Cómo gestionar las expectativas propias y ajenas, según el medallista olímpico Carl Lewis

"Fui un perdedor mucho antes de ser un ganador": la lección del ícono del atletismo para quienes sufren por la presión y no saben lidiar con el fracaso.

Atleta Carl Lewis
Atleta Carl Lewis en Aprendemos Juntos de BBVA.
Foto: Aprendemos Juntos de BBVA.

En una cultura que premia los resultados inmediatos y las promesas de éxito temprano, aprender a lidiar con las expectativas —propias y ajenas— se vuelve un desafío central para el bienestar emocional. Para Carl Lewis, una de las grandes leyendas del atletismo mundial, la clave no está en cumplir con lo que otros esperan, sino en construir una relación más honesta con el proceso personal.

Ganador de diez medallas olímpicas y referente en pruebas de velocidad y salto de longitud, Lewis no siempre fue el mejor. De hecho, su historia comienza lejos del podio. “Siempre practiqué atletismo, pero no era el mejor. Lo bueno de eso es la experiencia”, recordó durante el ciclo Aprendemos Juntos, de BBVA.

El peso de las expectativas tempranas

Desde la psicología, se sabe que las expectativas externas —de padres, docentes o entrenadores— pueden influir fuertemente en la autoestima y en el desarrollo de una persona. Cuando son demasiado altas o rígidas, pueden generar ansiedad, miedo al fracaso o sensación de insuficiencia.

Lewis lo plantea con claridad al referirse a la presión que muchas veces se pone sobre los más jóvenes: “No podés fiarte de que alguien diga sobre un niño de 10 años que es genial y llegará lejos... No tenés idea”. Su mirada cuestiona esa necesidad de etiquetar precozmente el talento y propone, en cambio, sostener el tiempo y la evolución individual.

Niña fuerte, autoestima
Niña se muestra fuerte y con alta autoestima.
Foto: Freepik.

Lejos de ocultar sus derrotas, Lewis las reivindica como parte fundamental de su camino. “Fui un perdedor mucho antes de ser un ganador y nunca olvidé esas derrotas”, afirmó. Esa experiencia, lejos de debilitarlo, le permitió construir una identidad más sólida. Haber estado fuera del foco, haber sido ignorado o menospreciado, le dio herramientas emocionales que luego resultaron clave cuando llegaron los triunfos. “Sentí lo que era perder. Así que, cuando empecé a ganar, no lo olvidé”, explicó.

Desde el enfoque psicológico, atravesar frustraciones es esencial para desarrollar tolerancia a la frustración, resiliencia y autoconocimiento. Evitar el error o el fracaso a toda costa, en cambio, suele generar mayor fragilidad emocional.

No vivir para demostrar

Un aspecto central del relato de Lewis es su postura frente al reconocimiento. A pesar de haber sido subestimado en sus inicios, nunca vivió sus logros como una forma de revancha. “Nunca sentí que fuera un momento de represalia o una razón de venganza”, señaló.

Este punto es clave: cuando las metas están guiadas por la necesidad de validación externa, el bienestar queda atado a factores que no siempre se pueden controlar. En cambio, cuando los objetivos son internos —mejorar, aprender, superarse—, la motivación se vuelve más estable y saludable. La psicología lo define como motivación intrínseca, y está asociada a mayores niveles de satisfacción, compromiso y bienestar a largo plazo.

Otro de los ejes que propone el atleta es el rol del entorno. Más que anticipar quién “llegará lejos” y quién no, sugiere acompañar los procesos sin imponer etiquetas. “Hay que animar a los jóvenes; si no son buenos, puede que lo sean cuando crezcan”, afirmó. Esto implica correrse de la lógica del resultado inmediato y dar lugar a trayectorias más diversas, donde el desarrollo no siempre es lineal.

Carl Lewis
Carl Lewis.
Foto: Archivo.

Aprender a gestionar las expectativas

En la vida cotidiana, gestionar las expectativas implica encontrar un equilibrio entre lo que uno desea, lo que otros esperan y lo que realmente es posible en cada etapa. Algunas claves desde la psicología que dialogan con la experiencia de Lewis son:

  • Revisar las propias exigencias: no todo tiene que resolverse de inmediato ni salir perfecto.
  • Separar el valor personal del rendimiento: fallar en algo no define quién sos.
  • Aceptar los tiempos individuales: cada proceso tiene su ritmo.
  • Valorar el aprendizaje por encima del resultado.
  • Rodearse de entornos que acompañen sin presionar en exceso.

La historia de Carl Lewis funciona como recordatorio de algo simple, pero profundo: el camino hacia el logro no es lineal y muchas veces empieza lejos de donde otros —o uno mismo— imaginaban. Gestionar las expectativas, en ese sentido, no es resignarse, sino aprender a construirlas con mayor flexibilidad, realismo y compasión.

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