Son el trío más gracioso del Río de la Plata, y después de más de cuatro décadas de humor, sketchs y canciones, Midachi se despide de los escenarios. El 14 de noviembre se presentan en el Antel Arena con Midachi: la despedida. Adelantan que en serio va a ser su último show en Uruguay, aunque proyectos no les faltan: sacaron un libro, tienen un documental y una película en carpeta.
“Nos encanta venir a Montevideo”, dice Miguel Del Sel, quien llegó junto a sus compinches, Dady Brieva y Chino Volpato a Montevideo para una gira de medios. “La gente en Uruguay es increíble; el cariño que nos tienen, y nosotros hacia el Uruguay. Porque la pasamos rebien”. Del Sel estuvo unos días solo en Uruguay, filmando para la segunda temporada de la serie Menem.
“Nos gusta tanto que pensamos venir el viernes e irnos el domingo”, agrega Brieva.
“Para salir a caminar y disfrutar la ciudad, un poquito de shopping, comer rico. Son los gustos que nos damos”, sigue Del Sel, y agrega que sus hijas le pidieron que compre alfajores y yerba.
“Ahora nos vamos a ir sin comer panchito”, le tira Dady a Miguel, que agarra el comentario en el aire y le retruca: “No me comí ningún panchito”, y los tres empiezan a reír.
El trío vuelve a Uruguay luego de siete años, aunque se han presentado por separado: Dady con su unipersonal, y Miguel y Chino con otro espectáculo.
Sobre la despedida, su humor, el reencontrarse en el escenario y su gran humildad, es esta charla con los Midachi.
—Vienen para despedirse, ¿es definitivo o están como las bandas que anuncian el final y siguen?
Miguel: Sí, sí, se termina en serio.
—Igualmente sacaron un libro que publicaron ustedes y tienen el proyecto de hacer una película.
Miguel: Todo es obra del Chino. El libro, el documental que vamos a hacer, la película que vamos a filmar.
Dady: De todo eso, el culpable es él.
Miguel: El armado del espectáculo también es del Chino. Todo es mérito del Chino. Así que si vamos a quedar en la historia, es gracias al Chino.
Dady: Nosotros subimos a hacer pelotudeces, no nos pidas nada más. Es lo nuestro.
Midachi vuelve a los escenarios uruguayos para despedirse. Se presentarán el 14 de noviembre a las 21.00 en el Antel Arena con Midachi: la despedida, que tiene entradas a través de Tickantel, desde 1.500 a 6.500 pesos, y con varios sectores ya agotados.
—¿Cómo ha sido esta gira de despedida?
Miguel: Empezamos en el Gran Rex hace unos meses, llenamos las cuatro funciones; después fuimos a Santa Fe, también todo agotado. Y después de Montevideo hacemos otras ciudades, y vamos a terminar en Santa Fe, donde empezó todo.
—Son los Midachi, ¿dudaban que iban a llenar todo?
Dady: No, pero es Buenos Aires donde hay mucha oferta.
Miguel: Y volvimos a aparecer después de muchos años. Desde la pandemia que no estábamos juntos. Seguramente a mucha gente le ha provocado interés volver a vernos en esta despedida, porque es una despedida. Y el que nunca nos vio capaz que tiene curiosidad de ir a ver Midachi; el que ya nos vio dirá: vamos que nos vamos a reír. Y bueno, que sigan pensando así.
Dady: Y de última que gasten y vean.
Miguel: Pero uno nunca sabe qué puede pasar. Crees que va a ir bien porque hemos puesto un sello en el humor, pero ya te digo, vas por calle Corrientes y hay carteles, fotos y todos los artistas están haciendo teatro.
—Es lo que pasa cuando no hay ficción en televisión.
Chino: Claro, esa es una consecuencia real de lo que está pasando.
Miguel: Pero bueno, nosotros somos los número uno.
Chino: (risas) Bueno, se terminó la humildad.
Dady: Y la tenemos larga, hasta la pared; eso tiene que estar en el título (risas).
—Han vuelto a Uruguay, pero estuvieron desencontrados en el escenario en este tiempo, ¿cómo fue volver?
Dady: Por las dudas, nosotros nos encontramos, no hemos subido arriba del escenario. Y por el volver, no dudamos: Drácula, La Tota, Mercedes Sosa, las cargadas al Chino y ahora se sumó la vejez, las enfermedades: Miguel que tiene un coso de titanio, a mí me operaron de hemorroides, el Chino tuvo cáncer de próstata. Se van sumando cosas. Mi mujer me pidió que me haga la vasectomía y lo cuento en el monólogo; es tan fácil que con contar lo que nos pasa, alcanza. Eso te da una cosa genuina también.
Miguel: Es difícil que un actor, un galán salga a decir que se operó.
Dady: Tenía media tripa afuera, la colita la llevaba en el sidecar.
Miguel: (Risas) Lo cuenta con tal desparpajo que no podés aguantar. Y es algo que le pasa a todo el mundo; quién no tuvo hemorroides; estamos todos iguales. Hay que contarlo, y a la gente le causa gracia; porque lo contamos con la crueldad, sinceridad y realidad que es. Todo el mundo tiene los mismos problemas, nos reímos de lo mismo. Es encontrar esa veta, y sobre todo saberlo hacer. Y con 43 años de experiencia, se adquirió algo de eso.
Dady: El primer día teníamos un número que se llama: “Qué habrá querido decir”, y después un número de magia. El Chino tiene un saco color fucsia, yo uno turquesa, y tenía que ser con camisa blanca y pantalón negro. Probamos, pero no llegamos con los tiempos, y nos quedamos con el pantalón marrón. Y lo blanqueamos porque quedaba horrible (risas). En un mundo tan careta, y en tiempos tan careta como el que vivimos, el mostrarse tal cual es; y no arrastrar el pie cuando uno se tira un pedo para disimular, decís, ya está, es esto. No es poca cosa.
—Convirtieron eso, el blanquear cualquier error que pase en el escenario, en su sello.
Dady: Sí, lo que para otros es una vergüenza o incomodidad, para nosotros es un penal sin arquero.
Chino: Y no es una cuestión de ensayo, porque no se puede ensayar una improvisación, ni cómo reacciona la gente. La gente es lo último que metés en un guion, y es parte del guion la reacción de la gente; y hay que saber esperarlos, o apurarte; no permitir que te aplaudan todo. Porque el espectáculo tiene que tener un ritmo, más allá de la carcajada que es lo que buscamos, también tenés que darle ritmo.
Miguel: Nosotros somos un esqueleto que sale al escenario, y después lo vamos llenando de músculo, sangre, arterias.
Chino: Ah, qué profundo.
Miguel: En el caso de que no se llene, el esqueleto lo tenés. Y constantemente estamos boludeando y tratando de imaginarnos cosas. También nos reímos y nos hacemos reír, porque nos miramos, y nos tentamos seguido.
Dady: Uno trabaja esperando la respuesta positiva del padre que te mira desde el cielo. O como pasaba para alguna madre que te decía “vení para acá” con voz del malo de El señor de los anillos, eso nos ha pasado a todos. Y cuando lo contás y el público se lo imagina, me encanta.
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