Amenazas en liceos y retos virales: por qué los jovenes caen en conductas de riesgo online, según la psicología

La psicología detrás de las conductas que alarman a las comunidades educativas y una guía para padres sobre cómo hablar con los hijos y prevenir riesgos.

Celular, adolescente
Adolescente usa el celular.
Foto: Freepik.

Las recientes amenazas de tiroteos en liceos —que, según la investigación, responderían a un “reto viral” con el objetivo de faltar a clases— volvieron a poner sobre la mesa una preocupación creciente: la influencia de las redes sociales en los adolescentes y los límites difusos entre juego, presión grupal y conductas de riesgo.

Desde la psicología, estos fenómenos no se explican únicamente por la “maldad” o la irresponsabilidad individual, sino por una combinación de factores propios de la etapa adolescente y del entorno digital en el que hoy crecen. La necesidad de pertenencia, la búsqueda de validación y la construcción de identidad son procesos centrales en esta etapa de la vida. Las redes sociales, con su lógica de visibilidad y recompensa inmediata, pueden amplificar esas dinámicas.

Uno de los conceptos clave para entender este comportamiento es el de “presión social digital”. A diferencia de generaciones anteriores, hoy esa presión no se limita al entorno físico: se expande, se acelera y se multiplica en plataformas donde los contenidos se viralizan rápidamente. Un desafío que empieza como una broma puede transformarse en una cadena de acciones replicadas sin demasiada reflexión sobre sus consecuencias.

A esto se suma otra característica del desarrollo adolescente: una mayor tendencia a la impulsividad y una menor percepción del riesgo a largo plazo. En este contexto, participar de un reto puede vivirse como algo inofensivo o incluso divertido, sin dimensionar el impacto real que puede tener —en este caso, generar alarma social, movilizar recursos de seguridad o afectar a toda una comunidad educativa.

Adolescente con el celular
Adolescente con el celular
Freepik

El problema no son solo los retos en sí, sino el mecanismo que los sostiene. Las redes funcionan muchas veces como un sistema de refuerzo: cuantos más “likes”, comentarios o visualizaciones recibe una conducta, mayor es la probabilidad de que se repita. Esto puede llevar a una escalada en la búsqueda de atención, donde cada acción necesita ser más impactante que la anterior.

Sin embargo, demonizar las redes sociales no resulta efectivo. Desde la psicología, el foco está en el acompañamiento y la educación en salud digital; sobre todo, en generar espacios de diálogo. Más que controlar o prohibir, se trata de conversar sobre lo que ven, lo que consumen y lo que sienten en relación a eso. Preguntar sin juzgar permite entender cómo interpretan esos contenidos y qué lugar ocupan en su vida cotidiana.

También es importante trabajar el pensamiento crítico. Ayudar a los adolescentes a preguntarse de dónde viene un contenido, qué intención puede tener y cuáles podrían ser sus consecuencias reales contribuye a que no actúen de forma automática frente a lo que circula en redes.

Adolescentes
Celos y redes sociales, una combinación peligrosa en las relaciones adolescentes.
Foto: Freepik

Otro aspecto central es fortalecer la autoestima y la identidad fuera del mundo digital. Cuanto más sólida es la valoración personal, menor es la necesidad de validación externa inmediata. Actividades fuera de las pantallas, vínculos presenciales y espacios de expresión propios funcionan como factores protectores.

El establecimiento de límites claros también forma parte del cuidado. Definir tiempos de uso, acompañar en la elección de plataformas y estar atentos a cambios de comportamiento son formas concretas de ejercer una presencia activa sin invadir.

Por último, los adultos también cumplen un rol modelador. La forma en que usan la tecnología, cómo reaccionan ante la información y qué lugar le dan en su vida cotidiana transmite, muchas veces sin palabras, una manera de vincularse con el mundo digital.

Lo ocurrido en los liceos muestra hasta qué punto una tendencia online puede tener consecuencias fuera de la pantalla. Entender estas dinámicas no implica justificarlas, sino abordarlas con herramientas más efectivas. En un entorno donde lo digital forma parte de la vida, el desafío no es aislar a los adolescentes, sino acompañarlos a habitarlo con criterio, responsabilidad y cuidado.

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