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Prendas sustentables de jean con la técnica patchwork que unen lo social y lo emocional

La joven diseñadora textil Camila Zerbino creó Unéz, una colección en denim hecha en base a los excedentes de fábrica que busca rescatar lo artesanal y apoyar proyectos sociales.

Unéz
Camila tiene 25 años y su idea surgió como proyecto final para su carrera en la ORT.

"Aunar, unir, conectarse y reconectarse con las prendas”. Eso pensó Camila Zerbino (25 años) cuando tuvo que elegir el nombre para el proyecto final de la Licenciatura en Diseño de Modas de la ORT.

Del juego de palabras y letras surgió Unéz, nombre que para ella define a la perfección el proyecto de diseño social y sustentable que ideó como respuesta a la propuesta de encontrar, como diseñadora, una solución o cubrir la necesidad de una marca.

El resultado fue una colección de prendas reversibles en denim hechas a partir de desechos de fábricas nacionales.

“En la facultad te fomentan bastante todo lo que tiene que ver con la sustentabilidad y es un campo con el que hace un par de años me conecté, entonces quería que mi proyecto final estuviera vinculado a todo eso”, contó a El País.

Unéz

Se inspiró en Gaia, una marca que cumple con todas estas características desde lo sustentable a lo social. Se reunió con sus responsables y poco a poco le fue dando forma a su idea. Rescató principalmente el valor que esta marca le da a lo artesanal y lo manual y su preocupación por que se conozca lo que pasa detrás de cada prenda.

El primer tema que se le planteó fue el material a trabajar y se le ocurrió el denim (lo que comúnmente conocemos como jean), por ser una de los materiales textiles más problemáticos para el ambiente por el tema de los lavados y lo que implica lograr los colores.

“Conseguí entonces que una fábrica nacional me diera los excedentes, los cortes que ellos tiraban a la basura, para generar mi colección”, dijo sobre lo que le permitió cumplir con el plan de sustentabilidad: generar algo nuevo a partir de un desecho.

A la hora de pensar cómo conectar esos excedentes apareció lo artesanal y lo manual y también el valor de lo heredado porque la diseñadora recurrió a una técnica que aprendió de su madre, dueña de un taller textil en el que se imparten distintas técnicas. Camila eligió el patchwork.

“Es una técnica que tiene muchísimos años y mucha historia y tradición. Lo que hace es retomar pequeños pedacitos de tela, los une y conforma una tela nueva. Me parecía que era ideal para esto porque lograba el aprovechamiento de la tela en sí y generaba algo nuevo, algo distinto a partir de estos excedentes”, explicó.

El patchwork tiene patrones clásicos. Camila realizó un sistema de símbolos en el que después generó patrones que se adaptaban bien al concepto que quería transmitir y a partir de esos excedentes empezó a elaborar las distintas telas.

A la hora de desarrollar la moldería de la colección tuvo en cuenta trabajar a partir del concepto del cuerpo universal.

Así fue que creó prendas sin un talle específico o un género como destinatario.

“Se podían adaptar al usuario que quisiera usarlas”, apuntó.

El aporte social.

Otro de los factores fundamentales del proyecto y que Camila considera que lo enriqueció especialmente y le permitió a ella crecer tanto en lo profesional como en lo personal fue el vínculo que estableció con el Centro de Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodih), que atiende y promueve a las familias más vulnerables, sobre todo mujeres en situación de alto riesgo social.

“Me comuniqué con ellos y me abrieron las puertas para que pudiera enseñarles una técnica a las mujeres que están haciendo talleres allí. Les llevé una técnica que se complementa bastante bien con el patchwork, que es una forma de bordado llamada boro”, contó a El País.

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Camila buscó poder transmitirles una herramienta que les sirviera para reinsertarse en la sociedad o crear algo propio, además de sumarle un valor a las prendas de la colección a partir de las distintas piezas que las mujeres fueran confeccionando en los talleres.

“Generamos un par de prendas que se incluyeron en la colección de Unéz”, acotó.

Para realizar las prendas recurrió a Elizabeth, la tallerista con la que siempre ha trabajado a lo largo del estudio de la carrera de diseñadora. “Hice la parte específica de los bordados y la confección con ella y yo me encargué más que nada del diseño, de ensamblar algunas piezas de patchwork y de agregar los bordados”, relató.

El resultado final fue una colección fundamentalmente de camperas, quimonos y alguna jumper con la que aprobó el proyecto, con lo cual solo le faltan un par de exámenes para conseguir su título en la ORT.

Camila se terminó conectando tanto con el concepto y se sintió tan representada por el proyecto que decidió seguir con Unéz como si fuera una marca. “Incluso tuve buena respuesta de las personas que fueron pasando por este proceso y que fueron viendo los resultados”, apuntó.

Fomentar el valor manual y resaltar las etapas y personas por las que pasa una prenda hasta llegar al consumidor final son los objetivos que se fijó y alcanzó, a los que además les incorporó un enfoque social.

“Me parece que el diseño de modas, en realidad, es una herramienta enorme con la que podemos hacer un cambio, hacer una diferencia, que no es solo algo banal. Yo siento que la carrera o el oficio que uno elige siempre dependerán del enfoque que le dé, por eso mismo decidí seguir un poco con este emprendimiento para poder trabajarlo desde ahí”, concluyó.

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Una campera intervenida por varios influencers

“La prenda no termina solamente en el punto en que está confeccionada y pronta, sino que tiene todo un ciclo que es circular y que sigue”. Camila quiso que esta idea quedara plasmada también en su tesis y para ello se le ocurrió realizar una acción comunicacional en base a una prenda de la colección, concretamente una campera a la que llamó Origen.

La idea fue elegir a varios influencers para que, uno a la vez, use la prenda, comunique que hay detrás de su confección, la intervenga con algo personal (un mensaje, un símbolo) y luego de unos 10 días la pase. “La prenda va quedando cada vez más cargada de memoria, de historias de diferentes personas, y eso se va comunicando a sus seguidores”, explicó la diseñadora sobre la acción que dio en llamar Memoria Textil y que comenzó con la influencer Roma Hernández a fines de abril.

Unéz
La campera Origen que están usando e interviniendo distintos influencers.

Recuperar el contenido emotivo de las prendas

Camila Zerbino quiere que la acción Memoria Textil se extienda hasta que la campera Origen ya no tenga más espacio de intervención. “El objetivo principal es revincular al consumidor con todos los procesos que hay detrás de las prendas y lograr que se vuelva a conectar realmente con lo que usa”, destacó la diseñadora.

Su deseo es poder recuperar lo que pasaba antes, cuando las prendas llegaban a provocar determinadas emociones en sus dueños, cosa que considera que ya no ocurre tanto. “Como que consumimos para desechar más que nada”, se lamentó.

Le gustaría que las prendas y las técnicas artesanales pudieran permanecer en el tiempo y que no se perdieran en una industria que está muy automatizada.

Todo esto puede ser seguido a través de Instagram, en la cuenta creada especialmente para Unéz por Camila, además de por las cuentas de los influencers que participan de la campaña.

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