Inteligencia artificial

¿Pueden los robots sentir como humanos?

Proyecto logró que un robot detectara cuándo estaban intentando confundirlo.

Robot. Foto: Wikimedia Commons
Robot. Foto: Wikimedia Commons

Cuando se intenta "confundir" a los robots respecto a la posición en donde están ubicados, reaccionan como haría un ser humano, según los primeros resultados de un innovador proyecto europeo para mejorar la interacción de la robótica y las personas, liderado por un científico español.

Conseguir que los robots aprendan a reconocer su propio cuerpo y distinguirlo de otros elementos es el objetivo de este proyecto, llamado "SELFCEPTION".

En el mismo trabaja el investigador español Pablo Lanillos, experto en inteligencia artificial, junto con el director del Instituto de Sistemas Cognitivos Gordon Cheng de la Universidad Tecnológica de Munich (TUM), en Alemania.

La investigación, en el marco de una prestigiosa beca europea Marie Sklodowsca-Curie, se encuentra aún en desarrollo y combina robótica con psicología cognitiva y cuyos resultados finales se validarán en colaboración con el fabricante español Pal Robotics.

Se sometió a robots con piel artificial a pruebas que los exponían a "ilusiones" para confundirlos mediante estimulación visual y táctil de forma conjunta.

El experimento les hacía creer que "su mano no era su mano", y el resultado confirmó por primera vez, en este ámbito de investigación, que "cuando se les crea ese tipo de ilusiones, los robots adaptan sus reacciones igual que los humanos".

Así los explicó a Efe Lanillos, doctor en inteligencia artificial por la Facultad de Informática de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que estuvo participando en Madrid del congreso mundial IROS 2018, donde fue finalista por el mejor artículo de robótica cognitiva.

Sensores.

Según el investigador español, los robots identifican sus posiciones de acuerdo con la información que reciben de sus sensores, como lo hacen las personas dependiendo de lo que ven, tocan o perciben con cualquier sentido.

El científico, inspirado por influyentes corrientes de la neurociencia actual, insistió en el gran avance que implicará para la interacción de las máquinas y las personas lograr que los robots lleguen a distinguir su propio "yo" del resto del mundo.

Actualmente, explicó, los robots domésticos apenas interactúan físicamente con las personas, y ni siquiera tienen extremidades en muchos casos.

No son más que bolas o cilindros a menudo, precisamente por seguridad, "dado que no son capaces de discernir el posible riesgo físico para al hombre que entrañan sus movimientos".

"Necesitamos robots flexibles, robots seguros, es decir, que sepan en todo momento dónde está su cuerpo y que sean conscientes de que si mueven un brazo generarán un efecto físico sobre el mundo a su alrededor", añadió Lanillos.

Por esa razón, la robótica ha emprendido un nuevo camino: lograr hacerlos más blandos en cuanto a los materiales que se utilizan para fabricarlos.

Hasta ahora, el diseño de robots —especialmente los industriales— se centraba en que fueran "más rápidos, más poderosos y más precisos". Los blandos "quiere mantener todo eso, pero además que sean reconfigurables, adaptativos y más seguros", explicó a Efe la profesora de la Escuela Politécnica de Lausana (Suiza), Jamie Paik.

Esta nueva generación de robots requiere de más investigación en materiales, para lograr la flexibilidad que les caracteriza, aunque también se pueden utilizar materiales ya existentes.

El ingeniero Kai-Oliver Arras, de la empresa Bosch líder en tecnología de consumo, industrias y automoción y que además realiza investigación básica, dijo que el "reto es hacer cada vez más segura y útil la tecnología para mejorar la calidad de vida en sociedades más urbanas y longevas". Y agregó: responder a tiempo y correctamente ante situaciones imprevisibles es uno de los grandes retos tecnológicos pendientes en el mundo de la robótica".

De acuerdo a las previsiones de los expertos en la temática, solo en Europa habrá más de 35 millones de robots privados para uso no industrial este mismo año.

Aprender.

"Cuando uno actúa y aprende de la interacción, el robot interioriza toda la incertidumbre del mundo"; si el robot no ha estado nunca en la realidad "pasa por alto un montón de cosas" muy importantes, comentó el experto Pablo Lanillos, integrante del proyecto "SELFCEPTION".

Por eso, prosiguió, para el aprendizaje de los robots, como con los humanos, también es "mejor actuar primero y aprender después".

Otro de los objetivos de la investigación es intentar identificar las claves desde la robótica sobre cómo los humanos construyen su propia representación física del mundo y son capaces de percibirse a sí mismos como individuos independientes.

De hecho, explicó el experto, la causa de muchas enfermedades se debe a cómo ciertas personas integran las señales que reciben en el cuerpo. Por eso, otro de los retos es lograr que los avances en robótica puedan aplicarse también a nuevas terapias sanitarias.

Parecidos a los humanos pero nunca iguales

La forma humanoide de los robots es más aceptada, porque la gente "puede anticipar cómo van a desplazarse", aunque el parecido tiene sus límites: el robot resulta agradable si presenta rasgos familiares, pero se vuelve molesto si se nos parece demasiado, sostienen los expertos. "Nunca puede reproducirse perfectamente un rostro humano", y esa imperfección provoca un "rechazo" en el ser humano", aseguran los investigadores.

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