MEDICACIÓN

Uruguay ya probaba con corticoides desde el inicio de la pandemia por coronavirus

La dexametasona muestra eficacia en casos graves de COVID-19, según estudio de Oxford; aquí se administra un fármaco similar

dexametasona
La dexametasona, al igual que la metilprednisolona, es un fármaco, barato y de fácil acceso, lo que contribuye a su uso.

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Desde los primeros casos de coronavirus en el país, el sistema de salud ha usado corticoides como la metilprednisolona y la hidrocortisona –en menor medida– para el tratamiento de pacientes graves con COVID-19, según confirmó a El País Julio Medina, director de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (UdelaR), aunque no se tienen datos precisos sobre su administración.

“Teníamos evidencia incipiente que la metilprednisolona podía servir y es la que se ha usado en nuestro país. La evidencia más fuerte al día de hoy dentro de los corticoides pasa a ser la dexametasona para pacientes con COVID-19 que requieran oxígeno suplementario o que se encuentren ventilados. Tenemos que esperar evidencia más sólida para la metilprednisolona”, explicó.

Medina se refería al estudio de la Universidad de Oxford que se dio a conocer esta semana sobre la dexametasona, otro corticoide, y cuyos resultados consideró “realmente auspiciosos” al determinar que esta familia de fármacos administrada “en dosis bajas y pulsos cortos” sea la “herramienta terapéutica” en los pacientes con cuadros graves.

Características de los corticoides.

Dos estudios han valorizado el uso de corticoides en el último mes. Uno de ellos se realizó en cinco hospitales en Michigan (EE.UU.) con 213 pacientes. Según señaló Medina, quienes recibieron metilprednisolona a dosis de 0,5 a 1 miligramo por kilo por tres días mostraron una disminución en la necesidad de ingreso al CTI y menor necesidad de ventilación mecánica. En ese grupo se constató un menor número de muertes.

El otro estudio tuvo más divulgación. Científicos de la Universidad de Oxford publicaron “datos preliminares” que mostraban que el uso de seis miligramos de dexametasona diarios durante 10 días consiguió un descenso en la mortalidad a los 28 días. En pacientes ventilados, la mortalidad se redujo a un tercio; y en pacientes que recibieron solo oxígeno suplementario bajó un quinto. Su progreso se comparó con una muestra aleatoria de poco más de 4.300 pacientes que no recibieron tratamiento adicional.

Una diferencia entre los ensayos con corticoides y con los antipalúdicos cloroquina e hidroxicloriquina es que estos últimos apuntaban a eliminar el virus SARS-CoV-2 del organismo. En cambio, los corticoides, ya sea dexametasona o metilprednisolona, entre otros, son administrados como “coadyuvantes”.

Los hospitales trabajan sin pausa en las grandes ciudades de Brasil para atender la emergencia causada por el COVID-19. Foto: AFP
Los corticoides solo deben ser administrados para pacientes graves por COVID-19. Foto: AFP

Cecilia Maldonado, profesora agregada del Área de Biofarmacia y Terapéutica del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la Facultad de Química, explicó a El País que se los usa para aliviar lo que se conoce como “tormenta de citoquinas” que no es más que una reacción inmunológica exacerbada y que no presentan todos los pacientes de gravedad.

Las citoquinas arrasan en abundancia por el torrente sanguíneo y se propagan más allá de las partes infectadas del cuerpo y comienzan a atacar tejidos sanos; al mismo tiempo que se forman coágulos de sangre (por eso a muchos pacientes con coronavirus se les administran anticoagulantes), lo que ahoga más el flujo sanguíneo. La “tormenta” ocasiona un estado de shock séptico. “Ese cuadro puede llegar a matar al paciente”, afirmó.

Y añadió: “Cuando aplicás un corticoide estás intentando frenar a un sistema inmune que está tratando de defenderse pero que, por la cantidad de citoquinas, termina haciéndole daño al paciente”.

En su rol como coadyuvantes, los corticoides “no curan la infección”, como apuntó Medina, sino que logran por distintos mecanismos “mejorar los resultados clínicos” de las personas; “en este caso, la variable más dura que se mide en medicina que es la mortalidad”.

Para grado 5 hay que seguir con cautela.

A pesar de los resultados prometedores del estudio difundido esta semana por la Universidad de Oxford sobre el tratamiento a base de dosis bajas de corticoides a pacientes graves con COVID-19, Gustavo Tamosiunas, director del Departamento de Farmacología y Terapéutica de la Facultad de Medicina dijo que hay que tomarlos con cautela, dado que se trata de datos preliminares. “Es probable que los corticoides puedan ser adecuados, para reducir la etapa inflamatoria grave de la COVID-19. El tema es que los resultados no han sido publicados en forma total y se necesita la revisión de pares”, dijo a El País.

Y agregó: “Hay que corroborar esto. Ha habido varias novedades terapéuticas que han subido como efervescencia y que parecían que iban a curarnos y después no (como ha sucedido con la cloroquina y la hidroxicloroquina que la Organización Mundial de la Salud ha suspendido temporalmente los ensayos al encontrarse un aumento de la mortalidad). Lo riguroso precisa tiempo. Cuando se afirman los números, luego resultan que no es tan mágico, por lo que hay que tomarlo con pinzas”. El experto completó que los corticoides deben seguir siendo estudiados por otros centros sanitarios y en grupos de pacientes más grandes para que su eficacia quede comprobada.

Oxford publicó estudios en los que se indica que la dexametasona ha reducido en hasta un tercio la mortalidad de pacientes intubados con respiradores y en un quinto la de los que necesitaron oxígeno.

¿Cuáles son los efectos?

La dexametasona es un corticoide que se usa principalmente por su efecto antiinflamatorio o su efecto inmunosupresor “porque modifica o modula nuestra respuesta frente a las infecciones”, indicó Gustavo Tamosiunas, director del Departamento de Farmacología y Terapéutica de la Facultad de Medicina. La misma descripción sirve para metilprednisolona, la que, a su juicio, debe ser tratada “con los mismos cuidados, indicaciones e incertidumbres”.

Son fármacos de uso comprobado para cuadros de artritis reumatoide, asma, afecciones dermatológicas, lupus, terapias contra el cáncer, entre otros, para los que “a veces tiene efectos ‘maravillosos’ por la respuesta antiinflamatoria”. Se administra por vía oral, intravenosa, intramuscular o rectal.

Lo que preocupa a Tamosiunas y a Maldonado es que su uso comprobado para casos graves de COVID-19 sean malinterpretados y lleve a personas sanas a tomarlos a modo de prevención como ha pasado con la cloroquina e hidroxicloriquina en algunos países.

Así lo explicó Tamosiunas: “El uso de los corticoides tiene que estar bastante bien reglado en cuanto a qué pacientes hay que dárselos porque modifican el sistema hormonal y tienen una gran cantidad de efectos sobre el metabolismo, las proteínas, el azúcar en sangre y la presión arterial”.

Es decir, la dexametasona y la metilprednisolona no funcionan en personas con síntomas más leves de COVID-19. Al contrario, si se administran en la etapa de invasión viral, el sistema inmunológico reduce su capacidad de respuesta y, en consecuencia, al virus se le facilita su multiplicación. “Está chocho de la vida”, ilustró el grado 5 en Farmacología y Terapéutica.

Maldonado fue categórica: “La automedicación puede llegar a ser totalmente contraproducente”.

Esto se debe a que los corticoides deprimen el sistema inmune y, por lo tanto, aumentan la susceptibilidad de contraer coronavirus o cualquiera otra enfermedad. En el caso de la COVID-19, “están pensados para ser administrados en ambientes controlados y solo en pacientes que atraviesan una tormenta de citoquinas y necesitan intubación u oxígeno”, recordó.

Un fármaco que está prohibido en el deporte.

La dexametasona aparece en la lista de sustancias prohibidas en competición y elaborada por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Eso sí, se puede utilizar con autorización médica. Es conocido el caso del futbolista español Sergio Ramos, que sufría dolores en un hombro y una rodilla, que fue infiltrado por el médico del Real Madrid antes de la final con la Juventus en Cardiff para disminuir los dolores.

Gustavo Tamosiunas, director del Departamento de Farmacología y Terapéutica de la Facultad de Medicina, explicó a El País que este corticoide está prohibido por la AMA porque mejora el rendimiento de deportistas porque “mejora el ánimo y la capacidad de trabajo” pero genera un componente adictivo. “Bajo los efectos de los corticoides podés seguir trabajando física y mentalmente durante horas sin darte cuenta. En realidad, del punto de vista físico, los médicos saben que tienen que tener cuidado porque se debe dosificar. Si cualquiera de nosotros sale a una carrera bajo los efectos de los corticoides vas volando y no te cansás”, señaló.

En el caso de Sergio Ramos se determinó que esa sustancia no mejoró su desempeño en el partido, sino que solo le calmó los dolores en las articulaciones dañadas. El Real Madrid goleó por 4 a 1 a Juventus y consiguió su duodécima Orejona.

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