Los detalles del estudio uruguayo que detectó una “isla de calor” en el centro de datos de Antel

Gabriel Farías y Miguel Ángel Dobrich, dos de los investigadores, detallaron cómo fue el proceso de estudio y qué aporta este dato a la discusión sobre centros de datos.

La isla de calor observada desde imágenes satelitales en el centro de datos de Antel en Pando
La isla de calor observada desde imágenes satelitales en el centro de datos de Antel en Pando
Foto: Amenaza Roboto

Una investigación uruguaya publicada en el marco del programa AI Accountability Network del Pulitzer Center reveló que el edificio donde está ubicado el centro de datos de Antel, en Pando, “genera su propia isla de calor: una zona que permanece más caliente que todo lo que la rodea”.

El estudio fue publicado días atrás por Gabriel Farías, Miguel Ángel Dobrich y Luis Orlando en la plataforma de periodismo tecnológico y científico Amenaza Roboto.

“Amenaza Roboto es un medio que cubre tecnología y ciencia. Por lo tanto, nos interesa pensar sobre problemas de gobernanza tecnológica, de infraestructura digital y de impacto ambiental. Nuestro trabajo ha sido reconocido por organizaciones como las National Academies of Science, Engineering, and Medicine de Estados Unidos, Schmidt Sciences, el Banco Mundial y el BID. Tanto Gabriel como yo hemos estudiado —y continuamos estudiando— sobre estos temas”, explicó Miguel Ángel Dobrich en diálogo con El País.

Específicamente, Dobrich apuntó que llegaron a este tema específico investigando sobre centros de datos: entrevistando, dialogando con expertos locales e internacionales, visitando el centro de datos de Antel, leyendo artículos académicos, y poniendo a prueba hipótesis.

Recorrida por el edificio del nuevo Data Center de Antel. Foto: Ariel Colmegna.
Data Center de Antel
Foto: Archivo El País

Por su parte, Gabriel Farías remarcó que la discusión sobre los centros de datos “se concentra sobre todo en el consumo de agua y de energía eléctrica”. “En un momento nos hicimos una pregunta bastante básica: si un datacenter consume electricidad, y esa electricidad inevitablemente se transforma en calor, ¿ese calor adónde va?”, agregó.

Para encontrar una respuesta a esa pregunta, el equipo utilizó imágenes satelitales de Landsat, operado por la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos, para comparar los último 25 años de registros térmicos en la localidad donde está el centro de datos.

Una “isla de calor” en Pando

En la investigación, titulada “El calor detrás de la nube”, Farías, Dobrich y Orlando detallan que los miles de servidores que se alojan en el centro de datos convierten electricidad en calor “y esa huella térmica es detectable desde un satélite que orbita a más de 700 kilómetros de la Tierra”.

A través de un modelo que contempla todas las variables de temperatura de un terreno —vegetación, tipo de suelo, pavimentación o la época del año– los investigadores compararon las imágenes del mismo terreno en dos períodos: antes de la existencia del centro de datos (2000 a 2013) y después de que este comenzó a operar (2017 a 2025). En tanto, excluyeron los años de construcción del edificio para no distorsionar los resultados.

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La investigación, según explicaron Farías y Dobrich, duró unos seis meses. En la primera etapa del estudio, los investigadores realizaron las entrevistas a los especialistas y visitaron el centro de datos de Antel en donde, aseguran, fueron siempre recibidos “de excelente manera y con apertura para responder” todas las dudas técnicas.

“Los últimos dos meses fueron de trabajo intensivo de análisis: codear, iterar, discutir entre nosotros y refinar el modelo de medición hasta llegar a la versión final, que separa con claridad el efecto atribuible al datacenter del ruido de fondo climático”, remarcó Farías.

Lo que arrojaron los 25 años de imágenes satelitales

Las imágenes Landsat, según confirmaron a El País los investigadores, son datos públicos y gratuitos. Las publican el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y la NASA, y cualquier persona puede acceder a ellas. El desafío, apuntaron, no estuvo en acceder sino en procesar dicha información.

Según el estudio, a partir de que el centro de datos de la empresa estatal comenzó a operar, “la temperatura del lugar subió 2,1°C respecto a sus alrededores”. Del total atribuible al centro de datos –1,9°C–, el 17% –0,32°– corresponde a la operación activa de los servidores y su refrigeración.

Luis Orlando, doctor en Biología experto en islas de calor y asesor científico de la investigación, resaltó que, más allá de los números, el dato más trascendente que arroja el estudio es que se detecta un aumento de calor en las inmediaciones del centro de datos. “Logramos confirmar que una parte está asociada a los cambios en el paisaje. Pero hay otra parte que solo se explica por la operativa. Esta medida captura eso: la señal inequívoca de un emisor de calor”.

Proyecto de centro de datos de Google

Los investigadores señalan en su trabajo que el centro de datos analizado cuenta con una capacidad máxima de 12 megavatios y “no funcionó a pleno” durante el período analizado.

En tanto, a solo 11 km de distancia, Google avanza en la construcción del Proyecto Teros en la Ciudad de la Costa, un centro de datos de hiperescala. “A plena capacidad, consumirá 560 gigavatios-hora al año”, el equivalente al consumo eléctrico de unos 200.000 hogares, según el Estudio de Impacto Ambiental evaluado por el Ministerio de Ambiente.

El estudio del equipo de Amenaza Roboto señala que “ninguno de los estudios presentados por Google contempla el efecto de isla de calor”, dado que ninguna normativa dentro de la legislación uruguaya lo exige.

Un data center de Google.
Un data center de Google.
Foto: Google.

La replicabilidad del estudio

Aunque no hay estudios que midan las consecuencias sanitarias del calor emitido por los centros de datos, sí los hay sobre el vínculo entre el calor y la salud, remarca la investigación.

El estudio apunta que el centro de datos Google usará la misma tecnología de enfriamiento que usa el de Antel, “pero para cinco veces más capacidad, en un predio de características distintas y en una zona más poblada”. Con esto sobre la mesa, “lo que queda por medir es la magnitud, y ahora existe un antecedente para hacerlo”.

“Desde Amenaza Roboto concebimos el periodismo como infraestructura cívica; vamos más allá de la investigación: trabajamos con datos abiertos y compartimos metodologías, como pueden ver en nuestra web. Eso permite la replicabilidad: que colegas puedan llevar nuestras investigaciones más lejos o que pares puedan controlar el resultado de nuestro trabajo”, afirmó Dobrich.

Consultados sobre las repercusiones de esta investigación, Farías aseguró que del sector empresarial y del gobierno no han recibido, hasta el momento, pronunciamientos formales. “Entendemos que un trabajo como este necesita tiempo para ser leído, discutido y eventualmente replicado; no esperábamos una respuesta inmediata. Lo que sí podemos decir es que la investigación está abierta al escrutinio público: publicamos los datos, el código y la metodología precisamente para que cualquier actor —estatal, privado o académico— pueda examinarla, cuestionarla o extenderla”, sentenció.

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