El "super El Niño" podría generar una "cadena de impactos" en Sudamérica, advierte científico

Un climatólogo a cargo de la preparación para el fenómeno indica que habrá crecidas de ríos, sequías y tormentas de gran violencia en la región, entre octubre y principios de 2027.

El Niño: Imágenes satelitales que muestran la diferencia entre la temperatura promedio de la superficie del mar en el ecuador del océano Pacífico tropical.
El Niño: Imágenes satelitales que muestran la diferencia entre la temperatura promedio de la superficie del mar en el ecuador del océano Pacífico tropical.
Foto: NOAA.

Un pronunciado calentamiento de las aguas del océano Pacífico amenaza con generar una grave "cadena de impactos" ambientales, sociales y económicos en América del Sur. El fenómeno, conocido como "super El Niño", alcanzará su pico de intensidad entre octubre y diciembre de 2026 y extenderá sus efectos durante los primeros meses de 2027.

Las proyecciones de las agencias meteorológicas globales señalan un 81 % de probabilidades de que alcance la categoría de evento "muy fuerte". Esta condición alterará de manera drástica los patrones de precipitaciones y temperaturas en toda la región sudamericana, impulsando inundaciones en la franja sur y profundas sequías en el norte del continente.

Riesgos climáticos y desbordes en el sur de la región

El patrón clásico del fenómeno se manifestará con fuerza en el sur de Sudamérica. Para los países de esta región, entre los que se incluyen el sur de Brasil, Uruguay y zonas de Argentina, el principal factor de riesgo proviene del incremento sostenido de las precipitaciones. Esta situación aumenta de forma drástica la probabilidad de registrar episodios de lluvias intensas y persistentes, crecidas en cauces de agua, inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra en zonas de pendiente o con infraestructuras vulnerables.

La combinación de una atmósfera global más caliente —capaz de retener mayor volumen de vapor de agua— con la dinámica de este evento favorece el desarrollo de tormentas de extrema violencia. "El Niño de 2026 está ocurriendo en un planeta mucho más cálido que el de los grandes eventos de varias décadas atrás", advirtió el climatólogo Lincoln Alves, coordinador del Departamento de Políticas para la Adaptación y Resiliencia al Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente de Brasil. Según el especialista, las altas temperaturas globales agravan de manera directa la fuerza con la que actúan estos fenómenos regionales.

Tormenta sobre Montevideo
Fuerte tormenta sobre Montevideo.
Foto: Ignacio Sánchez.

Sequías prolongadas e incendios en la cuenca amazónica y el norte

El impacto en la porción norteña y central del continente exhibirá el escenario opuesto. En regiones como la cuenca amazónica y el noreste sudamericano, las proyecciones confirman un severo déficit de precipitaciones acompañado de marcadas ondas de calor. Esta divergencia climática provocará la reducción del caudal de los principales ríos de la región, complicando el suministro urbano de agua potable, la generación de energía hidroeléctrica y la navegación comercial.

Asimismo, la falta prolongada de humedad incrementará las condiciones propicias para la propagación de incendios forestales, con efectos colaterales directos en la calidad del aire y la salud pública de poblaciones ubicadas incluso a cientos de kilómetros de los focos de fuego.

Incendios forestales en Amazonas
Incendio forestal en Amazonas.
NACHO DOCE/REUTERS

A su vez, el sector productivo sufrirá impactos considerables: mientras que en el norte el estrés hídrico perjudicará los cultivos de subsistencia y el estado de las pasturas para la ganadería, en la zona sur la humedad excesiva elevará el riesgo de proliferación de enfermedades fúngicas en las plantaciones agrícolas.

La necesidad urgente de una preparación operativa regional

Frente a la inminencia del pico térmico del océano Pacífico, el climatólogo Alves asegura que no existe tiempo material para implementar grandes obras de infraestructura antes del inicio del período crítico. No obstante, remarca que los gobiernos locales y nacionales disponen de un margen vital para ejecutar medidas de prevención operativa. Entre las acciones prioritarias se encuentra la revisión de los planes de contingencia, verificar los sistemas de drenaje y bombeo, inspeccionar las laderas urbanas, limpiar canales, actualizar las rutas de evacuación y los refugios, y evaluar los embalses.

Alves enfatizó que este fenómeno climático no debe ser interpretado como un hecho aislado, sino como una llamada de atención sobre la urgencia de estructurar políticas de resiliencia de largo plazo. "Un El Niño muy fuerte no es un problema exclusivamente meteorológico ni agrícola. Puede generar una cadena de impactos sociales, económicos, ambientales y de salud", remarcó el científico, al señalar que la preparación adecuada resulta determinante para amortiguar los daños en los asentamientos urbanos y en las cadenas productivas sudamericanas.

Con información de O Globo/GDA

Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.

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