El 29% de los niños y adolescentes vivió al menos una situación de abuso o explotación sexual, indicó Unicef

En el estudio se detalla que el 45% de las víctimas de abuso sexual respondió que tuvo entre sus agresores a familiares, “en su mayoría eran varones (tío, abuelo, padre, hermano y padrastro)”.

Presentación de encuesta sobre violencia sexual en Torre Ejecutiva.
Presentación de encuesta sobre violencia sexual en Torre Ejecutiva.
Foto: Leonardo Maine.

La violencia sexual afecta a casi uno de cada tres niños y adolescentes en Uruguay ya que el 29% vivió al menos una situación de abuso sexual y/o explotación sexual. El dato pertenece a un informe de Unicef que se presentó este jueves en el auditorio de Torre Ejecutiva.

El estudio se basó en los resultados de una encuesta hecha junto a Equipos Consultores a personas de 18 a 24 años para saber si sufrieron violencia sexual durante su infancia o adolescencia. El relevamiento se realizó entre diciembre de 2025 y enero de 2026.

Para Unicef, la “magnitud” de los resultados de esta “primera aproximación” subraya la “necesidad de que el Estado realice una medición periódica y más robusta”.

El centro del informe es la violencia sexual, que se define en el documento como la “imposición de conductas de carácter sexual por parte de una persona adulta, en un contexto de desigualdad de poder”, ya sea “mediante el engaño, la coerción, la fuerza, la manipulación o la amenaza”.

Abuso sexual

Casi uno de cada cinco (19%) de los encuestados sufrió alguna situación de abuso sexual durante su infancia o adolescencia. Este fenómeno, se indicó en el estudio, “presenta una profunda brecha de género, ya que las mujeres muestran una afectación mucho mayor en comparación con los varones”. Los resultados muestran que para las mujeres consultadas esta situación la vivió el 30% mientras que para los hombres afectó al 9%.

El abuso sexual se define como el “ejercicio abusivo de poder de una persona adulta” hacia un niño o adolescente, “para la satisfacción sexual de quien lo ejerce”. En estos casos, “no intermedia una remuneración y, por lo general, se da en contextos de vínculos cercanos, aunque puede haber casos” en los que sean “extraños o conocidos que no integran el círculo de confianza”.

Los seis indicadores consultados fueron: “tocó alguna parte de tu cuerpo de manera inapropiada o tus partes íntimas, sin tu permiso; te obligó a tocar su cuerpo o el de otra persona de manera inapropiada; te obligó a desvestirte o mostrar tus partes íntimas; te obligó a mirar sus partes íntimas o las de otra persona; te obligó a mirar fotos o videos con contenido pornográfico; te obligó o intentó obligarte a realizar cualquier tipo de acto sexual o erótico o a tener relaciones sexuales”.

La mayor brecha de género se registró en la pregunta sobre los “tocamientos inapropiados (de alguna parte de su cuerpo o sus partes íntimas)” dado que el 25% de las mujeres declaró haberlo vivido en comparación al 4% de los varones. También hubo una distancia en el estar obligado a hacer actos sexuales o eróticos, o tener relaciones sexuales —el 20% de las mujeres consultadas dijo haberlo vivido y en el caso de los hombres el 4%.

También se encontró que, dentro de los que sufrieron abuso sexual durante su infancia y adolescencia, en su mayoría (69%) se dio antes de los 14 años.

Asimismo, se halló que las “experiencias de abuso sexual no suelen ser eventos aislados”. Y se explicó: “Más de la mitad (55%) de quienes lo sufrieron en la infancia o adolescencia indica que al menos una de dichas situaciones de abuso sucedió más de una vez antes de cumplir 18 años”.

Por otra parte, se indagó en quiénes fueron los agresores de las víctimas. Tres de cada cuatro consultados identificaron “como responsables a algún adulto de su entorno cercano, ya sea familiares directos, parejas o novios, vecinos o familiares de amigos o de compañeros”.

Poco menos de la mitad (45%) de las víctimas de abuso sexual respondió que entre los agresores había familiares, “en su mayoría eran varones (tío, abuelo, padre, hermano y padrastro)”. Además, el 24% “mencionó a parejas y un 17% hizo referencia a familiares de amigos o de compañeros, lo que refuerza el peso de los vínculos de cercanía en estas situaciones”.

Explotación sexual

La otra modalidad de la violencia sexual es la explotación sexual, la que se define como la utilización de niños y adolescentes “en actividades sexuales, eróticas o pornográficas para la satisfacción de los intereses o deseos de una persona o grupo de personas, a cambio de un pago o promesa de pago económico, en especie o de cualquier tipo” para la víctima o un tercero.

Unicef encontró que una de cada seis personas (17%) sufrió explotación sexual durante su infancia o adolescencia. Acá también se halló una brecha: las mujeres (20%) fueron víctimas en una “proporción sensiblemente mayor” que los varones (14%). Otra particularidad es que se vivió más en el interior del país (21%) en comparación a Montevideo (11%).

Al poner la lupa en las situaciones de explotación sexual, se encontró que la “más frecuente fue ofrecimientos de dinero o regalos a cambio de actos sexuales (14%), seguida de ofrecimientos de dinero o regalos a cambio de fotos o videos con contenido íntimo (12%)”, se indica.

Las redes sociales constituyeron el “principal ámbito donde se originan las situaciones de explotación”. El informe encontró que el 95% de quienes recibieron ofertas de retribución por fotos o videos con contenido íntimo o sexual y el 67% de quienes recibieron ofertas por actos sexuales físicos en “al menos una de estas situaciones sucedió a través de plataformas digitales”.

Unicef advirtió que el “entorno digital forma parte de la vida cotidiana” de niños y adolescentes, “por lo que resulta esperable que una proporción significativa de estas situaciones tenga lugar en estos espacios”. Asimismo, destacó que, “en muchos casos, estos entornos ofrecen a las personas agresoras mecanismos que facilitan el resguardo de su identidad”.

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