Claves para evitar distracciones y recuperar el control del tiempo en un entorno lleno de estímulos constantes

Las interrupciones constantes, tanto externas como internas, afectan la concentración. Un experto propone estrategias concretas para gestionar la atención y reducir el impacto de notificaciones, emociones y hábitos.

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Foto: Canva.

Alcanzar metas, mantener el control y administrar mejor el tiempo son objetivos compartidos por muchas personas. Sin embargo, en ese camino aparece un obstáculo frecuente: las distracciones, que suelen subestimarse pero tienen un impacto directo en la capacidad de concentrarse.

El experto en comportamiento y psicología del consumidor Nir Eyal advierte que estas interrupciones forman parte de la vida cotidiana.

Desde una notificación en el celular hasta una conversación inesperada, pasando por el uso de pantallas en el hogar, los estímulos que desvían la atención son constantes. Según señala, si no se cuenta con herramientas para gestionarlos, terminan influyendo en el comportamiento y en la forma en que se utiliza el tiempo.

Eyal distingue dos tipos de distracciones. Por un lado, los desencadenantes externos, que provienen del entorno, como alertas del teléfono o interrupciones de otras personas. Por otro, los internos, vinculados a estados emocionales como el estrés, la soledad o la incomodidad, que llevan a buscar una vía de escape en actividades que desvían la atención.

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Mujer distraída en la oficina.
Foto: Freepik.

Frente a esto, propone cuatro acciones para mejorar la concentración: dominar los desencadenantes internos, planificar el tiempo, eliminar los estímulos externos y aplicar medidas preventivas. En relación con los factores internos, plantea que muchas veces la distracción funciona como una forma de evitar el malestar. Por eso, sugiere enfrentar esa incomodidad en lugar de esquivarla, prestando atención sostenida a la tarea hasta descubrir nuevos desafíos que ayuden a mantener el foco.

En cuanto a la organización del tiempo, recomienda evitar interpretar la falta de motivación como una señal de agotamiento permanente. En ese sentido, propone la “regla de los 10 minutos”: cuando aparece el impulso de distraerse, posponerlo durante ese lapso. Esta técnica permite lo que denomina “surfear el impulso”, es decir, observar la sensación sin actuar de inmediato, hasta que disminuya.

Respecto a las interrupciones externas, señala que estas no solo afectan el rendimiento, sino que también aumentan el estrés y la frustración. Por eso, sugiere establecer sistemas claros para evitar interrupciones, especialmente en contextos como el trabajo en casa, donde es necesario comunicar cuándo se requiere concentración.

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Foto: Unsplash.

El uso del celular ocupa un lugar central entre los factores de distracción. Correos electrónicos, mensajes, redes sociales y alertas constantes generan lo que describe como una “triple distracción”, dada la cantidad de información, la velocidad con la que circula y la facilidad de acceso.

Para reducir su impacto, propone revisar las aplicaciones instaladas, reorganizar la pantalla para evitar estímulos innecesarios y ajustar las notificaciones. También recomienda limitar el uso de redes sociales, cuyos diseños están orientados a captar la atención de forma constante, y reducir la exposición al flujo continuo de contenido que se actualiza permanentemente.

Entre las opciones disponibles, menciona herramientas que bloquean o limitan el acceso a ciertos contenidos, así como configuraciones del propio teléfono que permiten establecer horarios o tiempos máximos de uso.

En un entorno marcado por la sobreestimulación, aprender a gestionar las distracciones se vuelve clave para sostener la atención y recuperar el control sobre el tiempo.

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