Redacción El País
Diciembre suele vivirse como un mes de balances, apuros y compromisos sociales. A la carga laboral se le suman los encuentros familiares, los gastos extra y la sensación de que “todo debería resolverse antes de fin de año”. El resultado, advierten los especialistas en salud mental, es un combo perfecto para el estrés, la ansiedad y el agotamiento emocional.
Gran parte del malestar de esta etapa no proviene solo de lo que pasa afuera, sino de las expectativas internas: la presión por cerrar ciclos, cumplir objetivos, estar disponibles para todos y llegar “bien” a las fiestas. Frente a ese escenario, hay estrategias concretas que ayudan a atravesar diciembre con más calma y terminar el año en paz.
Bajar la exigencia, poner límites y definir prioridades
Uno de los primeros consejos es revisar el ideal de “fin de año perfecto”. Muchas personas creen que diciembre tiene que ser productivo, feliz, ordenado y socialmente intenso, todo al mismo tiempo. Esa expectativa irreal es una de las principales fuentes de frustración, señalan los psicólogos.
Aceptar que no todo se va a resolver antes del 31 de diciembre permite aliviar la autoexigencia. No todos los proyectos se cierran, no todas las relaciones se arreglan y no todas las metas se cumplen en un solo mes. Y eso también es parte de la vida.
Además, las agendas de diciembre suelen llenarse de compromisos sociales, reuniones, despedidas y eventos laborales. Los expertos recomiendan no sobreadaptarse ni aceptar todo por obligación. Elegir a qué encuentros asistir y a cuáles no, sin culpa, es una forma concreta de autocuidado.
Poner límites no implica dejar de vincularse, sino decidir desde el deseo y no desde la presión. Reservar espacios de descanso se vuelve tan importante como cumplir con compromisos.
También es clave revisar qué es realmente urgente y qué puede esperar a enero. Hacer listas realistas, dividir tareas grandes en pasos pequeños y dejar fuera lo que no es esencial ayuda a reducir la sensación de desborde. El estrés aumenta cuando todo parece igualmente importante. Priorizar es una forma de recuperar sensación de control.
Cuidar el cuerpo para sostener la mente
El cansancio físico potencia el estrés emocional. Dormir poco, comer a las apuradas y vivir a base de café o azúcar afecta el estado de ánimo. Por eso, los médicos insisten en sostener hábitos básicos de bienestar:
- Dormir al menos siete horas.
- Hidratarse bien.
- Comer de forma regular.
- Mover el cuerpo, aunque sea con caminatas cortas.
No se trata de sumar exigencias, sino de no abandonar por completo el cuidado personal justo cuando más se lo necesita.
Hacer un balance sin castigarse
El cierre de año invita de forma natural a evaluar lo vivido. Los especialistas proponen hacerlo desde una mirada compasiva y realista, no desde el reproche. En lugar de enfocarse solo en lo que faltó, sugieren revisar también lo que sí se logró, incluso aquello que parece pequeño.
Cambiar la pregunta de “¿qué hice mal?” por “¿qué aprendí este año?” transforma el balance en una herramienta de crecimiento y no de castigo.
No todas las personas viven diciembre con alegría. Para muchos, es un mes que reactiva duelos, ausencias, conflictos familiares o soledad. Los expertos remarcan que no existe una única forma “correcta” de sentir en estas fechas. Estar triste, cansado o sin ganas también es válido. Pedir ayuda, hablar con alguien de confianza o buscar acompañamiento profesional si el malestar es intenso forma parte de una manera saludable de atravesar esta etapa.
Cerrar el año en paz no implica llegar perfectos a las fiestas ni cumplir con todo lo pendiente, sino escucharse, poner límites, soltar exigencias y priorizar el bienestar. A veces, la forma más sana de despedir un año no es acelerando, sino aprendiendo a frenar.
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