Los cambios en los horarios de acostarse y levantarse pueden estar asociados con un mayor riesgo de desarrollar apnea obstructiva del sueño e hipertensión, según una investigación realizada por el Scripps Research Institute y publicada en la revista científica Journal of Medical Internet Research.
El estudio analizó los patrones de sueño de 319 adultos, que proporcionaron un promedio de dos años de datos registrados mediante dispositivos digitales de actividad, como relojes inteligentes. Los participantes también completaron cuestionarios sobre su salud.
“Los datos de rastreadores de actividad digital ofrecen una manera única de detectar patrones relevantes de salud a partir de dispositivos que las personas ya poseen”, afirmó Stuti Jaiswal, autora principal del estudio y profesora asistente en Scripps Research.
Qué ocurre cuando varían los horarios de sueño
Los resultados mostraron que, manteniendo constante el índice de masa corporal (IMC), la probabilidad de presentar un alto riesgo de apnea obstructiva del sueño aumentó un 159% por cada hora adicional de variabilidad del sueño durante la semana.
La apnea obstructiva del sueño es un trastorno caracterizado por episodios repetidos de respiración irregular provocados por el bloqueo parcial o completo de las vías respiratorias superiores. Entre sus principales síntomas se encuentran los ronquidos, los despertares recurrentes y la somnolencia durante el día.
En el caso de la hipertensión, y manteniendo constantes la edad, el sexo y el IMC, la probabilidad aumentó un 71% por cada hora de variación en los horarios de sueño.
Esto significa que, según las asociaciones observadas en el estudio, una diferencia aparentemente pequeña en la hora de acostarse —por ejemplo, hacerlo a las 23 en lugar de las 22— se relacionó con un mayor riesgo de ambas condiciones. Sin embargo, los investigadores señalaron que todavía es necesario profundizar en las causas específicas de esta relación.
Por qué la regularidad del sueño es importante
Aunque los resultados identificaron un patrón entre la variabilidad del sueño y el riesgo de determinadas condiciones, los investigadores aclararon que se necesitan estudios adicionales para comprender los mecanismos que intervienen.
“Estamos confirmando que estas asociaciones existen y entendiendo los mecanismos. La próxima etapa es descubrir cómo podemos realmente ayudar a las personas a mejorar su salud”, afirmó Jaiswal.
La investigación también plantea que, además de la cantidad de horas dormidas, la regularidad de los horarios puede tener importancia para la salud. Los cambios frecuentes en la hora de acostarse podrían contribuir a factores como la inflamación, las alteraciones en los ritmos de cortisol y las disfunciones metabólicas, relacionados con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Hábitos que pueden favorecer un sueño de calidad
Más allá de establecer una cantidad exacta de horas de sueño o una hora universal para acostarse, el artículo destaca la importancia de mantener hábitos que favorezcan un descanso adecuado. Estas prácticas se conocen como higiene del sueño.
Entre las recomendaciones mencionadas se encuentran:
- Acostarse cuando aparece el sueño y salir de la cama si no se logra dormir después de 30 minutos.
- Evitar llevar dispositivos electrónicos, como celulares y tabletas, a la cama, así como intentar apagar el televisor.
- Mantener el dormitorio oscuro, silencioso y a una temperatura confortable.
- No utilizar medicamentos para dormir sin prescripción médica.
- Evitar discusiones o actividades estresantes antes de acostarse.
- Realizar actividades relajantes, como leer, meditar o escuchar música.
- Evitar el café y las bebidas alcohólicas cerca de la hora de dormir.
- Optar por comidas livianas durante la noche.
- No dejar el reloj junto a la cama.
- Mantener una rutina estable, con horarios similares para acostarse y levantarse todos los días.
En base a OGlobo/GDA