Un estudio de semillas arqueológicas permitió reconstruir la evolución del vino en Europa durante los últimos 4.000 años, revelando prácticas de cultivo y redes de intercambio desde la Edad del Bronce.
El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, analizó la variación genómica de 54 semillas de uva halladas en distintos yacimientos, incluidas muestras de Francia y de la isla Ibiza. La investigación contó con participación de científicos españoles y se basa en técnicas avanzadas de ADN antiguo, que en las últimas décadas han revolucionado el estudio de la viticultura.
Las semillas estudiadas abarcan un amplio período, desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media. Este rango temporal permitió rastrear la evolución genética de la vid y comprender cómo se expandieron las variedades cultivadas. Los resultados muestran que, ya en época romana, existía un intercambio de semillas a larga distancia, con variedades domesticadas provenientes de la península ibérica, los Balcanes, el Levante y el Cáucaso.
El análisis también identificó una coexistencia entre vides silvestres y domesticadas en muestras de entre 2.800 y 2.400 años de antigüedad. Además, se detectaron variaciones genéticas vinculadas primero al Levante y posteriormente al Cáucaso, lo que sugiere influencias sucesivas en la diversificación de los cultivos.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la identificación de clones genéticamente idénticos en diferentes regiones y períodos. Esto evidencia el uso temprano de la propagación clonal, una técnica que consiste en reproducir plantas a partir de esquejes, lo que permitió mantener características deseadas y facilitar la expansión de variedades a lo largo de cientos de kilómetros.
Según los investigadores, esta práctica ya estaba extendida a mediados de la Edad del Hierro, entre los años 625 y 400 antes de Cristo, lo que confirma la existencia de redes de intercambio bien establecidas en la antigüedad. “Nuestros hallazgos ponen de relieve la importancia de la reproducción vegetativa como elemento central de las prácticas vitivinícolas”, señalaron los autores.
El estudio también identificó que una semilla medieval hallada en Valenciennes, en el norte de Francia, resultó ser genéticamente idéntica a la variedad Pinot Noir actual. Este descubrimiento indica que una de las uvas más relevantes en la industria del vino en Europa ha sido cultivada de forma continua durante al menos 600 años.
Con información de Efe
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.