Con los parciales y pruebas semestrales cada vez más cerca, muchos adolescentes atraviesan semanas de fuerte exigencia académica. En ese escenario, no solo pesa el estudio: también entra en juego la forma en que cada joven maneja la presión, las expectativas y el miedo a equivocarse.
Especialistas en salud mental alertan que la búsqueda constante de buenos resultados puede derivar en ansiedad académica, un problema que impacta tanto en el desempeño escolar como en el bienestar emocional. El temor a fracasar, la incertidumbre por el futuro y la autoexigencia excesiva suelen intensificarse en esta etapa.
El psicólogo español Jesús Rivero, dedicado a la salud mental infantojuvenil, explicó en una entrevista con el medio ¡Hola! Padres que la dificultad aparece cuando los adolescentes dejan de ver los exámenes como un desafío y comienzan a sentirlos como una amenaza. Según señaló, ante esa percepción el cerebro activa mecanismos de alarma aun cuando no exista un peligro real.
Cuando la ansiedad bloquea
Rivero diferencia el estrés de la ansiedad. Mientras el primero puede resultar útil para reaccionar y mantenerse activo, la ansiedad termina paralizando. El especialista sostiene que este estado mental se alimenta de pensamientos anticipatorios ligados al fracaso, como la idea constante de “¿y si me va mal?”, lo que lleva a gastar energía en imaginar escenarios negativos.
Esa dinámica puede perjudicar directamente el rendimiento. Incluso estudiantes que estudiaron y se prepararon previamente pueden quedar bloqueados al momento de rendir una prueba. Según explicó el psicólogo, el adolescente no mejora bajo presión extrema, sino que muchas veces rinde menos.
Entre las señales de alerta aparecen dificultades para dormir, molestias físicas sin explicación médica y el rechazo al estudio o a asistir a clases. Cuando los jóvenes comienzan a evitar exámenes o situaciones vinculadas al ámbito educativo, la ansiedad ya puede estar afectando seriamente su rutina.
Además del impacto emocional, este cuadro puede manifestarse con síntomas físicos como dolores de cabeza, taquicardia, agotamiento y una sensación persistente de tensión.
Pequeñas metas y descanso
Para enfrentar este tipo de situaciones, Rivero recomienda organizar el estudio en objetivos concretos y alcanzables. La planificación, asegura, ayuda a reducir la sensación de desborde y a ordenar la carga mental.
El especialista también subraya la importancia del descanso, las horas de sueño y los momentos de desconexión de las pantallas. En ese sentido, remarca que descansar no debería verse como un premio después de estudiar, sino como una necesidad básica para que el aprendizaje funcione correctamente.
¿Cuándo conviene consultar a un profesional? Según el psicólogo, es importante buscar ayuda cuando la ansiedad deja de ser algo puntual y empieza a interferir en la vida cotidiana. El insomnio persistente, la pérdida de apetito, el aislamiento social o el abandono de actividades habituales son algunas señales que no deberían pasarse por alto.
Rivero concluye que acudir a tiempo a un psicólogo no implica debilidad, sino prevención. El acompañamiento profesional puede ayudar no solo a mejorar el rendimiento académico, sino también a desarrollar herramientas emocionales para afrontar futuros desafíos.
En base a El Tiempo/GDA
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