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Patricia y su hija María Sara son las responsables de un emprendimiento textil que ofrece desde chales artesanales y exclusivos hasta simpáticos pesebres que conquistaron hasta a Beatriz Argimón.
"Ya tenemos 15 prendas, vamos a formar una empresa”, le dijo un día Patricia Gigena (63 años) a su hija María Sara (37). Ya estaba jubilada de doméstica rural y había comenzado a buscar otras cosas para hacer teniendo en cuenta que también fue modista toda su vida.
“Fui a la Universidad del Adulto Mayor y aprendí bordado a máquina, el bordado de las abuelas, el de la máquina de pedal con el bastidor, que me apasionaba. De hecho hago sábanas y cosas de bebé bordadas porque está volviendo la moda”, cuenta en charla con El País desde su Treinta y Tres natal.
En 2019, gracias a un convenio entre la Intendencia olimareña, la Sociedad de Fomento, INEFOP (Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional), SUL (Secretariado Uruguayo de la Lana) y Sellin, realizó un curso de hilado y fieltro. “Ahí empezó mi pasión por la lana”, confiesa.
Las capacitaciones no se detuvieron y llegó a tomar clases con profesores de Argentina, Chile y Barcelona aprovechando que eran tiempos de pandemia y se había impuesto la modalidad virtual. “Eso nos ayudó muchísimo”, acota.

Patricia habla en plural porque siempre contó con la ayuda de su hija menor, María Sara, que ni bien terminaba el horario de su empleo público se iba corriendo a lo de su madre con muchas ideas para llevar a la práctica.
Y para recibirlas estaban las clientas de siempre de la Patricia modista, que entusiasmadas con sus nuevas creaciones colaboraban con el boca a boca. Hasta que llegó el día de las 15 prendas y fue momento de dar el salto.

“Empezamos a hacer todos los cursos online que nos ofrecía la Intendencia. Yo tenía la impronta de la persona mayor y María Sara de la joven, entonces nos complementábamos”, comenta y aclara que por el momento cada una trabaja en su casa; el sueño del taller constituido no está lejos.
Por supuesto que a todo eso hubo que sumarle el trabajo en redes sociales, tan necesario hoy en día, y para eso había que elegirle un nombre al emprendimiento. “Le pusimos Lana Mara, lana por la pasión por este material y Mara porque así le decían a mi hija cuando era chica”, explica Patricia.

En constante formación
Patricia y María Sara hacen todos los cursos que les proponen. El próximo será de capelinas, tocados y gorros. Sueñan con instalar su taller.

Sus productos.
“Lo que más nos caracteriza es el trabajo en fieltro. Nuestro caballito de batalla son los chales o mañanitas hechas en seda, en crepe o en gasa de algodón. Donde los ven saben que es Lana Mara”, señala Patricia con orgullo.
La prueba del éxito está en que este año hicieron la feria Moweek de mayo, en el hotel Sofitel Montevideo, y cuando llegó la edición de noviembre, en Kibón, tenían varias clientas que le habían comprado aquella vez buscando comprarle otro chal por lo mucho que habían usado el primero.

“Es una prueba de que el producto sirve y gusta”, apunta la emprendedora y de inmediato aclara que “lo que queremos es mantener lo artesanal, lo individual y lo personal”. Para ello apela a sumar detalles y diseños que hacen única e irrepetible cada prenda, algo en lo que colabora el fieltro, técnica donde la exactitud no es posible.
Con el tiempo han ido sumando otras prendas, como los chalecos que se vendieron muy bien en invierno, las capas y los guantines. Y para estas fechas, fuera de la indumentaria, tienen los pesebres. “Hace dos años que los hacemos y tienen gran aceptación”, cuenta Patricia y su hija apunta “son muy amigables, una ternura”.
Es justamente María Sara la que se anima a seguir soñando. “Mi próximo objetivo es poder asistir a una feria o evento internacional en el exterior”, proyecta y su madre asiente porque sabe por experiencia que todo es posible.

Un chal de apuro y el apoyo de Beatriz Argimón
Muchas de las cosas que hace Lana Mara son por encargo y a veces aparecen pedidos contrarreloj. Patricia cuenta que en la última feria Moweek una chica que se casaba el sábado siguiente vio un chal que le encantó, pero no del color que necesitaba. “Le dijimos: ‘Llegamos a Treinta y Tres, lo hacemos el lunes, el martes lo teñimos y te lo mandamos de noche; así que para la boda vas a tener tu chal’”, recuerda, aunque aclara que no todo se puede hacer con esa rapidez. “Ahora viene una época favorable, pero en invierno se complica para secar el fieltro”, explica.
Otra de las anécdotas le ocurrió en octubre, en un viaje a Buenos Aires para festejar su cumpleaños con amigas. “Fuimos a la Feria de San Telmo y entré a un local artesanal. Me puse a conversar con la encargada. Cuando le mostré fotos de los que hacíamos, enseguida me dijo: ‘¿Cómo hago para tener esto acá?’ ‘Bueno, lo charlamos, viajaré de nuevo’, le contesté”, comenta entre risas.
Destaca que eso es la prueba de que pueden estar en otros lugares. Su hija María Sara agrega como para confirmarlo, que muchas de sus clientas en Uruguay son famosas. Menciona a la vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón, como una de las primeras, y a la esposa del Ministro de Ganadería, Ana Rospide. “Es súper fan de Lana Mara”, asegura.

Punta del Este y Chile entre sus destinos
Se presentan en varias ferias durante el año. “En las de Treinta y Tres somos bastante conocidas”, apunta Patricia.
Este año estuvieron en la Expo Prado invitadas por DINAPYME, de la que destacan especialmente el apoyo. Allí generaron varios contactos y propuestas: llevar un perchero a Manantiales, Gorlero y José Ignacio; presentarse a fines de este mes en la feria de la explanada del Palacio Legislativo y de la Embajada de Chile les compraron un pesebre para enviar al país trasandino.
María Sara destaca el apoyo de PYMES de Treinta y Tres y de la intendencia olimareña, que siempre las mantienen informadas sobre convenios para emprendedores.
