Un equipo internacional de geofísicos descubrió seis estructuras geológicas hasta ahora desconocidas ubicadas a casi 2.900 kilómetros de profundidad, en el límite exacto donde el manto rocoso de la Tierra se encuentra con el núcleo externo líquido.
El hallazgo, según informa El Tiempo, se logró mediante el análisis de más de dos millones de registros sísmicos acumulados durante tres décadas, procesados con algoritmos de inteligencia artificial.
El estudio original fue publicado en la revista científica Journal of Geophysical Research: Solid Earth y representa, según los propios investigadores, un avance decisivo para comprender la dinámica interna del planeta.
Este trabajo modifica la forma en que la ciencia entiende la convección térmica del interior terrestre y la evolución de placas tectónicas que desaparecieron hace millones de años, absorbidas por el manto en un proceso conocido como subducción.
Cómo la inteligencia artificial analizó más de tres décadas de terremotos
Explorar el interior de la Tierra a esa profundidad es técnicamente imposible mediante excavación directa, según señalan los expertos. Por eso, recurren al estudio de las ondas sísmicas generadas por terremotos de gran magnitud, que viajan a través del planeta y rebotan al chocar con estructuras de distinta densidad rocosa.
Para esta investigación, el equipo procesó más de dos millones de ondas precursoras del tipo PKP, registradas entre 1990 y 2024, provenientes de sismos con magnitud superior a 6,0. El volumen de información fue clave para detectar patrones que antes resultaban imperceptibles con métodos tradicionales.
Entre los puntos centrales del avance tecnológico se destacan tres aspectos. El mapeo con deep learning permitió identificar dispersiones débiles de señales sísmicas que anteriormente se confundían con ruido de fondo. Además, el algoritmo corrigió los sesgos generados por la desigual distribución de estaciones de monitoreo sísmico en distintas regiones del mundo.
Como resultado, se alcanzó una resolución sin precedentes: zonas que en los mapas geofísicos tradicionales aparecían como puntos aislados se revelaron como amplios cinturones de material heterogéneo.
Por qué el límite entre el manto y el núcleo es clave para la geofísica
La frontera entre el manto y el núcleo terrestre, ubicada a casi 2.900 kilómetros de profundidad, es una de las regiones más determinantes para el funcionamiento del planeta. Allí se produce el intercambio de calor que impulsa la convección del manto, el motor detrás del movimiento de los continentes.
Esa misma zona también está vinculada con el dinamo interno que sostiene el campo magnético terrestre, esencial para proteger la vida en la superficie de la radiación solar.
Comprender con mayor precisión qué ocurre en ese límite permite a los científicos avanzar en modelos más exactos sobre la evolución geológica del planeta a lo largo de millones de años, incluido el destino final de placas tectónicas hoy desaparecidas.
El equipo de investigación planea aplicar modelos de simulación tridimensional para determinar con mayor precisión la temperatura exacta, el volumen total y la densidad de las seis estructuras recién identificadas. Ese trabajo permitirá confirmar si se trata de restos de material subducido, acumulaciones de origen distinto o formaciones vinculadas a procesos aún no descritos por la geofísica moderna.
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.