¿Quizás se te pasó en algún momento por la cabeza anotarte en una escuela de baile? Es un buen momento para que lo consideres. Es una herramienta accesible que nos aporta mucho bienestar y tiene más beneficios de los que creemos. Bailar es una práctica en la que se trabaja movimiento, memoria, atención, coordinación, expresión y vínculos sociales con otras personas. En otras palabras: es un “big combo” de salud. Bailar nos ayuda a bajar la ansiedad, mejora síntomas depresivos, el sueño, la función cognitiva y —por si todo eso no fuese suficiente— también contribuye al equilibrio.
En adultos y adultos mayores el hecho de tener que escuchar para moverse, anticipar, coordinar, recordar una secuencia y ubicarse en un espacio reconociendo a los otros implica aumentar la concentración, además de que puede ser un entrenamiento para una toma de decisiones ágil. Es desafiante pero poco a poco van mejorando notoriamente las capacidades cognitivas (se necesita práctica para ver la mejora, no te rindas en el primer mes si todos agarran para un lado y vos para el otro).
A nivel físico, mejora ampliamente la movilidad, pule rigideces, mejora la coordinación, resistencia y agilidad. Si bien no significa que se esté trabajando flexibilidad o movilidad como en una sesión dedicada a eso, mejora significativamente ya que generalmente se utilizan desplazamientos, cambios de dirección, cambios de apoyo, se mueven caderas, brazos, columna, hombros... Uno se va soltando y va explorando rangos de movimiento más amplios, sobre todo a medida que aumenta la confianza.
En lo emocional es sin lugar a dudas una dosis de dopamina. La música y el baile tienen probados efectos sobre el estado de ánimo y la autoestima.
¿Quizás conocés el refrán en inglés que dice It takes two to tango (“Se necesitan a dos para bailar el tango”)? El baile tiene un componente social significativo. Si bien al principio puede haber timidez, la práctica te ayuda a conectar con otros, desde los aciertos y los errores, las risas y las frustraciones compartidas. Todo eso es parte de un proceso y una conexión que se asocia a una mejora de la salud. Porque somos seres sociales.
Hay sobrada evidencia que la soledad y el aislamiento son factores de riesgo para la salud mental y social. Por lo tanto, la idea de animarse, aunque sea una vez por semana y desafiarse a mantener la práctica más allá de las dificultades iniciales (que todos las tenemos) estoy segura de que va a ser un antes y un después. Si estás leyendo esta nota, es el momento para empezar.
Si bien cualquier tipo de danza es beneficiosa, en esta nota me voy a enfocar principalmente en salsa y bachata. Puedo hablar de estos estilos porque los practico hace ya unos años y sumaron un montón de cosas positivas a mi vida.
Como en muchas otras áreas de la vida, en el baile hay códigos que se aprenden a interpretar con el tiempo. Es como aprender un idioma nuevo y como todo idioma, genera conexiones neuronales. Probablemente hayas escuchado hablar de los beneficios de la neuroplasticidad, y cómo esta aporta a nuestra salud cerebral.
Baile y ejercicio
Indudablemente mis sentadillas mejoraron desde que mi movilidad de cadera se vio ampliada con la danza, y esto es un ejemplo de un ejercicio físico. También tuve tendinitis y dolor de hombros durante mucho tiempo, pero todo se corrigió con las clases. Además, tengo una confesión: los ejercicios de cardio ya no los hago más en la cinta, sino en la escuela de baile, donde puedo hacer entre 10.000 y 15.000 pasos en una clase de una hora.
Por lo tanto, sumo movilidad, percepción corporal, estabilidad y una mayor tolerancia a la carga. En estilos como los ya mencionados, se practica bailar con las rodillas en una ligera flexión y llevando la carga corporal hacia adelante. De esa forma es que se pueden controlar los pasos, las marcas que se realizan y los tan desafiantes giros. Para bailar, se trabaja mucho los cuádriceps y si prestan atención a las piernas de las personas que realizan danza, van a entender lo excelente que resulta como complemento de una rutina de fuerza. Más allá de esa observación, si nos fijamos en quienes ya han practicado danza un tiempo, vamos a ver que tienen una postura más erguida y una buena flexibilidad. De todas maneras, no necesariamente tenemos que aspirar a tener un cuerpo de bailarín o bailarina. Lo comento como un agregado a la cantidad de beneficios que tiene el baile para todo tipo de edades.
Adultos mayores
Las recomendaciones internacionales para esta población son combinar actividades de fuerza, equilibrio, ejercicio aeróbico y cuidar la salud cognitiva. El baile abarca todos esos ejercicios y, como ya vimos, contribuye a la neuroplasticidad. Más allá, no hay que subestimar lo que el baile puede aportarle a poblaciones más jóvenes, si se tiene en cuenta la fuerte presencia de las pantallas, las horas de escritorio y los frecuentes síntomas de ansiedad. Animarse, aprender a frustrarse y salir un poco de las luces de los monitores para interactuar con otros solo trae ventajas.
Además de todo lo que ya he mencionado, no quiero pasar por alto que podés descubrir una manera de expresarte que no imaginabas existía en tu cuerpo.
Tal vez sea una idea que viene rondando tu cabeza hace un tiempo, o tal vez te da curiosidad ahora que estás leyendo esta nota. Sea que te parezca una simple decisión o una idea alocada te recomiendo que lo intentes. Te vas a reír, vas a ir perdiendo vergüenza paulatinamente y descubrir que el cuerpo empieza a adquirir destrezas casi que independientemente de tu voluntad.
Es frecuente creer que la coordinación que vemos en otros está fuera de nuestro alcance, en particular cuando ya tenemos cierta edad. Pero nadie nace sabiendo. Algunos tendrán más facilidad, otros menos, pero todos quienes comenzaron a bailar atravesaron un período de aprendizaje, de prueba y error.
Estilos de baile
La salsa es ideal si necesitás una inyección de energía. Es cierto que es desafiante: las canciones de salsa son habitualmente largas y uno termina bastante agitado. Pero es tanta la diversión que los extensos minutos que dura una canción pasan casi sin que te des cuenta. Eso sí, lleva una toallita si sos de sudar mucho.
La bachata es un poco más amigable para empezar, al menos en mi percepción (sigo sin saber bailar salsa muy bien pero la bachata me resulta más sencilla de dominar). Es un baile maravilloso para aprender a conectar, ganar seguridad y autoestima. Sobre todo para nosotras, porque tiene movimientos donde nos podemos lucir mucho. Si bien hoy pueden verse parejas de baile hombre-hombre o mujer-mujer, es más clásico verlo de la forma tradicional. Pero en cualquiera de los casos, siempre hay una persona que marca y la otra que sigue.
Por último, el tango. Es parte de nuestra cultura, y se trabaja mucho la postura, la conexión y la musicalidad. Quienes bailan tango tienen mucha presencia, y es un gran estilo para trabajar la conciencia corporal. Se trabaja mucho sobre el apoyo de los pies, por lo que implica prestar atención y dominar la alineación corporal. Espero haberte motivado al menos a darle una oportunidad a la danza.
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