La denominada onda Kelvin, "una enorme masa de agua excepcionalmente cálida" avanza en las profundidades del océano Pacífico y prepara el terreno para la formación del fenómeno meteorológico de El Niño, informó este viernes la agencia meteorológica brasileña Metsul.
Según los expertos, esta onda se desplaza por debajo de la superficie del mar desde el Pacífico Occidental, cerca de Indonesia, y se dirige "hacia el este, en dirección a Sudamérica".
¿Por dónde se desplaza la onda Kelvin?
Con base en los datos proporcionados por la agencia climática de Estados Unidos (NOAA), la masa de agua cálida u onda Kelvin ya está llegando a las costas de Perú y Ecuador. "En algunas zonas de las profundidades oceánicas, las temperaturas del agua alcanzaron los 8°C por encima del promedio histórico", un valor muy alto para el océano, donde la temperatura varía de forma muy lenta.
Metusl apunta que entre los expertos "existe consenso sobre la preocupante situación del calentamiento de los océanos", lo que implicaría que un fuerte fenómeno de El Niño "podría intensificar los eventos meteorológicos extremos en una atmósfera ya saturada de calor y humedad".
Los efectos de El Niño en Uruguay
El fenómeno climático de El Niño podría provocar en Uruguay un aumento de las temperaturas y lluvias por encima de lo normal durante los próximos meses, especialmente en primavera y comienzos del verano, según explicó la presidenta del directorio del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) Madeleine Renom.
“El impacto más conocido de un fenómeno de El Niño clásico es sobre la temperatura. Siempre se esperan inviernos con temperaturas por encima de lo normal”, señaló Renom en un video publicado por Inumet. A su vez, indicó que el fenómeno también influye en el régimen de precipitaciones, con lluvias superiores a los valores habituales principalmente entre octubre, noviembre y diciembre, e incluso en algunos casos hasta enero.
¿Qué impactos puede tener El Niño en Uruguay y en el mundo?
— Instituto Uruguayo de Meteorología (@Inumet_) May 20, 2026
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Por su parte, Marcelo Barreiro, profesor titular del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, sostuvo que los efectos de El Niño “son fuertes en primavera y comienzos del verano”, aunque aclaró que suelen disminuir durante febrero para luego retomarse en otoño. En ese sentido, adelantó que durante el otoño del próximo año también podrían registrarse precipitaciones por encima de lo normal asociadas a este fenómeno climático.
Además, remarcó además que los impactos suelen sentirse con mayor intensidad “al norte del Río Negro”, una región que históricamente presenta mayor sensibilidad a las variaciones vinculadas a El Niño.
A nivel global, el especialista advirtió que el calentamiento del Océano Pacífico también repercute en la temperatura media del planeta. “Es esperable que las temperaturas medias globales aumenten, porque el calentamiento del Océano Pacífico también eleva las temperaturas del globo”, afirmó. Según indicó, las proyecciones internacionales apuntan a que 2027 podría ubicarse entre los años más cálidos desde que existen registros meteorológicos.
Los que dicen los meteorólogos sobre El Niño
"No hay que ser alarmistas, pero tampoco dormirse en los laureles", advierte en diálogo con El País el meteorólogo Mario Bidegain. Explica que la situación es la siguiente: El Niño no viene todos los años ni mucho menos. A veces las aguas tropicales del Pacífico pueden estar en lo que se denomina una fase neutra, una fase fría —lo que se conoce como La Niña y que en Uruguay implica déficit hídrico o sequía— o una fase cálida, que es lo que se aproxima este 2026.
A su vez, esa fase cálida puede tener distintas intensidades. El Niño débil sucede cuando las aguas del Pacífico tropical están entre medio grado y un grado por encima de lo normal. El Niño moderado es entre un grado y un grado y medio. Y El Niño fuerte es entre un grado y medio y dos grados. Bidegain cuenta que en 2015 y 2016 el fenómeno fue todavía más fuerte, "superó largamente los dos grados, llegó a casi tres", y fue tal la intensidad que los meteorólogos lo llamaron "super Niño".
Sucede que para el segundo semestre de este año se espera El Niño pero fundamentalmente para octubre, noviembre y diciembre se prevé un fenómeno que incluso podría llegar a superar la última categorización porque algunos modelos meteorológicos hablan de un aumento de entre 3°C y 3,5° por encima de lo normal para esas aguas.
"Podría ser un evento histórico", indica Bidegain al citar un trabajo del modelo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (la NOAA de Estados Unidos) que mencionan la posibilidad de una temperatura superior a 3° por encima de lo normal. "Es una barbaridad", dice el especialista.
Otro meteorólogo, José Serra, coincidió días atrás en diálogo con El País en que "es factible el fenómeno del Niño" entre la primavera y el verano, pero se trata de un pronóstico basado en modelos meteorológicos, que por representar tendencias tienen amplios márgenes de error.
"El Niño trae como consecuencias un superávit en las precipitaciones, mayor humedad en la atmósfera, lluvias copiosas y abundantes, posiblemente lleven a inundaciones. Ahora, el potencial energético del fenómeno del Niño dentro de seis meses la verdad que lo pongo en duda", dijo, aunque agregó que el calentamiento global "llevaría a pensar que se agrave El Niño y sea más potente que otros".
"Tenemos que ser extremadamente cuidadosos porque imaginemos que solo nos basemos en los modelos, que esto no se llegue a cumplir y estemos potenciando una situación que no es tal. Entonces, lo que opino es que hay que tener mucho cuidado y ser cautelosos: podría llegar a darse pero de momento estamos muy lejos de que ese fenómeno sea tan potente", indicó.
Sobre cómo el calentamiento de las aguas del Pacífico se traduce en lluvias en Uruguay, Serra graficó la situación con un "río atmosferico" que se mueve de la parte ecuatorial del océano, "pasa por la selva amazónica y llega al sur de Brasil". "Eso por circulación atmosférica nos da un aporte muy alto de humedad que a veces se traduce en precipitaciones", explicó.
En este caso, a diferencia de lo que a veces sucede, se favorecería la aparición de frentes cálidos que llegan desde el norte y van hacia el sur, y que tienen características distintas a los frentes fríos, que ingresan con una trayectoria inversa.