persona reservada, que disfruta de la tranquilidad o que mantiene un círculo social reducido no es necesariamente antisocial. Puede tratarse de alguien que se siente cómodo con pocos vínculos y encuentra en ellos la compañía que necesita.

Persona se mira en un pedazo de espejo
El rostro de una persona se refleja en el pedazo de un espejo.
Foto: Freepik.

También es importante diferenciar la cantidad de contactos de la calidad de las relaciones. Alguien puede conversar a diario con muchas personas y, aun así, sentirse solo. Otra persona puede pasar buena parte de la semana sin compañía y experimentar bienestar. La soledad, en este sentido, no depende exclusivamente de cuánta gente rodea a alguien, sino de la distancia entre los vínculos que desea tener y los que siente que tiene.

Una posible explicación de las dificultades para construir intimidad se encuentra en las experiencias que una persona tuvo al relacionarse con sus figuras de cuidado durante la infancia. La teoría del apego sostiene que esos primeros vínculos contribuyen a formar expectativas sobre la disponibilidad de los demás y sobre la posibilidad de encontrar apoyo cuando se lo necesita.

Si expresar una necesidad afectiva recibió respuestas imprevisibles, frías o dolorosas, una persona puede aprender a protegerse evitando depender de otros. Con el tiempo, esa estrategia puede manifestarse como una autosuficiencia extrema, dificultad para pedir ayuda o tendencia a mantener relaciones cordiales sin profundizar en ellas.

Las redes sociales también pueden verse afectadas por circunstancias posteriores, como una mudanza, una separación, un duelo, la crianza de los hijos, el trabajo remoto, problemas de salud o experiencias de discriminación. El temperamento y las preferencias personales y culturales también influyen en la manera de relacionarse.

¿Cómo saber si estar solo es una elección o una fuente de malestar? Una de las preguntas más útiles es qué siente una persona después de pasar tiempo sola. Si experimenta tranquilidad, recupera energía y disfruta de sus actividades, puede tratarse de una forma de soledad elegida que le resulta beneficiosa.

En cambio, si aparece una sensación persistente de vacío, ansiedad o la convicción de que no hay nadie a quien recurrir, conviene explorar si existe una necesidad de conexión que no está siendo satisfecha. La autonomía saludable no consiste en no necesitar nunca a nadie, sino en poder desenvolverse por cuenta propia y, al mismo tiempo, reconocer cuándo es necesario pedir apoyo.

Abrazo
Personas felices abrazándose.
Foto: Freepik.

Tener pocos amigos no constituye, por sí solo, una señal de alarma. Sin embargo, si la falta de vínculos genera sufrimiento persistente, se acompaña de síntomas de depresión o ansiedad o dificulta la vida cotidiana, puede ser útil buscar ayuda profesional.

La terapia puede ofrecer un espacio para explorar las experiencias que influyen en la manera de relacionarse, reconocer temores y ensayar formas de expresar necesidades o establecer relaciones de confianza. Porque tener pocos amigos no significa necesariamente estar solo en el sentido emocional. La diferencia está en si esa vida responde a lo que la persona desea o si esconde una necesidad de cercanía que no encuentra cómo expresar.

Con base en La Nación/GDA

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