En distintas ciudades del mundo, correr dejó de ser una actividad centrada únicamente en el rendimiento físico para incorporar una dimensión ambiental. En ese cruce surge el plogging, una práctica que combina el trote con la recolección de residuos y que propone una forma de ejercicio que trasciende lo individual.
El concepto nació en Suecia a partir de la unión de “jogging” y “plocka upp” (recoger), y con el tiempo se expandió a grandes centros urbanos como Nueva York. En esa ciudad, entidades como New York Road Runners (NYRR) han incorporado esta modalidad en eventos de gran escala, como el Maratón y la Media Maratón local, donde los tramos de entrada en calor se convierten en instancias para juntar desechos.
Lejos de ser una actividad más liviana, el plogging introduce un nivel adicional de exigencia física. Cada pausa para levantar basura implica movimientos similares a sentadillas o estocadas, lo que intensifica el trabajo de piernas y zona media. El entrenador Jason Fitzgerald, responsable del Strength Running Podcast, explicó al New York Post que esta dinámica favorece la recuperación activa y contribuye a un mejor manejo del metabolismo.
También destacó que las interrupciones reducen el ritmo cardíaco en comparación con el running continuo, lo que puede potenciar la quema de grasa y aportar beneficios como el fortalecimiento óseo y la prevención de enfermedades como la diabetes tipo 2.
El impacto no se limita al plano corporal. Quienes practican plogging encuentran en esta actividad una fuente de bienestar emocional, vinculada con la posibilidad de aportar a la comunidad. La sensación de dejar un espacio más limpio y de participar en una acción colectiva contribuye a disminuir el estrés y los síntomas depresivos.
En esa línea, la exmaratonista y activista Tina Muir señaló que esta experiencia le permitió resignificar su relación con el deporte, al encontrar un propósito ligado al cuidado del entorno. Además, subrayó el efecto contagio que generan estas acciones: ver a otros involucrarse suele incentivar conductas similares.
Para iniciarse en esta práctica, los impulsores recomiendan algunas pautas básicas: utilizar guantes y bolsas resistentes, incorporar estiramientos al finalizar para compensar las flexiones repetidas, elegir recorridos conocidos —ya que el ritmo se vuelve más pausado— y sumarse a grupos locales, lo que favorece la sociabilidad.
Si bien recoger residuos durante una corrida no resuelve por sí solo los desafíos ambientales globales, sí cumple un rol formativo. Así lo expresó Aly Criscuolo, directora de sostenibilidad de NYRR, quien destacó que este tipo de iniciativas ayudan a concientizar y a demostrar que cualquier persona puede generar un impacto positivo en su entorno inmediato.
El crecimiento del plogging refleja una transformación en la manera de entender el deporte en las ciudades: una práctica donde el cuidado del cuerpo y el del ambiente avanzan en paralelo.
Con base en El Tiempo/GDA
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