Uruguayos en el mapa tecnológico mundial: ingenieros y expertos que destacan tanto dentro como fuera del país

Lejos de los grandes polos tradicionales de innovación, el país ha logrado consolidar una comunidad de ingenieros y expertos cuyo nivel técnico y capacidad de desarrollo se equipara al de sus pares en las naciones más avanzadas. No se trata únicamente de formación académica, sino de inserción activa en redes internacionales, participación en congresos y colaboración en proyectos que cruzan fronteras.

IEEE PRINCIPAL.jpg
La organización internacional que regula el Wifi y la Ethernet elevó a 7 uruguayos a la categoría de Senior Member.

En el lenguaje silencioso de la tecnología, todo comienza con una secuencia elemental: ceros y unos. Ese sistema binario, base del funcionamiento de las computadoras y de la infraestructura digital que sostiene la vida contemporánea, es también el punto de partida de una historia más amplia. Una historia en la que Uruguay, desde su escala, se posiciona con creciente firmeza en el mapa científico y tecnológico global.

Lejos de los grandes polos tradicionales de innovación, el país ha logrado consolidar una comunidad de ingenieros y expertos cuyo nivel técnico y capacidad de desarrollo se equipara al de sus pares en las naciones más avanzadas. No se trata únicamente de formación académica, sino de inserción activa en redes internacionales, participación en congresos y colaboración en proyectos que cruzan fronteras. En ese entramado global, los profesionales uruguayos no solo aprenden: también aportan, investigan y lideran. Y lo hacen con un estilo bien uruguayo: el de rebuscársela para hallar soluciones a todos los problemas.

Una muestra concreta de este posicionamiento es el reciente reconocimiento otorgado por el IEEE, la mayor organización técnica del mundo dedicada al avance de la tecnología. Con más de 500.000 miembros distribuidos en 160 países, la institución -fundada en 1963- tiene un rol central en el desarrollo de estándares y en la promoción del conocimiento científico. Alcanzar el grado de senior member dentro de esta comunidad no es un hecho menor: apenas el 8% de sus integrantes logra esta distinción.

En ese contexto, que siete profesionales uruguayos hayan sido elevados a esta categoría constituye un hito significativo, para ellos y para el país. El grado de senior member reconoce una trayectoria consolidada, el impacto sostenido en el tiempo y contribuciones relevantes en los campos de la ingeniería, la ciencia y la tecnología. Es, en esencia, un sello de excelencia, compromiso y liderazgo técnico que trasciende fronteras.

Pero el alcance de la IEEE no se limita al reconocimiento entre pares. Aunque su nombre resulte poco familiar para el público general, su influencia está profundamente integrada en la vida de todos nosotros. Es esta organización la que define, por ejemplo, los estándares internacionales que hacen posible el funcionamiento de tecnologías tan habituales como el wifi o las redes Ethernet, pilares invisibles que sostienen desde la conectividad en los hogares hasta la operación de grandes centros de datos.

Como en otros países, en Uruguay estos avances no son abstractos: se traducen en servicios, innovación y oportunidades. Y en hitos fundamentales, como el cambio de la matriz energética (fundamental para un país dependiente del petróleo), que ha tenido un notable avance de las energías renovables.

En un contexto donde la formación interdisciplinaria en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (lo que se conoce a nivel internacional como STEM, por sus siglas en inglés) se vuelve cada vez más relevante, el rol de estos referentes resulta clave para inspirar y guiar a quienes comienzan su camino.

Inteligencia y artificialidad

Como ocurre en todo el mundo, la Inteligencia Artificial permea en muchas cosas en Uruguay. Este gigantesco avance/compromiso/desafío, no es ajeno a los miembros de la sección uruguaya de la IEEE.

A los 22 años, mientras muchos recién comienzan a definir su rumbo profesional, Sebastián Pombo ya trabajaba desde Uruguay para la banca europea en un proyecto de IBM instalado en el LATU. “Arranqué analizando procesos, luego me fui especializando en ciertas áreas dentro de tecnología, pero de ahí no he parado”, recuerda a Domingo.

Hoy, con 39 años, Pombo se mueve en la intersección entre banca, ingeniería de software y transformación tecnológica. Su carrera, enfocada en el mundo Fintech (industria que utiliza tecnología para ofrecer servicios financieros), es también reflejo de una tendencia más amplia: la capacidad de los profesionales uruguayos de insertarse en circuitos globales sin necesidad de emigrar.

Pero su mirada trasciende lo técnico. Desde su rol docente, como profesor de la ORT y la Udelar, Pombo observa con atención los cambios que introduce la Inteligencia Artificial en la formación profesional. “El mensaje siempre es positivo”, sostiene frente a los discursos que anticipan un reemplazo masivo del trabajo humano. Y aclara: “La IA no tiene intenciones, no razona. El humano es el que tiene el criterio”.

Ese cambio también impacta en la educación. “El proceso formativo está quedando un poco huérfano”, advierte, en referencia a la automatización de tareas que antes implicaban aprendizaje. Sin embargo, lejos de ver un límite, identifica una oportunidad: repensar cómo se enseña y cómo se evalúa en un mundo donde las reglas están cambiando.

Incluso en el uso cotidiano de la Inteligencia Artificial, Pombo detecta tensiones culturales. “Existe el tabú, totalmente”, dice sobre el uso de esta tecnología. Pero para él, el debate de fondo no es tecnológico, sino conceptual: “Se está modificando, por ejemplo, el concepto de autoría intelectual. ¿De quién es la autoría? La IA no tiene criterio; quien lo tiene es el humano”, aclara.

Ingenieros y expertos en tecnologia
Sebastián Pombo.
Estefania Leal/Archivo El Pais

El “hambre” de conocimiento

A los 78 años, lejos de cualquier idea de retiro intelectual, Gustavo Giannattasio sigue mirando hacia adelante. “El hambre de conocimiento no termina nunca”, afirma a Domingo, con la misma convicción de quien recién comienza una carrera. Ingeniero en telecomunicaciones, su vínculo con la innovación no es una etapa, sino una constante que hoy también lo encuentra explorando la Inteligencia Artificial.

Su interés por la IA no surgió por moda, sino desde el trabajo dentro de la IEEE. “Hace tres años, en un comité llamado Dirección Futura, surgió una pregunta: ¿qué estamos haciendo en Inteligencia Artificial en IEEE?”, recuerda. De esa inquietud nació una coalición dedicada a generar conocimiento y, sobre todo, a desmontar temores. “Se trata de desmitificar y aprovecharla como lo que es: una herramienta”, explica.

La trayectoria de Giannattasio parece darle la razón. Cuando comenzó su carrera, Internet ni siquiera existía. Sin embargo, fue precisamente en ese contexto donde aprendió a adaptarse. Una beca en Holanda lo acercó tempranamente a los microprocesadores, mucho antes de que fueran parte de los programas académicos. “Eso me mostró que era posible, sin haber tenido una formación formal, poder trabajar con ellos”, señala. Hoy, frente a la Inteligencia Artificial, encuentra un paralelismo claro: “Sin tener una formación académica en IA, es posible usarla como herramienta, cada uno a su nivel”.

Pero su mirada no es ingenua. Advierte sobre la necesidad de mantener el juicio crítico frente a sistemas que pueden equivocarse. “No hay que aceptar de plano todo lo que diga. Hay que poner una objeción”, sostiene, en una idea que se vincula a uno de los grandes debates actuales: el rol humano en un entorno cada vez más automatizado.

A lo largo de su carrera, Giannattasio combinó academia e industria, desde la docencia universitaria hasta la instalación de redes y centros de datos para instituciones clave como el Banco República. Ese recorrido lo llevó también a integrarse activamente en la IEEE, donde encontró un espacio de proyección regional e internacional. “Logré tener amistades, conocimientos, redes dentro de la región”, destaca. Su evolución dentro de la organización incluyó roles de liderazgo en América Latina, en un esquema que, según explica, asegura continuidad y aprendizaje entre generaciones.

Ese vínculo con los más jóvenes es hoy una de sus principales motivaciones. “Aprendemos de ellos muchísimo”, destaca quien asegura -y confirma con su ejemplo- que “las personas pueden seguir aprendiendo toda la vida”.

Ingenieros y expertos en tecnologia
Gustavo Giannattasio.
Estefania Leal/Archivo El Pais

¿Regulación sí o no?

“Si hubiéramos regulado hace dos años, hoy podríamos estar frenando el potencial de la Inteligencia Artificial”. Con esa reflexión, el decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Montevideo, Rafael Sotelo, resume una de las tensiones centrales del presente tecnológico: cómo acompañar el avance vertiginoso de esta poderosa herramienta.

Sotelo es también senior member de la IEEE y cofundador de Quantum-South, una startup enfocada en computación cuántica. Desde ese cruce entre academia, industria y comunidad global, observa los cambios con una mirada equilibrada.

Para él, el desafío no pasa por imponer reglas rígidas desde el inicio, sino por mantener una actitud vigilante. “Hay que estar alerta”, advierte, especialmente en temas como la privacidad, donde la tecnología puede tener “mucho impacto en la vida de cada uno”. En el terreno de los derechos de autor, por ejemplo, entiende que el marco ya existe, aunque requiere nuevas interpretaciones.

Su compromiso con el desarrollo tecnológico también se expresa a través del trabajo voluntario en la IEEE. “Hay otra pasión que es la de dar”, afirma, destacando cómo estas actividades permiten generar oportunidades tanto para otros como para uno mismo. En Uruguay, por ejemplo, subraya el valor de las conferencias técnicas que habilitan a profesionales locales a proyectarse internacionalmente. “Estamos dando oportunidad a muchos uruguayos de publicar”, agrega.

Ese mismo espíritu lo conecta con iniciativas globales. Sotelo participa en la organización de la IEEE Quantum Week, uno de los principales eventos internacionales en computación cuántica. “Nos pasamos casi un año preparándola, con profesionales de muchos lados del mundo”, comenta.

La computación cuántica es, justamente, uno de los campos donde ve mayor potencial a futuro. “Tiene la potencialidad teórica de vencer a la computación tradicional”, dice con seguridad. A diferencia de los sistemas actuales, basados en ceros y unos, esta tecnología podría resolver problemas extremadamente complejos en mucho menos tiempo. “Va a permitir hacer cálculos muy complejos de manera más rápida”, resume, con aplicaciones que van desde la criptografía hasta la creación de nuevos materiales o medicamentos.

Además de su trabajo global, Sotelo también ha impulsado la llegada de conocimiento de frontera al país. Recuerda, por ejemplo, una conferencia sobre radiofrecuencia y salud vinculada al despliegue del Plan Ceibal: “La sala se llenó de gente”, señala, evidenciando el interés y la necesidad de información técnica en debates públicos.

Ingenieros y expertos en tecnologia
Rafael Sotelo.
Estefania Leal/Archivo El Pais

Los cambios y la seguridad

Desde niño, Jorge Fernández Daher tuvo claro su camino. “Yo a los 8 años ya estaba convencido que quería ser ingeniero electrónico”, recuerda a Domingo. Un juego para armar radios fue el punto de partida de una vocación que lo llevaría a graduarse en la Universidad de la República en 1987 y a construir una trayectoria destacada en el sector eléctrico, hasta convertirse en senior member del IEEE.

Su mirada sobre el desarrollo tecnológico es clara: no todos los avances ocurren al mismo ritmo. “En potencia, las cosas se tienen que hacer con mucho más cuidado”, explica. A diferencia de áreas como la informática, en el sector energético los cambios son más lentos, pero firmes. “Lento y seguro, para no embarrarla”, dice y se ríe.

Fernández Daher comenzó a trabajar en UTE en 1980, incluso antes de recibirse, y allí permaneció durante dos décadas. “Fue donde aprendí todo lo que sé hoy y todo lo que me ha permitido vivir dignamente”, afirma. En ese período participó en proyectos vinculados a subestaciones, centrales de generación y sistemas eléctricos de potencia.

Por eso, tiene propiedad para destacar los progresos de Uruguay, donde la matriz energética ha evolucionado notablemente. “Hay días que el país vive 100% de energías renovables”, sostiene, subrayando el impacto de estos cambios incluso en el diseño de equipos: “Un transformador diseñado hace 20 o 30 años hoy te dura dos meses si no se adapta”.

Otro aspecto central de su carrera ha sido la calidad y la seguridad. Participó en el desarrollo de normas técnicas y resalta que en el país existe una fuerte cultura en este sentido. “Cuando un ingeniero diseña, ya tiene que tener incorporado el concepto de seguridad”, acota.

Su vínculo con IEEE también le permitió observar tendencias globales. Y derribar algún mito. En particular, destaca el crecimiento de China en el ámbito tecnológico: “El 40% de los artículos que se enviaban para publicar venían de China”, recuerda sobre su etapa como presidente de la Sociedad de Instrumentación y Medidas. Y agrega: “Hay que aclarar que hoy todo lo que viene de China no es malo, como todavía se sostiene popularmente”.

Ingenieros y expertos en tecnologia
Jorge Fernández Daher.
Estefania Leal/Archivo El Pais

El uruguayo, en todas las canchas

A sus 70 años, el ingeniero electrónico Marcel Keschner no solo acumula una extensa trayectoria empresarial y tecnológica, sino también una profunda huella en la comunidad profesional. Graduado en Drexel University en 1981 fue fundador de la Sección Uruguay del IEEE y hoy senior life member de la organización. Fundó Markel Ingenieros en 1984 y fue CEO de kcode, empresas orientadas a soluciones tecnológicas aplicadas a producción, logística y gestión. Su trabajo lo llevó a diseñar e implementar sistemas para compañías globales como PepsiCo, Nabisco e IBM en distintos continentes.

Pero más allá del recorrido empresarial, su historia en la IEEE está marcada por el compromiso con la educación. Durante años impulsó un programa para promover la enseñanza de ingeniería y matemáticas, que nació en Uruguay y luego se expandió a países como China, India y Sudáfrica.

Es en ese contexto donde surge una anécdota que, según él mismo, resume el sentido de su trabajo. Durante la inauguración de una de estas iniciativas en Hyderabad, India, observó a cientos de jóvenes haciendo fila para participar. “Cuando sale el primer grupo, se me acerca una nena, descalza, con ojos enormes”, recuerda. La niña lo miró y le dijo simplemente: “Gracias”.

Keschner transformó ese momento en una respuesta a quienes le preguntaban qué le había dado la IEEE: “Eso es lo que yo saqué de todas esas horas que metí”. Años después, dimensiona el impacto: más de dos millones de niños pasaron por ese programa y, estima, “quizás decenas de miles de ellos han elegido a la ingeniería como su modo de vida”.

Su experiencia internacional también le permitió comparar realidades. Para Keschner, el profesional uruguayo tiene fortalezas claras: “Es muy bueno” y posee “una capacidad holística muy importante”. Aunque reconoce que en otros países existe mayor especialización, destaca una ventaja local: la capacidad de adaptarse y liderar en contextos diversos.

Esa versatilidad fue clave en su propia carrera. “He trabajado en Alemania y en Estados Unidos”, señala, y recuerda haber liderado equipos de expertos que tenían más preparación que él: “Me habían elegido justamente por poder jugar en todas las canchas”, dice en referencia a una característica que destaca a muchos uruguayos.

Ingenieros y expertos en tecnologia
Marcel Keschner.
Estefania Leal/Archivo El Pais

Tecnología y sociedad

A sus 37 años, Juan Gutiérrez Zorrilla es ingeniero en telecomunicaciones, con una trayectoria que abarca desde la investigación en salud digital hasta la inteligencia artificial aplicada y el desarrollo de negocios. Hoy preside la Sección Uruguay de la IEEE y es uno de sus senior member a nivel global.

Su vínculo con la organización no siguió el camino más habitual. “Yo me hice miembro siendo profesional y no estudiante”, cuenta a Domingo. A diferencia de muchos colegas que se acercan desde la universidad, su ingreso llegó a través de un compañero de trabajo que le mostró el potencial de los grupos de afinidad, especialmente el de jóvenes profesionales.

Ese primer contacto conectó con una inquietud más profunda: “¿Qué impacto puedo generar yo con profesionales jóvenes que se aproximen a la tecnología?” Para Gutiérrez, la respuesta está en combinar conocimiento técnico con compromiso social, una línea que atraviesa toda su carrera.

De hecho, su vocación no siempre estuvo definida. “Yo casi estudié música en vez de ingeniería”, recuerda, reconociendo un perfil creativo que luego integró a su desarrollo profesional. Fue recién en el mundo laboral cuando consolidó su elección: “Hasta que no empecé a trabajar, no me di cuenta realmente de que me gustaba”.

“Creo que con IEEE yo puedo vincular las dos cosas”, afirma, en referencia a su interés por proyectos con impacto social. En particular, destaca las iniciativas humanitarias que utilizan la tecnología para responder a desafíos concretos, como desastres naturales.

En su rol actual, Gutiérrez busca transformar la percepción local de la organización. “Quiero que IEEE en Uruguay se conozca por las personas, por las actividades y el impacto que generan”, sostiene.

Los resultados comienzan a verse. “En 2024 cuadruplicamos el número de estudiantes en Uruguay”, destaca, marcando un crecimiento que no se registraba desde 2007. Para él, la clave está en acercar la organización: desde mentorías abiertas hasta actividades que permiten “probar si eso hace sentido a uno”. Más allá de lo institucional, hay un aspecto que valora especialmente: la red global. “Gracias a los eventos internacionales, puedo decir que tengo contactos de ingenieros en cualquier país de Latinoamérica”, asegura.

Desde el lenguaje binario que estructura el mundo digital hasta los foros internacionales donde se definen sus futuros avances, Uruguay tiene un lugar. La comunidad profesional local ha demostrado que la innovación no es cuestión de tamaño, sino de visión, capacidad y ganas de jugar en las grandes ligas.

Ingenieros y expertos en tecnologia
Juan Gutiérrez Zorrilla.
Estefania Leal/Archivo El Pais

De un nombre “eléctrico” a un abanico global

El Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) nació en 1963 con una identidad fuertemente ligada a la ingeniería eléctrica y electrónica (la Sección Uruguay fue establecida formalmente en 1989). Pero en la actualidad se ha consolidado como un paraguas global que abarca desde computación y telecomunicaciones hasta inteligencia artificial, ciencia de datos, energía, salud digital, educación, robótica y ciberseguridad.

La organización se define como la mayor asociación profesional técnica del mundo, que en 2025 superó los 500.000 miembros a nivel global. Esta magnitud no es solo simbólica: refleja la existencia de una infraestructura internacional dedicada a producir, validar y difundir conocimiento, conectando de manera sistemática a la industria, la academia y las nuevas generaciones de profesionales.

El impacto de IEEE se explica a través de cuatro grandes motores. En primer lugar, sus más de 2.000 congresos y eventos anuales conforman un circuito global donde se presentan avances, se discuten tendencias y se fortalecen redes técnicas. En segundo lugar, su ecosistema de publicaciones -revistas, journals y proceedings- constituye una de las principales fuentes de investigación aplicada en ingeniería y tecnología.

Un tercer pilar es IEEE Xplore, su biblioteca digital, que en noviembre de 2025 superó los 7 millones de documentos.

Finalmente, su rol en la creación de estándares es decisivo: con más de 1.200 activos, define las bases de tecnologías cotidianas como wifi, Ethernet y el sistema de coma flotante (una forma de notación científica usada en las computadoras). Por esto, la IEEE no solo acompaña la evolución tecnológica: en muchos casos, establece las reglas que hacen posible su funcionamiento.

IEEE ESTUDAINTES EN COLOMBIA.jpg
Estudiantes uruguayos en un congreso de la IEEE en Colombia.

Uruguay sede de conferencia internacional

Uruguay será sede este año de una nueva edición de URUCON, el congreso científico-tecnológico impulsado por IEEE que tendrá lugar del 16 al 18 de noviembre de 2026. El encuentro, que se desarrollará a lo largo de tres jornadas en Montevideo, busca consolidarse como una referencia en el ámbito STEM (acrónimo en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) a nivel regional e internacional, reuniendo a investigadores, profesionales, estudiantes y representantes de la industria.

El congreso apunta a fortalecer el vínculo entre academia y sector productivo, promoviendo la difusión de avances científicos y soluciones tecnológicas en múltiples áreas de la ingeniería. URUCON se presenta así como una plataforma de intercambio de conocimiento, donde convergen distintas miradas y niveles de especialización.

Entre las sedes posibles se destaca el Auditorio de la Torre de ANTEL, un espacio reconocido por su infraestructura y capacidad para albergar eventos de gran escala. Más allá de su dimensión académica, URUCON 2026 también representa una oportunidad estratégica para Uruguay. La continuidad de este tipo de congresos contribuye a proyectar al país como generador de conocimiento, capaz de producir, debatir y compartir innovación.

En ese sentido, el congreso no solo visibiliza el talento local, sino que refuerza el posicionamiento de Uruguay como actor activo en la escena científica global.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premiuminternettecnología

Te puede interesar