Estudio de investigadores uruguayos advierte sobre los efectos negativos de la restauración de los ecosistemas

La creación de "parches" de ecosistemas —como la plantación de bosques nativos o la regeneración de dunas— corre el riesgo de alterar los delicados equilibrios competitivos y provocar pérdida de biodiversidad.

El sapo corredor (bufo calamita)
El sapo corredor (bufo calamita) es una de las especies más afectadas por los parches de hábitats.
Foto: Wikimedia Commons.

La restauración de hábitats se ha consolidado como la respuesta global frente al avance de la degradación ambiental causada por la actividad humana. Sin embargo, un reciente estudio liderado por investigadores uruguayos del Centro Interdisciplinario en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (Cicada), la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (UdelaR) y el Centro Universitario Regional del Este (CURE) advierte que estas intervenciones, lejos de ser una solución mágica, pueden actuar como un arma de doble filo.

La creación de "parches" de ecosistemas —como la plantación de bosques nativos o la regeneración de dunas— corre el riesgo de alterar los delicados equilibrios competitivos y provocar, de forma inesperada, una pérdida de biodiversidad aún mayor.

Felipe Maresca, investigador del CICADA y docente de la Facultad de Ciencias, explicó a El País que aproximadamente el 20% de las intervenciones de restauración a nivel mundial no logran los resultados esperados. El problema reside en la incapacidad humana para replicar con exactitud los mecanismos naturales.

Al generar ambientes artificiales que no son copias perfectas del original, se producen sutiles desbalances en la "capacidad competitiva" de las especies. Esto permite que aquellas más aptas para aprovechar los recursos del nuevo hábitat terminen desplazando y excluyendo a las más vulnerables, un efecto que puede extenderse a todo el paisaje.

Modelos matemáticos para entender la extinción

El trabajo se inscribe en la ecología teórica y utiliza modelos de metapoblaciones para simular escenarios que serían imposibles de manipular en el campo. A través de ecuaciones matemáticas, el equipo analizó cómo dos especies que compiten por el mismo nicho ecológico reaccionan ante la introducción de hábitats restaurados. Los resultados demuestran que pequeñas variaciones, como una mínima diferencia en la composición del suelo, pueden romper la coexistencia histórica de las especies. "No podemos copiar a la perfección aquello que no entendemos del todo bien", advierte el informe, subrayando que el margen de error humano es un factor determinante en el éxito o fracaso de estos proyectos.

A pesar de las advertencias, la investigación también identifica una oportunidad estratégica. Si bien una restauración subóptima puede agravar la pérdida de biodiversidad, el conocimiento de estos mecanismos permite orientar las intervenciones de manera deliberada. Según Maresca, este "desbalance" competitivo puede ser utilizado a favor de la conservación: diseñando hábitats que beneficien específicamente a las especies nativas o amenazadas, mientras se dificulta la persistencia de especies invasoras o plagas. Este enfoque busca transformar la herramienta de restauración en una técnica de precisión para la gestión de ecosistemas críticos.

En ese sentido, señaló que "la restauración de hábitats es una herramienta cada vez más utilizada a nivel global para mitigar los impactos de la actividad humana sobre la biodiversidad", y que en términos generales suele ser efectiva. Sin embargo, advirtió que aproximadamente un 20% de estas intervenciones no logra los resultados esperados. El objetivo del estudio, explicó, "es aportar a la comprensión de esos casos".

Ecuaciones matemáticas
Ecuaciones matemáticas que describen cómo las poblaciones de dos especies que compiten por el mismo hábitat cambian a lo largo del tiempo.
Foto cedida a El País.

Hábitats artificiales

Uno de los problemas radica en que los hábitats creados artificialmente, aunque similares a los naturales, presentan diferencias —a veces imperceptibles— que pueden incidir en el desempeño de las especies. Por ejemplo, variaciones en la composición del suelo pueden favorecer el crecimiento de ciertas plantas por encima de otras, modificando su capacidad competitiva. Si ese desbalance es lo suficientemente grande, puede romper el equilibrio ecológico y provocar la exclusión de algunas especies.

El investigador aclaró que el equipo no analizó casos concretos en Uruguay, aunque reconoció que existen experiencias locales de restauración, como plantaciones y procesos de regeneración de dunas y bosques nativos. En ese marco, enfatizó que su aporte es "desde la ciencia básica, orientado a comprender los mecanismos generales que sostienen la biodiversidad", mientras que la aplicación práctica corresponde a otros especialistas en gestión de ecosistemas.

A partir de los resultados, el estudio también plantea una posible línea de acción: aprovechar ese mismo desbalance en la competencia entre especies para orientar las intervenciones. Es decir, "diseñar los hábitats restaurados de manera que favorezcan a especies prioritarias o más vulnerables, y que, al mismo tiempo, perjudiquen a aquellas que se busca controlar, como las especies invasoras", comentó Maresca.

Finalmente, Maresca destacó que "los modelos teóricos permiten aislar y analizar por separado los distintos factores que intervienen en los ecosistemas, algo difícil de lograr en la naturaleza, donde múltiples fuerzas actúan simultáneamente". “Es como cuando salta la llave de la luz y uno va probando los aparatos por separado para identificar cuál genera el problema”, ejemplificó.

Eutrofizacion de la Laguna Garzon
Vista aérea de Laguna Garzón.
Foto: Ricardo Figueredo/Archivo El País.

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